La Unión Europea aprobó una prohibición total al gas ruso desde 2027, una decisión que impactará precios, contratos y la seguridad energética del bloque.
La Unión Europea dio un paso decisivo en su estrategia de independencia energética al aprobar de forma definitiva el reglamento que prohíbe las importaciones de gas natural licuado ruso a partir de 2027 y fija la eliminación total del gas transportado por gasoducto hacia el otoño de ese mismo año. La medida marca un giro estructural en el mercado energético europeo y profundiza la desconexión con Rusia tras la invasión de Ucrania.
Un cambio estructural en el mercado energético europeo
El reglamento fue respaldado ampliamente por los Estados miembros, con excepción de Hungría y Eslovaquia, que votaron en contra, y Bulgaria, que se abstuvo. La normativa ya había sido aprobada por el Parlamento Europeo con una mayoría contundente y establece la prohibición de nuevos contratos de compra de GNL ruso pocas semanas después de su entrada en vigor.
Transición gradual y control del impacto económico
La Unión Europea optó por un enfoque progresivo para reducir el impacto sobre los precios y el abastecimiento. Los contratos vigentes contarán con un periodo transitorio, mientras que la prohibición total del GNL entrará en vigor a inicios de 2027 y la del gas por gasoducto en el último trimestre de ese año. Antes de autorizar nuevas importaciones, los países deberán verificar el origen del gas.
Sanciones y obligaciones para Estados y empresas
El incumplimiento de la normativa podrá derivar en sanciones de hasta 40 millones de euros para las empresas o el 3,5% de su facturación anual mundial. Además, los Estados miembros deberán presentar antes de marzo de 2026 planes nacionales de diversificación del suministro, mientras que las empresas estarán obligadas a notificar cualquier contrato restante de gas ruso.
Dependencia persistente y riesgos para la seguridad energética
Aunque la UE redujo drásticamente sus compras de petróleo y carbón ruso desde 2022, el gas continúa siendo un punto crítico. En 2025, el bloque pagó más de 15.000 millones de euros a Rusia por importaciones que representaron el 13% del gas consumido, principalmente en forma de GNL. Bruselas considera que esta dependencia mantiene expuesta a la Unión a riesgos comerciales y de seguridad energética.
Presiones externas y debate ambiental
El plan europeo adelantó plazos respecto a la propuesta inicial de la Comisión, en un contexto de presión de Estados Unidos para que la UE incremente la compra de GNL estadounidense. Paralelamente, organizaciones ambientalistas como Greenpeace cuestionaron que el bloque sustituya el gas ruso por combustibles fósiles provenientes de otros países, alertando sobre una dependencia energética que, según sostienen, solo cambia de proveedor.






