Gerente Central de Izipay explica cómo la conversión dinámica de divisas (DCC) en los terminales de pago le da al cliente claridad sobre el monto exacto que pagará, y cómo esa misma facilidad recibe a los turistas que visitan el Perú.
Viajar y pagar en otro país solía implicar una dosis de incertidumbre: no saber con exactitud cuánto se descontaría de la tarjeta hasta ver el estado de cuenta, ya con el tipo de cambio aplicado. Hoy, la evolución de los medios de pago ha cambiado esa experiencia. Desde un terminal de punto de venta (POS), un viajero puede usar una tarjeta emitida en cualquier parte del mundo y, además, elegir en qué moneda quiere pagar.
Esa posibilidad se llama conversión dinámica de divisas (DCC, por sus siglas en inglés) y, según Jorge Valdivia, Gerente Central de Izipay, su mayor valor está en la transparencia que ofrece al tarjetahabiente.
«Si el cliente elige pagar en su moneda, puede ver y aceptar el monto exacto antes de confirmar la compra, con total claridad y sin el riesgo de llevarse alguna sorpresa por fluctuaciones del tipo de cambio en su estado de cuenta», indica Valdivia.
La misma facilidad, en ambas direcciones
El principio funciona en los dos sentidos. Así como un peruano que viaja agradece entender con precisión cuánto está pagando en una tienda o un restaurante del exterior, el turista que llega al Perú recibe exactamente esa misma claridad cuando paga en un comercio local. La infraestructura de pagos del país está preparada para recibir tarjetas emitidas en cualquier lugar del mundo, con los mismos tiempos de autorización que una compra hecha con una tarjeta nacional.
«Para el visitante, poder pagar en la moneda que conoce y saber de antemano el monto exacto hace que la experiencia de compra sea más simple y confiable», agrega el ejecutivo.
Una mejor experiencia para el viajero y para el negocio
Para los comercios, ofrecer esta opción se traduce en atención más ágil a los turistas y en una imagen de establecimiento moderno y confiable. Giros como restaurantes, hoteles, tiendas de artesanías, agencias de viaje, cafeterías y pastelerías son los que más interactúan con clientes internacionales y, por lo tanto, los que más aprovechan estar listos para recibirlos sin fricciones.
Es cierto que las transacciones con tarjetas internacionales suelen tener costos de procesamiento más altos que las locales. Pero, más que una barrera, atender a este público representa una oportunidad: se trata de ventas que, de otro modo, el comercio simplemente no concretaría, y de un visitante que suele tener un mayor nivel de gasto. A ello se suma que hoy el mercado cuenta con soluciones que permiten optimizar ese costo, de modo que la diferencia en costos se reduce y deje de ser un obstáculo para captar clientes de cualquier parte del mundo.
«El turista representa ventas adicionales y un mayor nivel de consumo, y con las herramientas disponibles hoy recibir su tarjeta deja de ser un costo que preocupa para convertirse en una oportunidad de crecimiento. Además, estas tecnologías mejoran la experiencia del viajero y del negocio, y posicionan al comercio como un establecimiento moderno y confiable», señala Valdivia.
El crecimiento del turismo internacional en el Perú vuelve esta capacidad cada vez más relevante. Con una infraestructura ya preparada y herramientas como DCC, recibir a un visitante extranjero —o pagar con comodidad cuando se viaja afuera— deja de ser un motivo de incertidumbre para convertirse en parte natural de la experiencia. Y no se trata solo de comodidad: estas soluciones también incorporan beneficios económicos y mecanismos que ayudan a compensar el mayor costo de las comisiones internacionales, de modo que el comercio puede ampliar su base de clientes sin afectar su rentabilidad.




