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viernes, junio 26, 2026
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Bienestar financiero en tiempos de la IA

Por Carlos Curi, economista especializado en bienestar financiero

Con la reciente y acelerada disrupción de la Inteligencia Artificial (IA), la receta tradicional de «ahorrar y esperar» que tanto promociono ya no es suficiente. El bienestar financiero debe construirse activamente; ya no es una meta pasiva, sino una construcción recurrente que exige un equilibrio entre la adaptabilidad técnica y la gestión estratégica del capital.

¡El cambio tecnológico, una vez más, nos ha llevado a un cambio de paradigma!

Para la nueva generación que se integra a la fuerza laboral, la mayor amenaza —y oportunidad— es su obsolescencia profesional. Si asumimos que la IA no es un reemplazo, (¡Einshalla!) sino un multiplicador de productividad, el primer paso para asegurar el bienestar financiero es invertir en «aptitud para la IA».

El colaborador que utilice herramientas de automatización para elevar su productividad entregará resultados de mayor valor estratégico. Dicho valor agregado no solo protegerá su posición frente a las reestructuraciones corporativas, sino que lo posicionará para negociar mejores compensaciones y ascensos.

Desde una perspectiva financiera, la gestión del ahorro debe ser profesional desde el primer sueldo. Su automatización y posterior conversión en inversión deben ser analizadas, revisadas y supervisadas por especialistas, asesores financieros que posean pensamiento crítico, no por plataformas gestionadas mediante IA que, en la mayoría de los casos, son cajas negras sin empatía con el ahorrista.

La diversificación de inversiones es clave y debe hacerse tomando en cuenta el horizonte de inversión y los perfiles de riesgo de los empleados, los cuales son tan cambiantes como su situación laboral y emocional.

Debido a que atravesamos un mercado laboral más volátil, es decir, menos estable, la prudencia debería indicarnos la creación de fondos de emergencia ampliados, que cubran de nueve a doce meses de gastos personales o familiares, para que actúen como un seguro ante cualquier disrupción tecnológica o cambios en las estructuras de las empresas.

El bienestar financiero de los colaboradores sigue siendo una variable estratégica para la retención de talento. Las empresas, en estos tiempos de saltos tecnológicos significativos, no solo deben limitarse a ofrecer compensaciones competitivas; sino que deben actuar como socios en el desarrollo integral del empleado.

En primer lugar, es imperativo que las organizaciones implementen programas robustos, tanto prácticos como teóricos, de upskilling / reskilling (capacitación). Deben permitir que el conocimiento del empleado avance con la tecnología. ¡Que la obsolescencia no lo alcance!

En otras palabras, la empresa debe facilitar el tiempo y los recursos para que el empleado domine las herramientas tecnológicas que definirán su industria, reduciendo la incertidumbre y fomentando una cultura de resiliencia.

En segundo lugar, el bienestar financiero debe ser parte de la propuesta de valor al empleado. Esto implica ofrecer acceso a asesoramiento financiero imparcial y A planes de ahorro individual o retiro corporativo que permitan aliviar la incertidumbre inherente al cambio.

Por último, pero no menos importante, las empresas deben ser transparentes respecto de sus hojas de ruta de IA, permitiendo que sus equipos se alineen estratégicamente con la visión a largo plazo de la organización.

Los miembros de las nuevas generaciones deben asumir la responsabilidad de ser los CEOs de su carrera, gestionando sus habilidades como un activo y su dinero como una herramienta de crecimiento.

Al mismo tiempo, la empresa debe transitar el camino de ser un simple pagador para convertirse en un facilitador de crecimiento sostenible. En este ecosistema, la seguridad financiera ya no es un destino estático, sino la consecuencia lógica de una adaptabilidad constante y una gestión financiera disciplinada.