La renta tradicional de inmuebles ofrece retornos anuales de hasta 9% mientras que nuevas soluciones en el sistema financiero pueden ofrecer retornos de hasta 25% en promedio.
En un contexto de debilitamiento del dólar y mayor volatilidad externa, los inversionistas de alto patrimonio están reconfigurando sus portafolios hacia instrumentos en soles y de corto plazo.
Si bien la compra de inmuebles y la renta tradicional continúan siendo vehículos relevantes, gana terreno el financiamiento participativo financiero regulado por la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV), canalizado a través del sector Fintech en Perú, que permite acceder a proyectos inmobiliarios con horizontes de hasta seis meses y retornos más ágiles frente a las alternativas convencionales.
La renta inmobiliaria tradicional ofrece actualmente retornos anuales de entre 7% y 9%, sin considerar los costos de administración, mantenimiento y eventuales ventanas de vacancia, lo que reduce su rentabilidad efectiva.
En ese escenario, las plataformas digitales de crowdfunding inmobiliario vienen ganando espacio al ampliar el acceso a inversiones en vivienda para distintos perfiles de riesgo, con tickets flexibles y retornos promedio anuales que oscilan entre 21% y 25%, según el tipo de proyecto y plazo. Esta figura es aquella que está atrayendo una migración silenciosa de patrimonios altos hacia este tipo de productos.
Un ejemplo de esta tendencia es Inversiones IO, firma especializada en crowdfunding inmobiliario, que desde 2023 ha canalizado más de 500 operaciones hacia empresas promotoras del segmento de vivienda social, cerca de la mitad de ellas concretadas solo en 2025. Los recursos se orientan principalmente a capital de trabajo para proyectos en regiones con alta demanda estructural y proyección de crecimiento, como la costa norte, la costa sur y la selva, donde la brecha habitacional sigue siendo un factor determinante.
Financiamiento colectivo de proyectos de vivienda social surge como oportunidad
A diferencia del segmento tradicional, la vivienda social mantiene un dinamismo sostenido, con una producción anual de entre 70,000 y 80,000 unidades y perspectivas de expansión en los próximos años. Con una brecha habitacional estimada entre 1.8 y 2 millones de viviendas, el mercado ofrece una demanda estructural que viene atrayendo a inversionistas en busca de exposición a un segmento con alto potencial de crecimiento.
“El financiamiento a empresas constructoras de vivienda social apunta a cerrar las brechas de acceso al crédito que, en muchos casos, la banca tradicional no logra cubrir. Desde el ecosistema fintech tenemos la responsabilidad de innovar con productos que, además de generar retornos atractivos para los inversionistas, contribuyan a resolver un problema estructural: el acceso a una vivienda digna para miles de familias peruanas”, señaló Jesús Meza, COO de Inversiones IO.
Los inversionistas vienen incorporando nuevas alternativas a sus portafolios que hasta hace algunos años no figuraban dentro de sus estrategias tradicionales. Hoy, estas opciones están siendo estructuradas y sistematizadas por fintechs peruanas, que desarrollan vehículos que impulsan la competitividad dentro del sistema financiero.






