El débil reporte laboral en Estados Unidos incrementó la incertidumbre sobre el ritmo de la actividad económica y reforzó las expectativas de que la Reserva Federal mantendrá una política monetaria restrictiva, en un contexto de alta volatilidad en los mercados globales.
La coyuntura financiera global atraviesa un periodo de marcada volatilidad y reajuste de expectativas, donde la divergencia entre los datos macroeconómicos y las respuestas de política monetaria está definiendo el rumbo de los activos financieros. La reciente publicación de indicadores clave en Estados Unidos, sumada a la retórica cautelosa de los bancos centrales y movimientos estratégicos en el sector corporativo, ha configurado un escenario donde la incertidumbre inflacionaria y las señales de fatiga económica se entrelazan, forzando a los inversores a recalibrar sus posiciones en un mercado que, a pesar de las señales de desaceleración, muestra una resiliencia inusual por parte de los inversores particulares.
En Estados Unidos, el informe de empleo de junio se convirtió en el epicentro de la jornada tras registrar una creación de apenas 57.000 nóminas no agrícolas (NFP), una cifra que quedó notablemente por debajo de los 114.000 puestos esperados y del dato anterior, revisado a la baja de 172.000 a 129.000. A pesar de este enfriamiento en la contratación, la tasa de desempleo sorprendió situándose en un 4,2%, por debajo del 4,3% previsto, mientras que las ganancias medias por hora mostraron un incremento mensual del 0,3% y anual del 3,5%, manteniéndose en línea con lo proyectado. Ante estos datos, los asesores senior de la Casa Blanca, Hassett, insistieron en que el mercado laboral se mantiene sólido y que el crecimiento no tiene por qué ser necesariamente inflacionario. El rendimiento de los bonos estadounidenses a dos años reaccionó cayendo 7 puntos básicos. Por su parte, la Fed de Chicago proyectó una tasa de desempleo en tiempo real para junio cercana al 4,36%, advirtiendo que la tasa de contratación fue la más débil en más de cinco años. Mary Daly de la Fed, enfatizó que la política monetaria sigue siendo ligeramente restrictiva y que, aunque el mercado laboral se ha estabilizado, la inflación inmobiliaria ha estado bajando, si bien advirtió que existe el riesgo de enfrentar una inflación más persistente. Daly subrayó que la fortaleza del consumidor es una señal positiva, pero que la Fed debe ser cautelosa para no frenar la economía prematuramente ni actuar demasiado tarde. Adicionalmente, el sector manufacturero mostró un retroceso, con los pedidos de fábrica cayendo un 1,3% mensual, mientras que los bienes duraderos básicos se revisaron al 1,4% y los bienes duraderos totales al -4,5%. En este contexto, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) de EE. UU. cayó en 5,5 millones de barriles hasta los 326 millones, su nivel más bajo desde mayo de 1983, marcando la decimotercera semana consecutiva de descensos, la racha más larga desde 2021-2023, en un esfuerzo coordinado por reducir costes energéticos.
En el ámbito corporativo y tecnológico, el dinamismo ha sido frenético. Tesla ($TSLA) amplió sus pérdidas con un descenso del 7%. En el sector de inteligencia artificial, Microsoft ha creado una unidad de 6.000 trabajadores para asistir a sus clientes en la implementación de IA, mientras que Anthropic se encuentra en conversaciones con Samsung para el desarrollo de un chip personalizado. En el mercado de criptoactivos, los ETF de bitcoin han encadenado 10 sesiones consecutivas sin entradas netas, acumulando salidas de 2.71 mil millones de dólares desde el 17 de junio. Cabe destacar que el comportamiento de los inversores particulares ha desafiado la tendencia de mercado, el volumen medio diario de compras de acciones en días de caídas del S&P 500 es casi 3,5 veces superior a la media desde 2020, la cifra histórica más alta y un 56% superior a la fiebre de las «acciones meme» de 2021. En lo que va de año, las compras en días de caída han sido 2,3 veces mayores que en los días de subida.
En Europa, la postura de los bancos centrales se mantiene vigilante. Catherine Mann, del Banco de Inglaterra (BoE), afirmó que las señales de trabajo desagregado en ciertos sectores son menos débiles que la tasa de desempleo global y destacó que los precios, márgenes y acuerdos salariales de la energía son métricas clave para sus futuras decisiones, enfatizando que las medidas fiscales serán cruciales para regresar al objetivo de inflación. Christine Lagarde, presidenta del BCE, indicó que la mayoría de los responsables políticos estaban listos para subir tipos en abril, subrayando que el choque de oferta se está extendiendo, aunque los efectos de segunda ronda no se han materializado plenamente. Paralelamente, las principales naciones europeas han aceptado que las tasas en el estrecho de Ormuz son inevitables. En cuanto a Asia, el Banco de Japón podría haber intervenido en el mercado de divisas tras observar una caída en el par USD/JPY después de que alcanzara un máximo de 40 años en 162,5, un movimiento que recuerda a las intervenciones masivas realizadas en abril y mayo por valor de hasta 73.000 millones de dólares para defender el yen.
Desde mi punto de vista, los mercados se encuentran ante un escenario de alta incertidumbre donde la resiliencia del consumo y la persistencia de la inflación impiden a la Reserva Federal relajar su política monetaria. El dato de empleo, aunque débil, no confirma una recesión inmediata, sino una estabilización que prolonga la expectativa de tipos altos. Proyectando hacia el futuro, el mercado seguirá dependiendo de la segunda mitad del año, donde la política fiscal y la capacidad de las empresas para mantener márgenes en medio de costos persistentes dictarán el valor de los activos. Espero una volatilidad sostenida, con inversores particulares actuando como contrapeso comprador, mientras que los bancos centrales se mantendrán cautelosos ante cualquier señal de que la inflación se desancla del objetivo del 2%. El escenario base para los próximos meses es una ralentización económica gradual bajo condiciones financieras restrictivas, lo que aumenta la probabilidad de que los activos de riesgo enfrenten presiones si los datos de la segunda mitad del año muestran un deterioro más profundo de lo previsto.
Felipe Mendoza, Analista de mercados EBC Financial Group




