- Fabricar en Europa o Estados Unidos puede costar al menos un 50% más que en China, mientras que en actividades intensivas en investigación y desarrollo la brecha de costos puede alcanzar hasta el 300%.
- Las reformas en los países sí hacen la diferencia. Mejorar la productividad, reducir los costos de energía y acelerar la ejecución de proyectos podría disminuir entre un 30% y un 80% la brecha de costos, haciendo a los países emergentes más atractivos para nuevas inversiones.
La competitividad de la economía de un país ya no debe evaluarse únicamente a partir de indicadores tradicionales como la productividad, el costo laboral o el desempeño exportador. Según el nuevo informe Catalyzing competitiveness: Where investment happens and why, del McKinsey Global Institute (MGI), el principal indicador de la competitividad es la inversión productiva: las empresas eligen instalar fábricas, centros de investigación, infraestructura o activos tecnológicos en aquellos países donde encuentran las mejores condiciones para generar retornos sostenibles. En un contexto de creciente competencia geopolítica e industrial, el flujo de inversión se convierte en un indicador del crecimiento económico y de la capacidad de una economía para innovar.
El estudio muestra que China incorpora cada año tres veces más activos productivos que Estados Unidos y Europa juntos, gracias a un entorno más atractivo para la inversión. En promedio, producir en Europa o Estados Unidos cuesta un 50% más en el sector industrial. En actividades intensivas en investigación y desarrollo, la brecha puede alcanzar hasta el 300%, debido principalmente a mayores costos laborales, menores niveles de productividad y tiempos más largos para llevar nuevos productos al mercado.
Para recuperar competitividad, McKinsey & Company aconseja que gobiernos y empresas actúen de forma simultánea sobre varias palancas como elevar la productividad mediante mayor inversión en capital físico, automatización y tecnología; reducir los costos de energía; acelerar los tiempos de permisos y construcción de proyectos; impulsar la innovación y la diferenciación tecnológica; y especializarse en industrias donde existan ventajas competitivas.
La competitividad no depende de un solo factor. Es el resultado de combinar productividad, costos competitivos, velocidad de ejecución e innovación para crear un entorno donde las empresas quieran invertir y crecer. Entre el 70% y el 80% del crecimiento de la productividad proviene de la inversión en infraestructura, maquinaria, equipos y otros activos productivos.
El informe también cuantifica el impacto potencial de estas medidas. McKinsey & Company estima que, si un país incrementa su productividad en alrededor de un 30%, converge hacia niveles más competitivos en los costos de energía, equipos y materiales, y acelera la aprobación y ejecución de proyectos, podría reducir entre un 30% y un 80% la brecha de competitividad en costos frente a las economías líderes, dependiendo del sector.
Para economías emergentes como la peruana, el mensaje es claro: atraer inversión productiva requiere combinar productividad, infraestructura, energía competitiva, innovación, rapidez regulatoria y estabilidad para el desarrollo de proyectos. La inversión es una señal de confianza en el potencial futuro de una economía. Para el Perú es clave crear las condiciones para atraerla; de lo contrario, será más difícil sostener el crecimiento y competir por nuevas inversiones frente a otros países.




