El mercado del petróleo vive uno de los cambios de tendencia más bruscos del año. Después de protagonizar un rally superior al 20% durante julio, impulsado por la escalada militar entre Estados Unidos e Irán y el temor a una interrupción del suministro mundial, el crudo ha revertido gran parte de esas ganancias en apenas dos jornadas.
El Brent cayó hasta US$78,79 por barril, acumulando una baja cercana al 11,4% desde el cierre del viernes y situándose más de 22% por debajo del máximo de US$102 registrado el 23 de julio. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) descendió hasta US$75,06, tras perder 6,57% en la última sesión y acercarse nuevamente a los niveles observados antes de que el conflicto geopolítico dominara la atención de los mercados.
La principal razón detrás de esta corrección responde al cambio en las expectativas sobre Oriente Medio. Durante los últimos días, las declaraciones provenientes desde Washington apuntan a un escenario considerablemente menos agresivo que el descontado por los inversionistas hace apenas una semana. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, confirmó que Estados Unidos mantiene conversaciones con Irán y afirmó que existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo en las próximas horas para normalizar la situación en el Estrecho de Ormuz, principal ruta de salida para cerca del 20% del petróleo comercializado a nivel mundial.
Según explicó el propio Bessent, el objetivo sería restablecer la libertad de navegación y evitar que Teherán pueda imponer cobros o restricciones al tránsito marítimo. Si bien las autoridades iraníes continúan negando la existencia de negociaciones formales con Washington, el mercado reaccionó rápidamente retirando una parte importante del sobreprecio asociado al conflicto que había incorporado durante julio.
A este escenario se sumó un segundo factor igualmente relevante. La OPEP+ confirmó durante el fin de semana un aumento de producción cercano a 188.000 barriles diarios a partir de septiembre, reforzando las expectativas de una oferta más abundante precisamente cuando las tensiones geopolíticas comienzan a moderarse.
La combinación de ambos elementos provocó un cambio significativo en el posicionamiento de los inversionistas. Durante las semanas más intensas del conflicto, el mercado descontó la posibilidad de interrupciones relevantes en el suministro energético mundial, impulsando al Brent desde niveles cercanos a US$70 hasta superar momentáneamente los US$100 por barril. Hoy ocurre el proceso inverso: la expectativa de una solución diplomática y una mayor producción internacional están llevando a los operadores a desmontar rápidamente esas posiciones defensivas.
Sin embargo, resulta prematuro concluir que el riesgo geopolítico desapareció por completo. El conflicto entre Estados Unidos e Irán continúa abierto y las versiones entregadas por ambos gobiernos siguen siendo contradictorias. Mientras Washington habla de negociaciones activas, Teherán insiste en que no existen conversaciones directas en curso. Esa diferencia mantiene un elevado nivel de incertidumbre y explica por qué la volatilidad continúa siendo alta.
La caída del petróleo también contribuye a aliviar parte de las presiones inflacionarias, un elemento que podría otorgar mayor margen a los bancos centrales si la tendencia se mantiene durante los próximos meses. Sin embargo, ese escenario seguirá dependiendo de la evolución del conflicto y del comportamiento de la oferta global.
Desde mi perspectiva, el movimiento observado durante estas jornadas responde principalmente a una rápida eliminación del componente geopolítico incorporado en los precios, más que a un deterioro estructural del mercado petrolero. Si las negociaciones entre Estados Unidos e Irán avanzan y el aumento de producción anunciado por la OPEP+ comienza a materializarse, el Brent podría extender la corrección hacia la zona de US$75-US$76 por barril. No obstante, mientras el conflicto permanezca sin una resolución definitiva, cualquier revés diplomático o una nueva tensión en el Estrecho de Ormuz podría devolver rápidamente los precios hacia la zona de US$85-US$90. Más que el fin del rally, el mercado parece estar ajustando un exceso de riesgo acumulado durante julio en un entorno que continúa siendo altamente volátil.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




