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viernes, agosto 14, 2026
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 Fraudes internos: cuando las pequeñas pérdidas se convierten en un gran riesgo

Entre las situaciones más comunes están el aprovechamiento de mermas, el robo de inventarios en pequeña escala y transacciones por debajo de los umbrales de control. Además del impacto económico, Jorge Valencia, Socio de Servicios Forenses y Riesgos de Integridad de EY Perú, explica otras consecuencias del fraude ocupacional y qué es clave en estos casos.

Pequeñas pérdidas repetidas, casi imperceptibles, podrían esconder un gran riesgo interno para las empresas en Perú: el fraude ocupacional. Desde mermas no justificadas hasta movimientos irregulares de inventario, estas prácticas pueden pasar desapercibidas y, con el tiempo, afectar los resultados de las compañías, así como la confianza y cultura organizacional.

Entre las situaciones más comunes que rara vez encienden una alerta inmediata se encuentran el aprovechamiento de mermas, el robo de inventarios en pequeña escala y transacciones irregulares que se mantienen por debajo de los umbrales de materialidad, por lo que la pregunta es qué es lo que falla al interior de las organizaciones para que estos mecanismos —aparentemente menores— puedan sostenerse en el tiempo y pasen desapercibidos.

“Muchas de estas operaciones se aprovechan del enfoque tradicional de control, donde las revisiones priorizan montos elevados, dejando menos visibilidad sobre transacciones pequeñas pero repetitivas. En muchos casos, los controles funcionan bien desde una perspectiva de auditoría; sin embargo, el problema radica en el que el fraude ocupacional es realizado por personas con mucho dominio del proceso, más que cualquier auditor por lo que saben muy bien lo que suele ser revisado y pueden identificar oportunidades de evitar o manipular estos controles”, explica Jorge Valencia, Socio de Servicios Forenses y Riesgos de Integridad de EY Perú.

No anticiparse a ello puede costarle a una empresa latinoamericana, en promedio, US$ 175 mil en pérdidas directas; según un estudio de la Association of Certified Fraud Examiners (ACFE). El impacto financiero es evidente, sin embargo, el fraude ocupacional trasciende las pérdidas directas: debilita la confianza en los controles internos, expone falencias en la cultura ética y puede derivar en una mayor rotación de talento por el daño reputacional asociado, por lo que es necesario contar siempre con modelos de prevención.

“Si bien los modelos de prevención deben adaptarse a cada empresa, una segregación de funciones efectiva, políticas claras sobre gastos, monitoreo continuo mediante Data Analytics y la difusión de canales de reporte como la línea ética pueden ayudar. Sin dejar de lado el uso de la tecnología, que, aunque no elimina el riesgo de fraude, sí reduce significativamente las oportunidades y acelera su detección”, enfatiza Jorge Valencia.

Finalmente, la capacitación de los colaboradores fortalece la prevención y permite evaluar la efectividad de los modelos, que se debe medir no por la ausencia de casos, sino por indicadores como el tiempo de detección, el número de alertas generadas mediante analítica de datos, los reportes recibidos y la reducción de incidentes recurrentes.

“Un modelo maduro no necesariamente significa que no existan casos, sino que la organización los detecta más rápido y limita su impacto. La experiencia demuestra que muchos casos de fraude ocupacional se detectan gracias a alertas internas o denuncias de empleados mediante la línea ética. Ello, sumado a una evaluación formal al menos una vez al año son formas de prevención que suelen reducir significativamente el tiempo de detección del fraude”, puntualiza.