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¿Por qué el empresario PyME se siente tan cómodo apagando incendios?

Por Juan Carlos Valda

Hay una escena que se repite en las pequeñas y medianas empresas con una regularidad que ya no sorprende a nadie, excepto, quizás, al propio empresario que la protagoniza. La jornada arranca con urgencias, sigue con urgencias y termina con la sensación de que se hizo mucho, aunque no necesariamente lo que importaba. Problemas que aparecen de improviso, decisiones que nadie más puede tomar, conflictos que esperan resolución inmediata y una agenda que nunca termina de vaciarse. Todo eso se ha convertido, en muchas PyMEs, en algo parecido a una descripción del trabajo del dueño.

La pregunta que pocas veces se hace con honestidad es si eso representa un problema externo —el mercado, los clientes, los empleados, la coyuntura— o si hay algo más profundo operando por debajo: una forma de dirigir que, sin que nadie lo haya decidido conscientemente, convirtió el caos en el estado natural de la empresa y al empresario en su bombero permanente.

La adrenalina de la crisis: cuando resolver se convierte en identidad

Cuando surge una crisis, el empresario entra en un modo que conoce bien: el modo héroe. Hay un problema que solo él puede resolver, hay presión, hay velocidad y hay una satisfacción inmediata cuando todo vuelve a su lugar. Esa dosis de adrenalina no es inocente; con el tiempo, puede volverse adictiva de maneras que el propio empresario no siempre reconoce. Resolver problemas en tiempo real da la sensación de estar controlando la situación, de ser necesario, de que la empresa funciona gracias a su presencia constante. Lo que esa sensación esconde es que, mientras se atiende la crisis del momento, el tiempo para pensar el negocio a fondo sigue sin aparecer.

El verdadero liderazgo no consiste en resolver problemas en tiempo real, sino en construir una empresa que los prevenga antes de que ocurran. Esa diferencia, que parece sencilla de enunciar, es extraordinariamente difícil de incorporar cuando durante años el rol del dueño se fue definiendo en torno a la urgencia. El problema con el modo bombero no es solo que agota; es que, mientras el empresario apaga incendios, la empresa no construye los sistemas que evitarían que vuelvan a producirse.

La falta de planificación como hábito instalado

Muchas PyMEs empezaron con un objetivo simple: sobrevivir. En esa etapa, la planificación a largo plazo es casi un lujo; lo que importa es cerrar la venta, cobrar, pagar y volver a empezar. El problema es que ese modo de funcionamiento, que tiene sentido en los primeros años, suele quedarse instalado mucho más tiempo del necesario. La empresa crece, pero la lógica con la que se la dirige no evoluciona al mismo ritmo. Entonces el empresario sigue tomando decisiones de cortísimo plazo en una organización que ya tiene una complejidad que requeriría mirada estratégica.

El que no planifica no elige el futuro que quiere construir; simplemente reacciona al futuro que le llega. Y en esa reacción permanente, los problemas no se anticipan sino que se reciben de improviso, lo que los convierte automáticamente en crisis personales del dueño. La improvisación, lejos de ser una virtud en este contexto, se transforma en la excusa perfecta para no mirar de frente los problemas estructurales del negocio: es más cómodo resolver el incendio de hoy que sentarse a preguntarse por qué la empresa sigue quemándose.

El miedo a delegar: cuando el control se convierte en trampa

Existe una creencia muy arraigada en las PyMEs que suena razonable pero que, con el tiempo, se convierte en uno de los mayores frenos al crecimiento: si no lo hago yo, no se hace bien. Esa convicción lleva al empresario a convertirse en el cuello de botella de su propia organización, tomando decisiones de todo tipo —desde asuntos estratégicos hasta detalles operativos mínimos— hasta que la fatiga mental no le deja espacio para pensar en lo que realmente importa.

