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miércoles, agosto 12, 2026
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El petróleo vuelve a presionar a la Fed antes del dato clave de inflación

El alza del petróleo eleva la presión sobre la Fed antes de conocerse la inflación de julio, mientras las tensiones en el Estrecho de Ormuz mantienen la incertidumbre sobre los precios energéticos y las tasas de interés.

El mercado financiero global sigue enfrentando diferentes retos por presiones inflacionarias persistentes, incertidumbre en torno a la política monetaria y una importante escalada geopolítica en Oriente Medio. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 2007, en una jornada donde Wall Street actuó con cautela reduciendo posiciones bursátiles antes de la publicación del dato clave de inflación del IPC mensual de julio. El índice S&P 500 se lateralizó desde sus recientes máximos, mientras el dólar (DXY) se fortaleció junto al petróleo. Nick Timiraos, del Wall Street Journal, destacó que el foco estará en si la inflación puede retornar al objetivo del 2% sin nuevos incrementos de tasas, al tiempo que los grupos de trabajo vinculados a Warsh en la Reserva Federal construyen un marco para reemplazar el esquema de política monetaria actual. Austan Goolsbee (Fed de Chicago) calificó el mercado laboral de «estable sin ser bueno», afirmando que mientras el consumidor siga sano la economía lo estará, siendo la inflación el mayor problema. A su vez, la gobernadora Venable (Fed de Atlanta) advirtió que la inflación es demasiado alta, que las presiones de precios dependerán en gran medida del conflicto en Oriente Medio y que los objetivos de inflación y empleo enfrentan riesgos matizados.

Desde el ámbito macroeconómico, fiscal y sectorial de Estados Unidos, Goldman Sachs proyecta que el crecimiento del PIB real estadounidense se situará en torno al 2,2% este año, en un contexto donde se prevé que la deuda pública supere el máximo histórico alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial. Según datos de la Fed de Nueva York para el segundo trimestre, la tasa agregada de morosidad mejoró ligeramente al 4,7% y la deuda de los hogares cayó un 0,1% hasta los 18,8 billones de dólares, aunque los saldos en tarjetas de crédito ascendieron en 21.000 millones de dólares hasta los 1,26 billones. En el sector inmobiliario, las ventas reales de viviendas existentes alcanzaron los 4,06 millones de unidades (frente a la previsión de 4,05 millones y los 4,09 millones anteriores), registrando una variación del -1,7% (frente al -1% previsto y el -2,4% anterior). El sentimiento general del mercado refleja este optimismo moderado con un Índice de Miedo y Codicia ubicado en 63/100 (zona de «Codicia»).

El mercado de materias primas reanudó su racha alcista, situando el crudo estadounidense cerca de los $83 por barril tras el estancamiento de las negociaciones de tránsito energético en el Estrecho de Ormuz. Aunque el petróleo había cotizado a la baja luego de que Pakistán indicara que EE. UU. e Irán se acercaban a un acuerdo, la tensión se reavivó cuando el asesor del Líder Supremo iraní, Mokhbar, confirmó en X que el estrecho no se reabrirá hasta que se cumplan las condiciones de Teherán. La escalada militar cobró gravedad al registrarse disparos de fuerzas estadounidenses contra un barco de bandera panameña que intentaba romper el bloqueo a puertos iraníes. Ante esto, Donald Trump aseveró que Estados Unidos controla totalmente el dinero iraní, que no le faltan municiones de misiles para «golpear muy fuerte a Irán» y exigió indemnizaciones a Teherán por muertes y disturbios, en respuesta a las demandas previas de compensación hechas por Irán por presuntas violaciones estadounidenses al acuerdo de paz interino.

Por su parte, el funcionario iraní Rezai (a través de IRIB) demandó que Estados Unidos ponga fin a la guerra y libere los fondos iraníes bloqueados, extendiendo el cese al fuego a toda la región, incluidos Líbano y Gaza, e indicando que han transmitido condiciones mediante intermediarios. Aclaró además que un posible acuerdo marítimo entre Irán y Omán sobre el transporte en Ormuz sería independiente del cierre total del estrecho, aun cuando Teherán y Omán muestran aproximaciones, pero sin garantías de una reapertura inmediata.

En el panorama internacional y regional, en el sector corporativo y bursátil europeo, el índice DAX de Alemania alcanzó un nuevo máximo histórico impulsado por el apetito por activos desarrollados. En Asia, la operativa bursátil se mantuvo condicionada por las dinámicas de abastecimiento energético y los intentos de mediación diplomática regional.

Desde mi punto de vista, el panorama actual refleja un entorno caracterizado por la convergencia de tensiones geopolíticas en nodos energéticos clave y presiones estructurales de deuda y política monetaria en economías desarrolladas. El máximo en los rendimientos del bono a 30 años en Estados Unidos (niveles no vistos desde 2007), sumado a un nivel de deuda pública proyectado a superar los máximos de la Segunda Guerra Mundial y un apalancamiento de consumo en tarjetas de crédito de $1,26 billones, sugiere que el margen de relajación monetaria por parte de la Fed es sumamente acotado. La firmeza del petróleo en torno a los $83 se consolida como el principal riesgo de traspaso a la inflación del IPC (en un contexto donde se aguarda un dato de inflación esperado en 3.4% desde el 3.3% anterior y que marcará los impactos reales del conflicto en la economía), lo que podría descarrilar la convergencia al objetivo del 2%.

Si el Estrecho de Ormuz permanece bajo restricción operacional debido a la falta de un acuerdo integral entre Estados Unidos e Irán, el crudo WTI se mantendrá cotizando holgadamente en el rango de $85 – $95 por barril. Esto mantendrá la inflación obstinada en la segunda mitad del año, forzando a la Reserva Federal a posponer cualquier recorte de tasas, lo que limitará el potencial alcista de las acciones en Wall Street y mantendrá elevada la rentabilidad de la deuda soberana a largo plazo.

Si los incidentes militares con embarcaciones comerciales en los puertos de la región derivan en un enfrentamiento bélico abierto de mayor magnitud, el petróleo superará con rapidez la cota de los $100 por barril. Esto provocaría una corrección brusca en los índices accionarios globales, un flujo masivo hacia activos de refugio (DXY y bonos) y un agravamiento de las crisis fiscales y cambiarias en mercados emergentes expuestos, como es el caso de Colombia tras su choque interno.

De consolidarse un entendimiento funcional para la navegación comercial a través de las gestiones bilaterales con Omán o Pakistán, el crudo experimentaría un reajuste bajista hacia la zona de $70 – $75 por barril. Esta reducción de la presión sobre los precios energéticos permitirá a la Fed validar el retorno gradual de la inflación hacia la meta del 2% o cerca, desbloqueando un rally transversal de fin de año en los activos de renta variable internacional.

Felipe Mendoza, Analista de mercados LATAM – EBC Financial Group