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viernes, julio 10, 2026
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El oro pierde brillo mientras el petróleo y la inflación dominan al mercado

La fortaleza del dólar y las expectativas de una Reserva Federal más restrictiva presionan al metal precioso, pese al aumento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán.

El oro atraviesa su semana más compleja del último mes. El metal precioso acumula una caída cercana al 1,6%, cotiza en torno a los US$4.125 por onza y rompe una racha que, hasta hace pocos días, seguía respaldada por la incertidumbre geopolítica. Paradójicamente, el recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán no impulsó las compras de oro, sino que fortaleció al dólar y elevó las expectativas de una Reserva Federal más restrictiva, desplazando temporalmente al metal como principal activo refugio.

El cambio de narrativa tiene una explicación relativamente sencilla. Esta vez el mercado no teme únicamente una escalada militar, sino el impacto que esta pueda tener sobre la inflación. Los ataques registrados durante la semana impulsaron con fuerza al petróleo y reactivaron el debate sobre un eventual encarecimiento de la energía a nivel global. Si el crudo vuelve a convertirse en un factor inflacionario, la Fed tendría menos espacio para recortar tasas e incluso podría verse obligada a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo.

Las minutas del FOMC publicadas esta semana reforzaron precisamente esa lectura. La mayoría de los miembros del comité reconoció que la inflación continúa siendo uno de los principales riesgos para la economía estadounidense y que, si las presiones sobre los precios persisten, será necesario mantener las tasas elevadas por más tiempo. Ese escenario suele ser especialmente negativo para activos que no generan rendimiento, como el oro.

Desde mi perspectiva, lo más interesante es que el mercado parece estar otorgando mayor relevancia al petróleo que al oro como vehículo para expresar los riesgos derivados del conflicto. Hoy la preocupación no gira únicamente en torno a la incertidumbre geopolítica, sino a las consecuencias económicas que una interrupción energética podría generar sobre la inflación y la política monetaria.

Desde el punto de vista de precios, el escenario base sigue siendo de cautela. Si el petróleo continúa estabilizándose en niveles elevados y la Reserva Federal mantiene el tono restrictivo reflejado en sus minutas, el oro podría profundizar las correcciones y buscar la zona de US$4.050, e incluso aproximarse nuevamente a los US$4.000 por onza durante las próximas semanas.

Sin embargo, tampoco descartaría un escenario completamente opuesto. Si el conflicto entre Washington y Teherán vuelve a escalar, el Estrecho de Ormuz sufre interrupciones relevantes o el mercado comienza a descontar una desaceleración económica más profunda, el flujo hacia activos refugio podría regresar con fuerza. Bajo ese escenario, el oro tendría espacio para recuperar rápidamente los US$4.250 y volver a proyectarse hacia la zona de US$4.300 por onza.

La gran interrogante para las próximas semanas ya no es si el oro seguirá siendo un activo refugio. La verdadera pregunta es qué pesará más para los inversionistas: el riesgo geopolítico o el riesgo inflacionario. Hoy el mercado parece haber tomado una decisión clara, pero basta un nuevo episodio de tensión en Medio Oriente para que ese equilibrio cambie por completo. Esa disputa entre inflación e incertidumbre seguirá siendo el principal factor que determine el rumbo del oro en el corto plazo.

Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group