Vale la pena hacer una distinción importante aquí: el miedo a delegar muchas veces no nace de la desconfianza en las personas, sino de algo más profundo. Delegar de verdad implica aceptar que otro puede tomar decisiones distintas a las que uno hubiera tomado, y que eso no necesariamente es un error. Cuando la empresa aprendió durante años que toda decisión relevante debe volver al dueño, cambiar esa dinámica requiere algo más que buena voluntad: requiere definir qué se delega, con qué criterio, con qué margen de decisión y con qué seguimiento. Sin esa construcción, la tarea viaja hacia abajo pero la responsabilidad vuelve hacia arriba, y el empresario sigue siendo el bombero aunque haya prometido dejar de serlo.

La zona de confort del caos: evitar el cambio desde adentro

Aunque parezca contradictorio, el caos puede volverse una zona de confort. Cuando el empresario lleva suficiente tiempo operando en modo crisis, la urgencia se convierte en lo conocido y lo conocido se percibe como seguro, aunque sea agotador. Cambiar la forma en que se dirige una empresa no es ordenar un organigrama en una presentación; es tocar hábitos, privilegios, formas históricas de decidir y zonas de comodidad que llevan años instaladas. Por eso muchos empresarios saben intelectualmente que deberían operar de otra manera, pero no terminan de dar el paso: en el fondo, el caos conocido les resulta menos aterrador que el orden desconocido.

Hay también una racionalización que ayuda a sostener ese statu quo: mientras el empresario corre de un lado a otro resolviendo problemas, se siente productivo. La actividad constante genera la ilusión de avance. Lo que no siempre se pregunta es si esa actividad está construyendo algo o simplemente sosteniendo lo que ya existe. Una empresa que crece realmente no depende de que su dueño esté disponible para cada decisión; depende de que existan criterios, procesos y personas capaces de resolver sin necesidad de consultar permanentemente al centro.

Las consecuencias que se ven y las que no

El desgaste del empresario que vive apagando incendios es la consecuencia más evidente, pero no la única. El equipo que trabaja junto a un líder permanentemente en modo crisis también adopta una mentalidad reactiva: aprende a esperar instrucciones en lugar de tomar iniciativa, a resolver el problema inmediato en lugar de pensar en la causa de fondo, a sobrevivir el día en lugar de construir el negocio. Esa cultura reactiva se instala silenciosamente y, una vez instalada, es difícil de revertir porque no tiene un momento de inicio claro; simplemente fue el resultado de miles de pequeñas decisiones cotidianas.

A nivel empresarial, la consecuencia más costosa es lo que no pasa: las oportunidades que no se aprovechan porque el foco siempre está en el problema inmediato, la mejora que no se implementa porque nunca hay tiempo para pensar más allá de la semana, el crecimiento ordenado que se posterga indefinidamente porque la empresa funciona siempre al límite de su capacidad de respuesta. Una empresa dirigida permanentemente en modo crisis no fracasa necesariamente, pero tampoco llega a su verdadero potencial. Se mantiene en modo supervivencia cuando podría estar en modo construcción.

Del bombero al estratega: un cambio que se construye

El punto de partida es reconocer que el empresario no llegó a este punto por incapaz. Muchas veces llegó exactamente, por lo contrario: por su capacidad de trabajo, por su intuición para resolver problemas, por su respuesta rápida ante las dificultades. El problema es que esas mismas virtudes, cuando la empresa crece, pueden transformarse en límites si no se convierten en sistema, método y equipo. Lo que funcionó en la etapa de arranque puede ser lo que frena la etapa siguiente.

La planificación estratégica no es un evento que se realiza una vez al año en una reunión de directorio. Es el hábito de preguntarse regularmente hacia dónde va la empresa, qué decisiones están alineadas con ese rumbo y cuáles solo responden a la urgencia del momento. Incorporar ese hábito implica reservar tiempo real en la agenda —no el tiempo que sobra cuando se termina de apagar el último incendio, porque ese tiempo nunca llega— y tratarlo con la misma seriedad con la que se trata una negociación importante con un cliente.

