Oro podría alcanzar los US$ 5,400 en 2026 pese a volatilidad global, prevé Goldman Sachs

El banco de inversión sostiene su proyección alcista apoyado en recortes de tasas de la Fed, compras de bancos centrales y un mercado más equilibrado tras la reciente corrección.

El precio del oro mantiene un horizonte alcista en el mediano plazo, a pesar de la volatilidad generada por el conflicto en Oriente Próximo y las tensiones inflacionarias globales. El banco de inversión Goldman Sachs proyecta que el metal precioso podría alcanzar los US$ 5,400 por onza troy hacia finales de 2026, impulsado por factores estructurales de demanda y política monetaria.

La previsión se sostiene incluso luego de que el oro registrara una corrección cercana al 15%, ubicándose en torno a los US$ 4,580 desde el inicio de la guerra en la región. Según los analistas Lina Thomas y Daan Struyven, este retroceso responde principalmente a la naturaleza del shock actual: una crisis de oferta energética que ha elevado los temores inflacionarios y reducido las expectativas de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Corrección técnica y nuevo punto de entrada

En este contexto, Goldman Sachs estima que el valor razonable actual del oro se sitúa en torno a los US$ 4,550 por onza, reflejando un mercado que ha eliminado excesos especulativos. La fuerte demanda previa de opciones de compra dejó al metal expuesto a ajustes abruptos, especialmente ante caídas en los mercados bursátiles.

Tras la reciente liquidación, el posicionamiento especulativo neto en Comex ha retrocedido significativamente, mientras que el exceso de apuestas alcistas se ha reducido. Para el banco, esto configura un mercado “más limpio” y con un punto de entrada más atractivo para inversionistas.

Inflación y tasas: claves del comportamiento del oro

Uno de los elementos centrales en el análisis es el tipo de inflación predominante. A diferencia de otros episodios, el actual escenario responde a una inflación impulsada por la oferta, lo que históricamente favorece más a las materias primas energéticas que al oro en el corto plazo.

Sin embargo, el metal tiende a recuperar protagonismo cuando emergen riesgos sobre la credibilidad de los bancos centrales o la sostenibilidad de la política monetaria. En ese sentido, los analistas consideran que el eventual ciclo de recortes de tasas podría reactivar la demanda.

Goldman Sachs proyecta que una reducción de 50 puntos básicos por parte de la Fed podría añadir aproximadamente US$ 120 al precio del oro, reforzando su tendencia alcista.

Bancos centrales y demanda estructural

Otro soporte clave proviene de las compras de bancos centrales, que se espera se mantengan en niveles elevados, alrededor de 60 toneladas mensuales. Este factor aportaría cerca de US$ 535 adicionales al precio del metal.

El banco también descarta un impacto significativo por eventuales ventas de reservas, como las registradas en Turquía, al considerar que países del Golfo tienen menor exposición al oro y priorizan otros activos, como bonos del Tesoro estadounidense.

Riesgos y escenarios extremos

Pese al escenario base optimista, Goldman Sachs advierte riesgos a la baja. Una prolongación del conflicto en el estrecho de Ormuz o una caída más profunda en los mercados accionarios podrían llevar al oro hacia niveles de US$ 3,800 por onza en un escenario de liquidación severa.

En contraste, un deterioro geopolítico más amplio o una aceleración en la diversificación de reservas globales fuera de activos occidentales podría impulsar el precio hacia un rango de entre US$ 5,700 y US$ 6,100.

Un mercado con espacio para crecer

Finalmente, el banco destaca que la exposición al oro en carteras privadas occidentales sigue siendo limitada. Actualmente, los ETF vinculados al metal representan apenas el 0.2% de las carteras en Estados Unidos, lo que sugiere un amplio margen para incrementos en la demanda si cambia el apetito de los inversionistas.

En un entorno marcado por incertidumbre geopolítica, inflación persistente y ajustes en la política monetaria, el oro se mantiene como un activo estratégico cuyo comportamiento seguirá condicionado por la evolución del contexto global.