El país ha enfrentado 10 episodios de sequías severas en las últimas décadas. Mejorar la eficiencia del riego y usar herramientas digitales es el principal paso del sector para evitar la pérdida de alimentos.
En el marco de fechas conmemorativas como el Día Mundial del Agua (22 de marzo), el Día Mundial del Clima (26 de marzo) y el Día Internacional de Cero Desechos (30 de marzo), la industria agrícola peruana asume el reto de liderar el cuidado de los recursos frente a la variabilidad ambiental. Según el último comunicado de la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno «El Niño» (ENFEN), se mantiene el estado de alerta ante este evento. Para los próximos meses, la entidad prevé anomalías térmicas que podrían alcanzar hasta los +3 °C en la costa, así como caudales por encima de lo habitual en los ríos del Pacífico.
Este escenario pone a prueba la gestión del agua, un recurso del cual la agricultura es el principal usuario al demandar el 80% a nivel nacional, según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri). Esta inestabilidad del clima no es nueva para los productores: entre 1981 y 2018, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) registró 10 temporadas de sequías severas en regiones clave como Puno, Cusco, Arequipa y San Martín, afectando cultivos fundamentales para la alimentación del país.
El impacto de estos cambios extremos de clima no solo afecta las reservas de agua, sino que provoca grandes pérdidas. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la eficiencia del riego en el Perú es de apenas un 35%. La misma institución advierte que en el país se pierden más de 12 millones de toneladas de alimentos al año a lo largo de la cadena productiva, una cifra que el sector busca reducir mediante un manejo más eficiente de los recursos en el campo.
Tecnología agrícola: Proteger los recursos y asegurar la cosecha
Frente a esta situación y con el fin de evitar que las pérdidas sigan creciendo, el campo peruano está adoptando tecnologías sostenibles que permiten aprovechar mejor cada gota de agua. En ese sentido, la digitalización de los procesos agrícolas busca aumentar la productividad al mismo tiempo que protege el medio ambiente, una necesidad vital ante los climas adversos.
Como parte de esta transición, a nivel global, compañías como BASF – Soluciones para la Agricultura desarrollan modelos de Agricultura Inteligente (Climate-Smart Farming). Este concepto busca que el productor gestione su campo con la mayor precisión posible, adaptándose al clima para producir más utilizando menos recursos, como el agua. Siguiendo esta gran visión mundial, en el Perú la empresa concentra hoy sus esfuerzos en promover prácticas avanzadas de manejo, acompañamiento técnico y el uso de soluciones eficientes. Estas metodologías permiten aplicar los insumos solo donde y cuando son necesarios, reduciendo los desperdicios en todo el ciclo productivo. Así, se protege la rentabilidad del agricultor, se preservan los ecosistemas y se logra una cosecha más resistente al cambio climático.
«La innovación es ideal para que el campo logre proteger su producción frente a los eventos climáticos extremos. Si perdemos una cosecha por un golpe de clima, también perdemos el esfuerzo del agricultor y el agua, un recurso que tanto necesitamos preservar. Adoptar buenas prácticas y un manejo preciso nos permite tomar decisiones en el campo para que el uso del recurso hídrico rinda al máximo. Ese es el camino responsable hacia una agricultura resiliente y orientada a generar cero pérdidas», explica Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
Alinear estas herramientas de precisión con las exigencias del campo no solo fortalece la economía del productor, sino que actúa como un respaldo estratégico para garantizar la seguridad alimentaria peruana.