La delegación, por su parte, exige un trabajo de construcción que va más allá de repartir tareas. Implica definir roles con claridad, establecer criterios de decisión compartidos, formar a las personas para que puedan asumir responsabilidades reales y tolerar —con seguimiento— que cometan errores mientras aprenden. Un buen líder no es el que resuelve todos los problemas; es el que construye un equipo que puede resolver la mayoría de ellos sin necesidad de consultarle a cada paso.

Finalmente, la gestión proactiva requiere información. No es posible anticiparse a los problemas si no se sabe dónde está parada la empresa en cada momento. Implementar indicadores clave que se revisen con regularidad no es burocracia; es la única forma de pasar de una empresa que reacciona a lo que ya ocurrió a una empresa que actúa sobre lo que está ocurriendo y se prepara para lo que puede ocurrir.

Para terminar

Apagar incendios puede hacer sentir al empresario que está en el centro de la acción, que su presencia es indispensable y que la empresa no funcionaría sin él. Esa sensación tiene algo de verdad en determinados momentos, pero cuando se convierte en el modo permanente de operar, deja de ser una virtud y empieza a ser un problema. Una empresa que depende demasiado de que su dueño esté presente para resolver cada cosa no tiene un dueño: tiene un rehén.

El pasaje del bombero al estratega no se produce de un día para el otro y no se resuelve con buena voluntad sola. Se construye con decisiones sostenidas, con conversaciones difíciles, con la disposición a cambiar una forma de dirigir que alguna vez fue útil pero que hoy se convirtió en límite. El empresario que da ese paso no pierde control; encuentra la diferencia entre una empresa que lo necesita para sobrevivir y una empresa que puede crecer porque él decidió mirar más lejos que el próximo incendio.

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Producción de petróleo en el Perú cae 79% en 34 años y evidencia crisis del sector, advierte SPH

La Sociedad Peruana de Hidrocarburos señaló que el agotamiento de reservas y la demora en permisos han frenado la inversión en exploración y limitado la recuperación del sector.

La producción de petróleo en el Perú se redujo en 79% durante los últimos 34 años, una contracción que evidencia la profunda crisis que atraviesa el sector hidrocarburos y la necesidad urgente de reactivar la exploración en el país.

Así lo señaló la directora ejecutiva de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH), Patricia Figueroa, durante su participación en el Encuentro Económico Región Loreto, organizado por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP).

La ejecutiva explicó que esta caída está asociada al agotamiento progresivo de las reservas y a la baja incorporación de nuevos proyectos exploratorios, pese al potencial hidrocarburífero existente en distintas zonas del país.

Permisos y regulación frenan nuevas inversiones

Figueroa advirtió que, si bien en los últimos años se han firmado contratos con empresas del sector, la alta carga regulatoria continúa limitando la llegada de nuevas inversiones.

Indicó que los procesos para obtener permisos de exploración pueden demorar hasta cuatro años en el Perú, mientras que en otros países productores estos trámites se completan en aproximadamente seis meses, lo que genera una desventaja competitiva significativa.

Esta situación, agregó, no solo retrasa la incorporación de nuevas reservas de petróleo y gas, sino que también reduce la capacidad del país para atraer capitales al sector energético.

Lote 192 y potencial sin desarrollar en la selva norte

La representante de la SPH destacó que aún existen oportunidades relevantes para revertir la tendencia, especialmente en la selva norte del país.

Como ejemplo, mencionó el Lote 192, considerado uno de los activos petroleros más importantes del Perú, con una extensión de 512,000 hectáreas. Este lote tendría un potencial estimado de 127 millones de barriles de petróleo y una producción potencial cercana a los 12,000 barriles diarios.

Sin embargo, gran parte de este potencial continúa sin desarrollarse debido a la limitada actividad exploratoria y a la falta de inversiones sostenidas.

