Especialistas plantean que el Plan de Contingencia incorpore un enfoque de economía azul para proteger la pesca, la acuicultura, el turismo y la biodiversidad marina.
La alta probabilidad de que el fenómeno El Niño alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de este año vuelve a poner sobre la mesa uno de los principales desafíos del país: proteger la biodiversidad marina y las actividades económicas que dependen del océano.
El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) estima que más de 9,3 millones de personas podrían verse afectadas, principalmente en Lima, Piura, Lambayeque, La Libertad e Ica. A ello se suma el impacto económico. El Banco Central de Reserva (BCR) proyecta que el fenómeno podría reducir el crecimiento del PBI entre 1 y 1,5 puntos porcentuales, generando pérdidas de entre S/16 mil y S/18 mil millones.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 80 % de que El Niño sea muy fuerte este año, mientras que investigaciones publicadas en la revista científica Nature advierten que podría convertirse en uno de los episodios más intensos registrados en aproximadamente 150 años.
Frente a este panorama, especialistas de la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) consideran que el Plan de Contingencia anunciado en el mensaje a la Nación por parte del Ejecutivo como respuesta a El Niño Costero 2026 debe incorporar un enfoque de economía azul que fortalezca la capacidad de respuesta de sectores estratégicos como la pesca, la acuicultura, el turismo y la conservación de los ecosistemas marinos.
«El mar sostiene actividades que generan empleo, seguridad alimentaria y desarrollo para miles de familias. Incorporar la economía azul en la planificación permitirá fortalecer la resiliencia del país frente a los efectos de El Niño», señaló Jimpson Dávila, director del Programa de Gobernanza Marina de la SPDA.
Asimismo, indicó que uno de los sectores más expuestos será la pesca artesanal, ya que el calentamiento del mar modifica la distribución de los recursos hidrobiológicos, por lo que se plantea avanzar hacia una gestión pesquera más flexible que permita adaptar las capturas de manera sostenible y reducir el impacto sobre las más de 55 mil personas que dependen de esta actividad.
«En el ámbito pesquero, la política pública debería incorporar un enfoque adaptativo, sustentado en un marco regulatorio flexible que permita a los pescadores diversificar sus capturas según la disponibilidad de los recursos. El Niño modifica la distribución de las especies y la adaptación debe convertirse en un principio permanente de la gestión pesquera para fortalecer la resiliencia del sector», sostuvo Dávila.
En ese sentido, indicó que es necesario impulsar alternativas económicas para las comunidades costeras mediante el fortalecimiento del turismo comunitario, la gastronomía local y programas de diversificación productiva y reconversión laboral.
Los efectos del último evento de El Niño aún son visibles en la biodiversidad marina. La población de aves guaneras pasó de aproximadamente 3,5 millones de ejemplares a finales de 2022 a cerca de 500 mil en la actualidad, una reducción cercana al 85 %, debido al calentamiento del mar y los brotes de gripe aviar.
Esta situación también compromete la producción de guano de islas, utilizado por más de 13 mil productores de cultivos como café, cacao y papa, además de afectar el turismo de naturaleza en áreas protegidas como la Reserva Nacional de Paracas y la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras.
Para Dávila, la respuesta frente a El Niño debe ir más allá de la atención de emergencias e incorporar medidas permanentes para conservar la biodiversidad marina, fortalecer el monitoreo científico y proteger las actividades económicas que dependen de la salud del océano.




