Con un consumo per cápita de 74 kilos anuales, el arroz se reafirma como el cultivo líder con 430,000 hectáreas cosechadas. San Martín lidera la producción nacional concentrando el 27% del total, desplazando a las regiones costeras tradicionales.
En un contexto de desafíos climáticos globales, el agro peruano demuestra su fortaleza. El arroz, base de la alimentación nacional con un consumo per cápita de 74 kilos anuales, se reafirma como el motor de la economía agrícola.
Según los reportes técnicos más recientes del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para la campaña de mercado 2024/2025, la producción nacional de arroz cáscara alcanzó los 3.7 millones de toneladas, garantizando el abastecimiento del mercado interno. Este volumen se sustenta en una superficie cosechada de 430,000 hectáreas, manteniéndose estable respecto al año anterior pese a las fluctuaciones del clima.
Esta fortaleza productiva también es respaldada por cifras oficiales locales. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reporta que, solo en junio de 2025, la cosecha nacional de arroz cáscara superó las 788 mil toneladas. Este desempeño, sustentado en condiciones hídricas favorables, es clave para asegurar la atención continua de la demanda interna.
Al analizar la procedencia de esta gran cosecha, un dato revelador del nuevo mapa agrícola es el liderazgo de la región San Martín, que concentra el 27% de la producción nacional, superando a zonas costeras históricas como Piura (14%), Lambayeque (12%) y La Libertad (10%).
Sin embargo, mantener esta estabilidad productiva exige precisión técnica. El agricultor se enfrenta hoy a un clima variable, con alternancia de sequías y lluvias intensas típicas de eventos como El Niño, el cual eleva la presión de enfermedades fúngicas y costos de producción.
El reto técnico: Eficiencia para asegurar el rendimiento
La rentabilidad de la campaña se define en la etapa final del cultivo. Proteger la hoja y el grano de patógenos resistentes es la única vía para que el esfuerzo de meses no se diluya antes de la cosecha.
«El cultivo de arroz enfrenta hoy condiciones climáticas muy variables que favorecen la aparición de enfermedades capaces de afectar el rendimiento final. El reto técnico está en proteger la sanidad de la planta justo en sus etapas decisivas. Por eso, el enfoque actual debe ser preventivo y eficiente, utilizando herramientas e innovación que aseguren que el esfuerzo invertido en el campo se traduzca en una cosecha segura y de calidad para el mercado nacional», analiza Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.
Para responder a este desafío, la industria ha introducido innovaciones como la molécula Isopropanol-Azol, la cual cuenta con una estructura flexible que se adapta y sujeta mejor al hongo para detener su ataque de inmediato. Esta tecnología es el motor de Mibelya®, el fungicida de BASF diseñado para proteger al cultivo de enfermedades graves como: Tizón de la vaina (Rhizoctonia solani), Sarocladium (Sarocladium oryzae), Podredumbre de la vaina y Mancha Carmelita (Gaeumannomyces graminis) y proteger la inversión de la campaña frente al clima cambiante.
Rentabilidad y visión empresarial
Más allá del volumen, el agricultor peruano está migrando hacia un modelo de gestión más profesional y estratégica de su parcela. En este contexto, estrategias como «Cosecha Ganancias» de BASF se alinean con esta tendencia, organizando el manejo del cultivo según sus necesidades específicas en cada etapa del ciclo productivo.
Esta estrategia técnica y de negocio, permite acompañar al agricultor durante todo el ciclo del cultivo y contribuir a mejorar la productividad, calidad y rentabilidad de la cosecha. Se trata de un sistema integral BASF que combina conocimientos agronómicos, innovación y un fuerte portafolio de soluciones, diseñado para maximizar el potencial de cada cultivo: más kilos por hectárea (rendimiento), mejor calidad (atractividad), reducir riesgo de pérdidas (seguridad) y por ende incrementar la rentabilidad del agricultor.
Por ello, es fundamental lograr plantas fuertes y raíces sanas desde el inicio, para luego protegerlas en fases clave como el crecimiento y llenado del grano. Al controlar malezas que dañan la calidad del fruto, el manejo sanitario deja de ser una reacción ante problemas y pasa a ser una estrategia de eficiencia para asegurar la rentabilidad de la campaña.