Reservas y oportunidad energética para el país

Figueroa precisó además que la selva norte concentra reservas probables cercanas a los 290 millones de barriles, lo que representa una oportunidad clave para fortalecer la seguridad energética del país y dinamizar las economías regionales.

En esa línea, sostuvo que es necesario atraer inversión privada y simplificar los procesos regulatorios para viabilizar nuevos proyectos en el sector. “La región necesita una reactivación urgente”, enfatizó.

Finalmente, la ejecutiva consideró que una recuperación del sector hidrocarburos permitiría no solo incrementar la producción nacional, sino también generar empleo, impulsar inversiones y reducir la dependencia de importaciones energéticas.

Marcobre produjo más de 130 mil toneladas de cobre en 2025 y elevó 5% su producción

La minera presentó su Memoria Integrada 2025, donde también destacó avances en seguridad, sostenibilidad, gobernanza y valor compartido en su operación en Marcona.

Marcobre presentó su Memoria Integrada 2025, en la que reportó una producción de 130,964 toneladas finas de cobre, cifra que representa un crecimiento de 5% respecto a 2024.

Este resultado consolida el aporte de la compañía al desarrollo de la industria minera y a la economía nacional, en un contexto de fortalecimiento de la producción cuprífera en el país.

Compromiso con estándares internacionales y sostenibilidad

“Estas acciones reflejan nuestro compromiso con una minería responsable, alineada a estándares internacionales como el Consejo Internacional de Minería y Metales (ICMM) y The Copper Mark, así como a los valores que nos rigen tales como compromiso, seguridad y responsabilidad”, señaló Ángela Ruiz de Somocurcio, gerente Legal, Cumplimiento y Permisos de Marcobre.

La compañía destacó que su gestión se basa en cuatro ejes: seguridad y salud, cuidado ambiental, gobernanza responsable y valor compartido.

Seguridad: cero accidentes fatales y menor índice de lesiones

En materia de seguridad y salud, Marcobre registró cero accidentes fatales en sus operaciones y alcanzó un índice de frecuencia de lesiones (IFLR) de 0.59 por millón de horas-hombre trabajadas, el más bajo de su historia.

Además, la empresa reforzó su cultura preventiva con más de 350 mil horas de capacitación en seguridad y salud, y obtuvo el reconocimiento internacional “Placa de Plata” otorgado por SafeStart.

Impacto social y valor compartido en Marcona

En el ámbito social, la minera alcanzó un 97% de aceptación en Marcona, impulsada por programas enfocados en educación, salud, infraestructura y desarrollo productivo.

Asimismo, generó 740 empleos locales y promovió intercambios comerciales por más de US$ 4.2 millones con empresarios del distrito, además de fortalecer la inclusión laboral, con 12.8% de participación femenina en su planilla.

Desempeño ambiental y gobernanza

En materia ambiental, Marcobre reportó cero incidentes significativos y avances como el reciclaje del 41.4% de residuos peligrosos y el 85.8% de residuos no peligrosos, además de mejoras en la gestión de relaves.

En gobernanza, la empresa informó la certificación ISO 37001 en gestión antisoborno, la capacitación del 100% de colaboradores, clientes y proveedores en políticas anticorrupción y el fortalecimiento de su canal de integridad gestionado por un tercero independiente.

IIMP: institucionalidad y lucha contra minería ilegal son clave para atraer inversiones

El presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, Juan Carlos Ortiz, advirtió que la estabilidad jurídica y el combate a la minería ilegal son esenciales para convertir la riqueza minera en desarrollo sostenible.

El presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), Juan Carlos Ortiz, señaló que fortalecer la institucionalidad y combatir la minería ilegal son condiciones indispensables para atraer inversiones en el sector y transformar la riqueza mineral en desarrollo sostenible.

Ortiz explicó que, en un contexto global de creciente demanda de minerales críticos y transformación de la industria minera, el Perú debe consolidar un entorno de estabilidad y seguridad jurídica para aprovechar las oportunidades de inversión.

