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jueves, agosto 27, 2026
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Menos población joven y más adultos mayores: el cambio demográfico que enfrenta el Perú

Será necesario adaptar y reforzar los sistemas de protección social ante una estructura poblacional envejecida.

La población peruana está transformándose y, con ello, también los desafíos que el país deberá afrontar en las próximas décadas. Según información disponible en el Observatorio Nacional de Prospectiva del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan), la tasa de dependencia de vejez pasaría de 20,3 personas adultas mayores (de 60 años a más) por cada 100 personas en edad de trabajar en 2020 a 26,3 en 2030.

Este incremento progresivo de la dependencia demográfica comenzó a evidenciarse en los indicadores nacionales tras alcanzar un mínimo de 64,5 dependientes por cada 100 personas en edad activa entre 2020 y 2022. A partir de ese periodo, el indicador inició un aumento gradual, al situarse en 65,3 en 2025, y se proyecta que alcance los 67,5 dependientes en 2030.

El cambio de tendencia en la dependencia total está impulsado principalmente por el acelerado incremento de la dependencia de vejez, que compensa y supera el ritmo de descenso de la dependencia infanto-juvenil. Aunque la población menor de 15 años aún representará la mayor parte de la carga de dependencia en 2030, el país experimentará un peso relativo cada vez mayor de las personas adultas mayores, lo que demandará reforzar progresivamente los servicios de salud, cuidados y protección social.

Diferencias entre territorios

El envejecimiento no avanzará al mismo ritmo en todo el territorio nacional. Hacia 2030, regiones como Moquegua, Lima y la Provincia Constitucional del Callao registrarían mayores niveles de dependencia de vejez, anticipando una creciente presión sobre los sistemas de pensiones, salud, cuidados y protección social.

Esta transformación demográfica obliga a focalizar la atención en las necesidades de una población con mayor expectativa de vida, exigiendo respuestas institucionales adaptadas a las nuevas dinámicas de cada territorio.

Un desafío que también enfrenta el mundo

La tendencia no es exclusiva del Perú. Según Naciones Unidas, a escala mundial, la tasa de dependencia total (personas de 0 a 14 años y de 65 años a más) fue de 53,9 personas dependientes por cada 100 en edad de trabajar (15 a 64 años) en 2023. Tras una reducción en las próximas décadas, esta trayectoria se revertiría a mediados de siglo, hasta alcanzar 67,9 dependientes hacia el año 2100.

En América Latina y el Caribe, uno de los cambios más significativos será la reducción de la denominada tasa de apoyo potencial (número de personas de 25 a 64 años por cada adulto de 65 años a más). Estimaciones de Naciones Unidas proyectan que esta relación pasaría de 5,4 en 2023 a apenas 1,4 en 2100, reflejando una reducción progresiva de la población en edades laborales en relación con la población adulta mayor.

El incremento de la dependencia demográfica responde al envejecimiento poblacional, la reducción de la fecundidad, el aumento de la esperanza de vida y los cambios en el volumen de la fuerza laboral.

Prepararse hoy para el Perú de las próximas décadas

Frente a esta tendencia, el Observatorio Nacional de Prospectiva del Ceplan enfatiza la urgencia de impulsar estrategias integrales que permitan fortalecer la base económica del país y la resiliencia de su fuerza laboral.

Entre las alternativas planteadas se encuentran la prolongación de la vida laboral efectiva, una mayor participación de las personas adultas mayores en el mercado laboral y el impulso de políticas familiares que respondan a los desafíos asociados con la reducción de la fecundidad.

Asimismo, será necesario adaptar y reforzar los sistemas de protección social ante una estructura poblacional envejecida. Esto supone anticipar las presiones sobre el gasto público en pensiones, servicios de salud y cuidados de larga duración, procurando mantener la sostenibilidad de estos sistemas y la protección de la población más vulnerable.

El desafío es claro: el Perú deberá prepararse para una nueva realidad demográfica. Anticipar estos cambios permitirá tomar mejores decisiones hoy para construir un país capaz de sostener, proteger y aprovechar las oportunidades de una sociedad que vive más años.