La artesanía se ha consolidado como una alternativa de autoempleo para miles de familias, aprovechando que el trabajo manual puede convertirse en un pequeño negocio.
En el Perú, la artesanía no solo preserva conocimientos y tradiciones transmitidas de generación en generación, sino que también constituye una fuente de ingreso para miles de familias. Cada 19 de marzo, con motivo del Día del Artesano Peruano, se reconoce su valor cultural y económico que, además, viene consolidándose en distritos de Lima Norte como una alternativa de autoempleo y punto de partida para pequeños emprendimientos.
En este proceso, aspectos como la innovación en diseños, el acceso a canales de comercialización y la capacitación en gestión de negocios se han vuelto fundamentales para que los artesanos puedan competir en el mercado y ampliar sus oportunidades de crecimiento.
Claves para convertir la artesanía en un emprendimiento sostenible
Desde Impulsared, programa que nace de la mano Repsol y es implementado por Linka, especialistas comparten recomendaciones para quienes buscan transformar el trabajo artesanal en una actividad económica sostenible:
- Formalizar el negocio desde etapas tempranas: Contar con RUC o inscripción como microempresa permite acceder a ferias, financiamiento y programas de capacitación.
- Definir un sello propio: Diferenciarse por materiales, diseño o técnicas ayuda a competir frente a productos industrializados.
- Aprovechar canales digitales: Redes sociales y marketplaces permiten ampliar el alcance de ventas más allá de ferias locales.
- Participar en espacios de capacitación: Estos programas brindan herramientas de gestión, comercialización y desarrollo empresarial.
- Explorar alianzas con otros artesanos: El trabajo colaborativo facilita el acceso a nuevos mercados y la participación en eventos o exposiciones.
Una historia de emprendimiento en Ventanilla
En ese contexto surge Kuna Junco, un emprendimiento familiar de Ventanilla, impulsado por la artesana María Antonieta Sánchez, quien convirtió años de experiencia en el oficio en una propuesta propia de productos elaborados a mano. Su historia se remonta a 2011, cuando comenzó a desarrollar habilidades que luego fue perfeccionando a través de la práctica y el intercambio con otras artesanas.
Con el tiempo, ese conocimiento se transformó en una iniciativa independiente que hoy produce artículos como paneras, canastas, cofres, sombreros, pulseras y llaveros, piezas que combinan acabados naturales y distintos diseños pensados para ferias, colegios y públicos diversos.
“Quiero que mi hija y mis nietas sigan mis pasos y que esta empresa familiar continúe creciendo. A otros artesanos, y sobre todo a las mujeres artesanas, les diría que sigan creando con el corazón y con orgullo por nuestras raíces”, señaló María Sánchez, fundadora de Kuna Junco.
Como ocurre con muchos pequeños emprendimientos, el camino también ha implicado retos vinculados al acceso a espacios de venta, la competencia en el mercado y la necesidad de fortalecer la gestión del negocio.
En ese proceso, el programa Impulsared ha contribuido al fortalecimiento de Kuna Junco mediante capacitaciones orientadas al desarrollo de habilidades emprendedoras y gestión de negocios. Esta iniciativa impulsa emprendimientos en Lima Norte brindando herramientas que permiten mejorar sus capacidades y proyectar su crecimiento.






