Por Dra. Karen Martínez, directora Médica CMT Perú
En el marco del Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, la reciente publicación del Boletín Anual 2025 del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) nos enfrenta a una realidad que no admite indiferencia: 44.602 notificaciones de accidentes y enfermedades ocupacionales en el país. Detrás de cada cifra hay una persona, una familia y un impacto social y económico que podría haberse evitado.
De ese total, 43.750 corresponden a accidentes no mortales, con una presencia significativa en sectores de servicios como restaurantes y bares (7,5%). Por otro lado, los accidentes mortales (228) y los incidentes peligrosos (494) se concentran principalmente en la administración pública, la construcción y el transporte. El sector salud, a su vez, concentra cerca del 80% de las enfermedades ocupacionales, lo que evidencia brechas importantes en la gestión preventiva incluso en entornos especializados.
Si bien el cumplimiento del marco normativo vigente en seguridad y salud en el trabajo es indispensable —como lo establece la Ley N.º 29783 y su reglamento—, hoy resulta insuficiente si no viene acompañado de una gestión basada en evidencia. La prevención real no comienza en el papel, sino en el análisis sistemático de los datos que las propias organizaciones generan.
En muchas empresas, la información sobre accidentes, ausentismo, evaluaciones médicas ocupacionales o exposiciones a riesgos se encuentra almacenada —frecuentemente en hojas de cálculo— pero no se analiza ni se utiliza para la toma de decisiones. Este es uno de los principales desafíos actuales: transformar los datos en conocimiento accionable.
La identificación de peligros y la evaluación de riesgos (IPER), exigidas por la normativa, deben evolucionar hacia modelos dinámicos alimentados por datos reales y actualizados. Analizar tendencias, identificar áreas críticas, correlacionar eventos y anticipar escenarios de riesgo permite pasar de una cultura reactiva a una verdadera cultura preventiva.
Por ejemplo, el análisis de la frecuencia y severidad de accidentes por área, turno o tipo de actividad puede revelar patrones ocultos que no se perciben a simple vista. Del mismo modo, la integración de datos de vigilancia médica con condiciones de trabajo puede ayudar a detectar tempranamente enfermedades ocupacionales o factores de riesgo emergentes.
La prevención también implica entender la salud en su dimensión integral: física, mental y social. En sectores como minería, construcción y transporte, donde los riesgos son elevados, resulta clave complementar las medidas de seguridad con programas de vigilancia médica, evaluaciones ocupacionales y estrategias de bienestar que respondan a la realidad de los trabajadores.
Desde el Centro Médico del Trabajador, reafirmamos que la seguridad y salud en el trabajo no es un costo, sino una inversión estratégica. Pero para que esta inversión sea efectiva, debe estar guiada por datos. No basta con recolectarlos: es imprescindible analizarlos, interpretarlos y utilizarlos para diseñar intervenciones concretas.
La data del 2025 no solo es un diagnóstico; es una oportunidad. Una oportunidad para que las organizaciones en el Perú den el siguiente paso: convertir la información en prevención, y la prevención en cultura.
Porque solo así podremos garantizar que cada trabajador regrese a casa sano y salvo.




