Por Cristian Harnisch, gerente general de Foco en Obra
A diferencia de los diagramas de procesos convencionales, el Mapeo de Flujo de Valor (VSM) es una técnica que va más allá de listar tareas: ilustra la historia completa de un proyecto, desde la solicitud del cliente hasta la entrega final.
En la gestión de proyectos de construcción, donde los márgenes suelen ser estrechos, el VSM es vital porque actúa como una radiografía. No solo examina las tareas que aportan valor (como levantar un muro), sino que expone crudamente los inventarios detenidos, el movimiento excesivo de materiales y los tiempos de espera; desperdicios que a menudo pasan desapercibidos pero que drenan la rentabilidad.
Al analizar estos flujos de materiales y datos, localizamos los «cuellos de botella» y podemos diseñar un escenario futuro más eficiente. Es esta capacidad de revelar fallas lo que convierte al VSM en una de las primeras y más potentes herramientas al iniciar una transformación hacia el modelo Lean Construction.
Impacto real en la obra La aplicación sistemática del VSM impacta directamente los indicadores clave de desempeño (KPIs). Entre sus beneficios comprobados están:
- Aumento de la productividad y eficiencia operativa.
- Reducción drástica de inventarios y lead times.
- Mayor adaptabilidad ante imprevistos.
Para ponerlo en cifras: en una empresa de construcción, la implementación correcta de este mapeo podría reducir el tiempo total de un proyecto de 71 a 58 días, disminuir los costos de almacenamiento hasta en un 40% y mejorar la satisfacción del cliente al lograr entregas más predecibles.
Implementar el VSM de manera sistemática no es solo un ejercicio teórico; es una estrategia para lograr mejoras significativas en calidad y plazos, generando una ventaja competitiva duradera en un mercado cada vez más exigente.






