El presidente del IIMP sostuvo que la minería enfrenta el reto de desarrollar proyectos en territorios marcados por pasivos heredados, baja presencia del Estado y desconfianza, por lo que planteó fortalecer la institucionalidad, la transparencia y el diálogo cercano con las comunidades.
La construcción de confianza en territorios donde existen conflictos, pasivos heredados y una débil presencia institucional requiere una relación sostenida, transparente y cercana entre empresas, comunidades y Estado, manifestó Juan Carlos Ortiz, presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), durante su participación en el Encuentro Internacional de Gestión Social y Sostenibilidad (GESS 2026).
Ortiz explicó que la transición hacia una economía con menores emisiones incrementará de manera significativa la demanda mundial de minerales estratégicos, especialmente de cobre, litio y tierras raras. En ese escenario, remarcó que América Latina tendrá un papel central debido a la importancia de sus reservas y recursos.
Sin embargo, apuntó que el desafío para la minería no es únicamente encontrar estos recursos, sino desarrollar proyectos en territorios donde existen antecedentes que condicionan la relación con las comunidades.
“Llegar a estos lugares es como empezar un partido de fútbol con un marcador de 3 a 0 en contra”, afirmó el de vicepresidente de Operaciones de Compañía de Minas Buenaventura al participar del panel “¿Cómo construir desarrollo en contextos de polarización?” donde explicó que las empresas muchas veces deben enfrentar pasivos ambientales heredados, promesas incumplidas y una presencia estatal insuficiente.
Instituciones fuertes
Para el presidente del IIMP, uno de los principales factores para revertir esta situación es fortalecer la institucionalidad. “¿Qué es aquello que genera la confianza? Es saber que cuando te busquen para una pregunta vas a estar presente, que no vas a venir tres veces, seis veces y vas a desaparecer”, señaló.
El ejecutivo destacó que las personas pueden cambiar, pero los compromisos asumidos deben mantenerse. “Las personas pueden pasar, pero las instituciones van a quedar”, remarcó.
Ortiz explicó que esta lógica fue fundamental para avanzar en proyectos de desarrollo junto con comunidades, a partir de espacios institucionalizados de diálogo, seguimiento y toma de decisiones. Agregó que el objetivo no debe ser imponer una agenda desde la empresa, sino identificar las brechas que la propia población considera prioritarias.
“No vamos a tener una agenda específica; simplemente vamos a entender que queremos reducir las brechas juntos. Y las brechas las conocen ellos y las priorizan ellos”, sostuvo.
Diálogo cercano
El ingeniero de minas también destacó la necesidad de modificar las formas tradicionales de relacionamiento. Una audiencia pública de varias horas, explicó, no necesariamente permite recoger las preocupaciones de una comunidad si las personas no se sienten cómodas para intervenir.
Por ello, planteó complementar estos espacios con talleres, reuniones con grupos pequeños y mecanismos de comunicación adaptados a cada territorio.
“Cercanía no es solamente cercanía física; es estar en contacto, estar en el pueblo y generar espacios donde las personas puedan hablar desde la confianza”, explicó.
Finalmente, Ortiz indicó que la experiencia demuestra que la confianza se construye con presencia sostenida, reglas claras, seguimiento y cumplimiento de los acuerdos. También permite que una comunidad pueda mirar a la empresa como un aliado para determinados proyectos, sin reemplazar las responsabilidades que corresponden al Estado.




