Por Narciso Basic, Business Information Security Officer – Chile, Perú y Ecuador en Equifax
En la economía digital, necesitamos de habilitadores que dispongan de una infraestructura de datos segura, que habiliten el ecosistema financiero hacia un entorno más competitivo, inclusivo y con una cobertura más completa.
Durante años, la ciberseguridad se reflejó como un “gallito” entre quienes atacaban y, del otro lado, los que defendían. La industria tecnológica basó sus flujos y estándares sobre una lógica reactiva: identificar una amenaza, contenerla y aprender de ella.
En Equifax entendimos que ese enfoque quedó completamente insuficiente. La empresa es líder global en tecnología, big data y analytics y, sobre esta experiencia, hay conciencia de que la irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) fue 100% transformacional.
Los ataques, y la velocidad de los mismos, se han sofisticado en forma exponencial, de la mano de los deepfakes, la automatización y la capacidad de escalar en segundos. Ante este nuevo escenario, el problema ya no es solo detectar una amenaza, sino hacerlo antes de que ocurra o en el mismo instante en que se despliega.
Las cifras ya reflejan esta nueva realidad. Solo en 2025, por ejemplo, a nivel global Equifax neutralizó en promedio 19,8 millones de ciberamenazas diarias, un aumento del 30% respecto al año anterior, según su Informe Anual de Seguridad anual 2025. Un número que evidencia la magnitud del desafío y, además, pone de relieve que es imposible enfrentar este nuevo escenario con modelos tradicionales.
¿Cómo avanzar? La respuesta, paradójicamente, se encuentra en la misma tecnología que está transformando el riesgo: la inteligencia artificial. La IA está liderando procesos críticos al momento de diseñar e implementar los nuevos modelos en materia de ciberseguridad.
Otro ejemplo: En Equifax, herramientas basadas en IA ya permiten resolver cerca del 50% de los incidentes del Centro de Operaciones de Seguridad de manera automática, reduciendo significativamente los tiempos de respuesta. A esto se suma una disminución del 61% en los tiempos de consulta de seguridad, lo que permite acelerar la innovación sin comprometer la protección.
Estamos siendo testigos de un cambio estructural en el mundo corporativo. La seguridad dejó de ser un componente de soporte para convertirse en un habilitador directo del negocio. Permite que las organizaciones avancen con mayor velocidad, incorporen nuevas tecnologías y desarrollen soluciones, con la confianza de que existen mecanismos capaces de resguardar ese camino.
Pero este nuevo equilibrio no es trivial. La implementación de estas capacidades requiere no solo tecnología, sino también una arquitectura robusta y una gobernanza clara, con que asuman que hoy operan en entornos donde la velocidad supera la capacidad humana y donde la confianza dejó de ser un atributo deseable: es la condición mínima para poder operar, competir y, sobre todo, ser sostenible en el tiempo.




