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jueves, junio 18, 2026
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Hidrógeno verde: la apuesta energética de Europa enfrenta el desafío de costos y escala

La Unión Europea impulsa esta tecnología como una alternativa estratégica para reducir su dependencia de los hidrocarburos, aunque su desarrollo aún enfrenta barreras económicas, técnicas y de infraestructura.

El mundo desarrollado lleva décadas buscando alternativas para disminuir su dependencia de los hidrocarburos, una necesidad que se aceleró en Europa tras la invasión rusa a Ucrania en 2022 y la crisis energética derivada del corte del suministro de gas. En ese escenario, el hidrógeno verde se posicionó como una de las principales apuestas del bloque junto con la energía nuclear y las fuentes renovables.

Sin embargo, pese al respaldo institucional, la tecnología todavía enfrenta dudas sobre su viabilidad económica a gran escala. Actualmente, el hidrógeno verde representa una fracción mínima del consumo energético mundial: apenas cerca del 1% del hidrógeno utilizado proviene de fuentes renovables, mientras que la mayor parte continúa siendo producido mediante combustibles fósiles.

¿Cómo funciona el hidrógeno verde y cuáles son sus retos?

El hidrógeno verde se obtiene mediante electrólisis, un proceso que utiliza electricidad proveniente de fuentes renovables para separar las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno, sin generar emisiones directas de carbono. En contraste, el hidrógeno gris —el más utilizado actualmente— se produce a partir de combustibles fósiles y genera emisiones contaminantes.

También existe el hidrógeno azul, que incorpora sistemas de captura de carbono para reducir el impacto ambiental del proceso, aunque con limitaciones en eficiencia y costos. La diferencia entre estas tecnologías es clave en el camino hacia una matriz energética con menores emisiones.

Uno de los principales obstáculos del hidrógeno verde es su eficiencia energética. La electrólisis consume una parte importante de la energía utilizada y, además, el hidrógeno requiere procesos complejos de almacenamiento y transporte debido a su baja densidad. Para mantenerlo en volúmenes comerciales debe comprimirse a presiones que pueden alcanzar los 700 bar, lo que incrementa la necesidad de infraestructura especializada.

Bélgica prueba el uso del hidrógeno en transporte pesado

En el puerto de Amberes, Bélgica, la empresa CMB.Tech desarrolló una de las primeras estaciones multimodales de repostaje de hidrógeno, diseñada para abastecer tanto camiones como embarcaciones con combustible producido en el mismo lugar. La instalación cuenta con un electrolizador de 1,2 megavatios y una estación de llenado para almacenamiento comprimido.

El sistema utiliza dos contenedores industriales: uno convierte la corriente eléctrica y otro realiza la separación del agua mediante electrólisis para producir hidrógeno. Posteriormente, el combustible es purificado y almacenado para su utilización en vehículos y operaciones portuarias.

La compañía reconoce que la tecnología todavía no alcanza una eficiencia económica comparable con los combustibles tradicionales, pero considera que estos proyectos permiten validar el funcionamiento del sistema y preparar al mercado para una transición gradual hacia nuevas fuentes energéticas.

Transporte marítimo apuesta por derivados del hidrógeno

En el sector marítimo, una de las alternativas es el uso de amoníaco, un combustible derivado del hidrógeno que resulta más sencillo de almacenar y transportar. Algunas empresas trabajan con mezclas que pueden alcanzar hasta 95% de amoníaco y complementar el resto con diésel para mantener flexibilidad operativa.

El enfoque aplicado por CMB.Tech no busca una sustitución inmediata del combustible convencional, sino una transición progresiva. La compañía sostiene que mantener motores capaces de operar con diferentes mezclas permite reducir riesgos mientras la infraestructura de hidrógeno continúa desarrollándose.

Este modelo responde a una de las principales dificultades del mercado: todavía no existe un precio de referencia estable para el hidrógeno verde. Su costo depende en gran medida del precio de la electricidad renovable utilizada en la producción, lo que complica la creación de contratos de largo plazo.

Europa mantiene su apuesta pese a los desafíos

La Comisión Europea lanzó en 2020 una estrategia para impulsar el desarrollo del hidrógeno y, aunque reconoce que la reducción de costos no avanzó al ritmo esperado, mantiene la apuesta por esta tecnología como parte de su transición energética.

Alemania y Países Bajos trabajan en estrategias para importar hidrógeno verde destinado principalmente a industrias y transporte pesado, sectores donde la electrificación directa presenta mayores dificultades técnicas. España, por su parte, busca posicionarse como productor y exportador aprovechando su capacidad en energías renovables.

La Unión Europea también proyecta corredores de infraestructura que conecten regiones productoras con grandes centros industriales, utilizando puertos y redes de transporte como puntos estratégicos para el desarrollo de este nuevo mercado energético.

Argentina entra en el mapa del hidrógeno verde

América Latina también empieza a integrarse en esta carrera tecnológica. Argentina figura dentro de los planes europeos de cooperación en hidrógeno verde mediante acuerdos con la Comisión Europea y estudios de factibilidad financiados por el Banco Europeo de Inversiones.

El desarrollo de esta industria dependerá de la capacidad de los países para combinar recursos renovables, inversión privada, infraestructura y reglas claras. Mientras Europa busca reducir su dependencia energética, el hidrógeno verde se perfila como una oportunidad estratégica, aunque todavía enfrenta el desafío de demostrar que puede competir económicamente a gran escala.