El petróleo vuelve a colocarse entre los principales focos del mercado este jueves. El Brent alcanzó US$93,87 por barril, con un avance de 2,4% y su mayor nivel desde el 27 de julio, mientras el WTI llegó hasta US$86,59, subiendo 2,6%. Desde que expiró el lunes el plazo de 60 días entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un acuerdo, el crudo acumula aproximadamente 6% de avance.
El catalizador inmediato vuelve a ser geopolítico. Donald Trump anunció una nueva campaña de presión económica contra Irán y advirtió sobre consecuencias para aquellos países que continúen apoyando comercialmente a Teherán. La amenaza aparece después de un nuevo deterioro de las posibilidades de alcanzar un acuerdo diplomático y mantiene abierta la incertidumbre sobre una normalización del tránsito energético por el Estrecho de Ormuz.
El problema para el mercado no está únicamente en las declaraciones políticas. El tránsito por Ormuz continúa fuertemente restringido respecto de los niveles anteriores al conflicto, en una ruta que representa aproximadamente 20% del flujo mundial de petróleo en condiciones normales. La persistencia de estas limitaciones obliga al mercado a mantener una prima de riesgo sobre el precio del barril.
El movimiento adquiere todavía más relevancia al observar lo ocurrido durante agosto. El Brent terminó la sesión del 7 de agosto en US$83,55 y este jueves consiguió superar momentáneamente US$93, lo que representa una recuperación superior al 12% en menos de dos semanas. El mercado ha pasado rápidamente de descontar una posible normalización de los flujos energéticos a considerar que las alteraciones podrían prolongarse.
Además, un petróleo persistentemente sobre US$90 vuelve a introducir riesgos inflacionarios a través de combustibles, transporte y costos productivos, precisamente cuando la Reserva Federal continúa evaluando la trayectoria futura de las tasas de interés.
Desde mi perspectiva, mientras no exista una recuperación sostenida y verificable del tránsito por Ormuz, resulta difícil eliminar completamente la prima geopolítica incorporada actualmente en el Brent. El deterioro de las negociaciones y la nueva presión económica anunciada por Washington entregan argumentos para que el mercado siga evaluando riesgos sobre la oferta física.
Desde los niveles actuales, US$95 pasa a ser mi primera referencia. Una consolidación sobre esa zona, acompañada por nuevas restricciones comerciales o marítimas, podría volver a colocar los US$100 por barril dentro de la discusión. En sentido contrario, una reapertura significativa de Ormuz o señales verificables de nuevas conversaciones podrían retirar rápidamente parte de la prima actual, convirtiendo nuevamente los US$90 en una referencia relevante.
La señal más importante del movimiento reciente es el cambio de expectativas. Hace menos de dos semanas, el mercado comenzaba a descontar una posible normalización del suministro; hoy, con el Brent recuperando más de 12% desde los US$83,55, las negociaciones paralizadas y Washington aumentando la presión económica sobre Irán, los inversionistas vuelven a asumir que las alteraciones de la oferta energética pueden prolongarse más de lo previsto a comienzos de agosto.
Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group




