El repunte del crudo, impulsado por las tensiones entre Estados Unidos e Irán, vuelve a elevar los riesgos para la inflación y las tasas de interés a nivel global.
El petróleo vuelve a colocarse en el centro de las preocupaciones globales. El Brent avanza 1,4% este martes, completa su tercera sesión consecutiva al alza y alcanza máximos de seis semanas, cotizando cerca de US$99 por barril. La barrera de US$100, que hasta hace poco parecía reservada para escenarios de mayor deterioro geopolítico, vuelve a quedar prácticamente al alcance del mercado.
El detonante continúa siendo la escalada entre Estados Unidos e Irán, pero las últimas amenazas de Teherán aumentan considerablemente la dimensión del riesgo. Irán advirtió que podría responder a la denominada “guerra económica” estadounidense mediante una zona de exclusión marítima en el Golfo Pérsico, ampliando las amenazas sobre una de las regiones más importantes para el abastecimiento energético mundial.
Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, aseguró que nuevas presiones económicas podrían recibir una respuesta que abarcaría todo el Golfo hasta el perímetro del bloqueo estadounidense. Paralelamente, los ataques de fuerzas hutíes respaldadas por Irán contra Arabia Saudita agregan otro riesgo para la infraestructura petrolera y las rutas marítimas de la región.
Desde mi perspectiva, los US$100 dejaron de ser solamente una barrera psicológica y se transformaron en el nivel que podría cambiar nuevamente la discusión económica global. Con el Brent ya alrededor de US$99, cualquier nuevo ataque contra infraestructura energética, restricciones efectivas sobre el tráfico marítimo o una ampliación de las hostilidades podría ser suficiente para superar ese umbral.
Si el Brent rompe los US$100 y logra consolidarse por encima durante varias sesiones, considero posible una extensión inicial hacia US$103-US$105, especialmente si aparecen nuevas interrupciones en los flujos regionales. En sentido contrario, una desescalada efectiva y una normalización del tránsito marítimo podrían retirar parte de la prima acumulada y devolver al Brent hacia la zona de US$95.
El problema es que un petróleo persistentemente sobre US$100 dejaría rápidamente de ser únicamente una historia geopolítica. El encarecimiento del crudo terminaría presionando nuevamente los costos de gasolina, transporte y producción, complicando el escenario inflacionario precisamente cuando los principales bancos centrales intentan determinar cuánto tiempo deberán mantener condiciones monetarias restrictivas.
Para Wall Street, esto también representa un riesgo. Una inflación más resistente puede traducirse en tasas elevadas durante más tiempo, aumentando la presión particularmente sobre las acciones tecnológicas y de crecimiento. En sentido contrario, las compañías energéticas podrían continuar encontrando respaldo en precios elevados del crudo.
Por ahora, el mercado continúa mirando hacia una mayor presión: el Brent acumula tres jornadas consecutivas de avances, cotiza cerca de US$99 e Irán amenaza con ampliar las restricciones marítimas en el Golfo Pérsico. Los US$100 están ahora a solamente un nuevo episodio de tensión.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




