El cierre de los mercados financieros globales estuvo profundamente marcado por un histórico giro macroeconómico y geopolítico, la consolidación del memorando de entendimiento de paz firmado por la administración de Donald Trump y el gobierno de Irán. Este acuerdo establece un cese permanente de las hostilidades y la reapertura inmediata y libre de peaje del estratégico Estrecho de Ormuz, un proceso que, según el mandatario, quedará completamente completado este viernes. La noticia provocó un desplome vertical en los precios internacionales de la energía llevando al crudo Brent y al WTI a cotizar por debajo de los 85 dólares por barril, aliviando de forma drástica la prima inflacionaria que mantenía bajo advertencia de estanflación al FMI. Esta distensión global se dio en paralelo con la llegada de Trump a Ginebra para la cumbre del G7, donde también sostuvo reuniones con Emmanuel Macron, quien ofreció apoyo del ejército francés en Ormuz y conversaciones con Volodymyr Zelenskyy y Vladimir Putin para reenfocar los esfuerzos diplomáticos hacia el conflicto de Ucrania y Rusia. En el ecosistema de las empresas mega caps y corporativos tecnológicos, el apetito comprador inyectó un combustible extraordinario que se tradujo en hitos históricos de capitalización. Por un lado, SpaceX ($SPCX) extendió con agresividad su rally en su segundo día de cotización, registrando ganancias superiores al 16% y consolidando un valor bursátil sin precedentes que rebasa los 2.3 billones de dólares. En paralelo, Alphabet capitalizó el entorno de optimismo al anunciar una masiva inversión de 1,500 millones de dólares destinada a expandir sus campus de centros de datos en Jackson, Alabama, de cara a su infraestructura de Inteligencia Artificial para el bienio 2026-2027. No obstante, los reflectores de la renta fija se los llevó por completo NVIDIA, la firma tecnológica demostró un poder de convocatoria institucional superlativo al atraer una apabullante demanda de inversores por 85,000 millones de dólares para su colocación de bonos jumbo, superando con creces su plan inicial de levantar al menos 20,000 millones mediante deuda de alta calidad crediticia.
Observando los cierres de mercado, ilustraron una jornada de euforia bursátil en Wall Street y un comportamiento mayormente expansivo a nivel global. El índice S&P 500 lideró el repunte de los activos de riesgo al avanzar un 1.78% hasta ubicarse en los 7,563 puntos, junto con un impresionante salto del 2,98% en el Nasdaq 100 y de 1.24% en el Dow Jones. En los mercados de materias primas, la caída del petróleo WTI en un 4.13% contrastó de forma directa con el comportamiento de los metales preciosos; el oro operó con fuerza al alza, escalando un 2.49% hasta fijar un precio de 4,323 dólares por onza. Paralelamente, el dólar global retrocedió, con el Índice DXY replegándose un 0.22% hasta las 99.587 unidades, de la mano de un bono del Tesoro a 10 años que se contrajo un 0.40% rindiendo 4.465%. En Europa, el comportamiento fue mixto pero de sesgo alcista, donde el IBEX 35 de España avanzó un sólido 1.43% y el CAC 40 de Francia ganó un 0.40%, compensando la debilidad del UK 100 británico que cedió un 0.52%. Por su parte, la sesión en Asia-Pacífico culminó con fuertes ganancias, comandada por un histórico rally del 3.50% en el Nikkei 225 japonés y un avance del 1.40% en el China 50.
Desde mi perspectiva, los porcentajes de hoy constituyen un movimiento de alivio sistémico impulsado por la macro-geopolítica, el cual reconfigura de forma drástica el balance de riesgos para el cierre del semestre. El desplome del petróleo le otorga un respiro invaluable a las curvas de inflación global y otorga flexibilidad a los comités de inversión que arrastraban un posicionamiento defensivo. Sin embargo, considero crucial monitorizar el sesgo del mercado para los próximos días por dos grandes factores: en primer lugar, el patrón histórico procesado por las mesas de dinero indica que, tras rachas alcistas previas y correcciones de junio, el mercado tiende a subir en el 90% de las ocasiones cuatro semanas después, lo que convierte cualquier toma de utilidades en una ventana de acumulación estratégica. En segundo lugar, el catalizador determinante de corto plazo ocurrirá este miércoles: la decisión de política monetaria de la Reserva Federal, que marcará el debut de Kevin Warsh en la presidencia de la institución, donde se descuenta estabilidad en el 3.75% y que coincidirá con la inminente subida del Banco de Japón al 1.00%.
Laura Torres, Directora de Inversiones IMB Capital Quants