“La inversión buscará aquellos destinos que ofrezcan estabilidad, seguridad jurídica, instituciones sólidas y capacidad para ejecutar proyectos de manera eficiente y responsable”, afirmó en su columna del Semáforo Minero.

Riesgos de la burocracia y la incertidumbre regulatoria

El titular del IIMP advirtió que la excesiva burocracia, la incertidumbre regulatoria y la falta de articulación institucional pueden restar competitividad al país frente a otras economías que avanzan con mayor rapidez en la atracción de capitales.

En esa línea, reiteró que fortalecer la institucionalidad y combatir la minería ilegal son pilares fundamentales para sostener el crecimiento del sector.

Rol del próximo gobierno en el sector minero

Ortiz sostuvo además que el próximo gobierno deberá asumir un rol decisivo para enfrentar la ilegalidad y promover una minería moderna y responsable.

Consideró que los procesos de formalización deben recuperar su propósito original y evitar ser utilizados como mecanismos de protección para actividades al margen de la ley.

Exportaciones regionales crecieron 40% en el primer cuatrimestre y sumaron US$ 30,886 millones

El crecimiento fue impulsado por mayores envíos mineros y agropecuarios desde 20 regiones del país, según datos del Mincetur.

Las exportaciones desde las regiones del Perú registraron un crecimiento de 40% interanual en el primer cuatrimestre de 2026, alcanzando un total de US$ 30,886 millones en envíos desde el interior del país, según información del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur).

De acuerdo con el reporte oficial, 20 regiones incrementaron sus exportaciones en este periodo, entre ellas Huánuco, Amazonas, Huancavelica, Cajamarca, Madre de Dios, Arequipa, Puno, Áncash, Junín, La Libertad, Apurímac, Lambayeque, Ica, Piura, Moquegua, Pasco, Ayacucho, Tumbes, Tacna y Cusco.

Norte lideró con mayor dinamismo minero y agroexportador

En la macrorregión norte, todas las regiones mostraron crecimiento. Destacaron Áncash (US$ 3,310.6 millones; +65%) por cobre, Cajamarca (US$ 1,476 millones; +54%) por oro y café, y La Libertad (US$ 2,600 millones; +46%) por oro, concentrados de plata, arándano y palta.

En Piura (US$ 1,218 millones; +9%), el desempeño fue impulsado por envíos de mango, oro y etanol.

Centro impulsado por minerales y agroexportaciones

En la macrorregión centro, el crecimiento estuvo asociado principalmente a mayores ventas de minerales y productos agropecuarios.

Huánuco registró el mayor incremento porcentual (US$ 164.8 millones; +931%) por zinc. Junín alcanzó US$ 2,174 millones (+60%) por cobre, oro, plomo y zinc, mientras que Ica sumó US$ 3,560.1 millones (+52%) impulsado por minerales y frutas como uva, palta y arándano.

Sur crece por mayores precios de minerales

En el sur del país, el crecimiento fue explicado principalmente por el alza de los precios de los minerales.

Arequipa registró US$ 4,098 millones (+68%) por cobre, oro y plomo. Puno alcanzó US$ 3,578 millones (+66%) por oro, quinua y café, mientras que Moquegua (US$ 2,054 millones; +26%), Apurímac (US$ 1,495.8 millones; +18%) y Tacna (US$ 939.3 millones; +11.4%) también mostraron avances.

Principales vías de salida de exportaciones

En el primer cuatrimestre, las exportaciones se canalizaron principalmente por el puerto del Callao (US$ 11,536 millones; +21.1%), el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez (US$ 9,825 millones; +67%) y el puerto de Matarani (US$ 4,638 millones; +50.1%).

Asimismo, el Terminal Portuario Multipropósito de Chancay continúa consolidándose como nueva ruta logística, al registrar US$ 255 millones (+206%).