Economía circular: eficiencia que genera rentabilidad

Por Antonio Herrera Cabanillas

La economía circular no es un ejercicio moral ni una exigencia ambiental.

Durante mucho tiempo, hablar de sostenibilidad en el sector empresarial era sinónimo de cumplimiento normativo o de esfuerzos voluntarios orientados a mejorar la reputación corporativa. Sin embargo, el contexto actual —marcado por mercados más exigentes, consumidores más informados y riesgos operativos crecientes— ha transformado profundamente ese paradigma. Hoy, la sostenibilidad ya no es un apéndice del negocio: es una estrategia de eficiencia y competitividad.

En este escenario, la economía circular emerge como uno de los modelos más poderosos para generar valor. Lejos de ser un concepto ambientalista o una tendencia pasajera, la circularidad se ha consolidado como una herramienta empresarial que optimiza costos, incrementa la resiliencia y abre nuevas oportunidades económicas.

La premisa es simple: en lugar de producir–usar–desechar, las empresas encuentran nuevas formas de reducir desperdicios, extender la vida útil de productos y convertir residuos en recursos. Y en un mundo donde los insumos se encarecen y las cadenas de suministro enfrentan interrupciones constantes, esta lógica deja de ser deseable y se vuelve imprescindible.

De residuo a recurso: el nuevo lenguaje de la eficiencia

De acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur, la transición hacia modelos circulares podría generar beneficios económicos de hasta 4,5 billones de dólares a 2030. No se trata de teorías: se trata de productividad.

El Banco Mundial estima que los países y empresas que implementen estrategias de reducción de residuos podrían obtener ahorros de hasta el 25% en costos operativos, especialmente en sectores intensivos como minería, agroindustria, construcción y manufactura.

La circularidad permite identificar ineficiencias que antes pasaban desapercibidas: embalajes innecesarios, subproductos sin aprovechar, energía mal gestionada, inventarios ociosos, compras poco estratégicas. Cada desperdicio oculto representa un margen de utilidad perdido.

Empresas como Toyota, Philips y Unilever han transformado residuos en líneas de negocio rentables: desde el reacondicionamiento de equipos hasta modelos de servitización donde ya no venden un producto, sino un servicio. La lógica es clara: menos desperdicio, más valor; menos costos, más resiliencia.

Latinoamérica: un potencial subestimado

Aunque la región aún enfrenta desafíos estructurales, su potencial para la economía circular es enorme. La CEPAL destaca que América Latina podría reducir hasta un 40% de sus residuos industriales mediante modelos de simbiosis industrial —donde los residuos de una empresa se convierten en insumos para otra—.

En países como Brasil, Chile y Colombia ya se han implementado parques ecoindustriales que reducen significativamente costos logísticos, energía y materiales. Perú está dando pasos importantes en sectores como minería, agroexportación y alimentos, donde las oportunidades para la valorización de residuos son enormes.

Ejemplos locales incluyen empresas que transforman desechos agrícolas en biofertilizantes, reaprovechan aguas industriales o convierten subproductos mineros en materiales de construcción. Cada una de estas iniciativas no solo reduce impacto ambiental: genera nuevos ingresos y fortalece cadenas de valor.

Consumidores y mercados que premian la eficiencia

Los consumidores están transformando el mercado. Según el PwC Consumer Insights Survey (2023), el 70% de los compradores está dispuesto a pagar más por productos sostenibles, siempre que la evidencia sea verificable. Y no es menor: la Unión Europea y otros mercados claves están implementando regulaciones que exigen trazabilidad ambiental, producción limpia y reducción de residuos.

Esto significa que las empresas que ignoran la economía circular no solo pierden eficiencia; también pierden acceso a mercados internacionales.

Al contrario, aquellas que adoptan modelos circulares obtienen ventajas competitivas tangibles: pueden demostrar menor huella ambiental, diferenciarse frente al consumidor, y optimizar su cadena de valor para competir globalmente.

Innovación: el motor oculto de la circularidad

La economía circular no consiste únicamente en reciclar, sino en innovar. Implica rediseñar productos, procesos y modelos de negocio. Y en ese camino, abre espacio para nuevas capacidades empresariales:

  • Ecodiseño: productos más durables, reparables y eficientes.
  • Nuevos servicios: alquiler, mantenimiento, reacondicionamiento, suscripciones.
  • Trazabilidad digital: blockchain, IoT y análisis de datos para gestionar flujos de materiales.
  • Eficiencia energética e hídrica: tecnologías que optimizan recursos y reducen costos.

Según McKinsey (2022), las empresas que integran innovación circular incrementan su productividad entre 10% y 30%. La razón es sencilla: la circularidad obliga a cuestionar inercias, eliminar ineficiencias y pensar distinto.

En un contexto donde cada punto porcentual en costos hace la diferencia, este tipo de innovación es pura competitividad.

No es solo ambiente: es estrategia de negocio

Uno de los mitos más extendidos es que la economía circular es “cara”. La evidencia demuestra lo contrario: lo costoso es mantener modelos lineales que dependen de recursos cada vez más escasos y volátiles.

Por ejemplo:

  • Las interrupciones globales de suministros han incrementado el precio de materias primas hasta un 80% en algunos sectores.
  • El costo de gestionar residuos industriales ha aumentado hasta 25% en cinco años.
  • Las exigencias regulatorias son cada vez más estrictas y penalizan con mayor fuerza a quienes no tienen estrategias de circularidad.

La circularidad permite anticipar riesgos, reducir costos y adaptarse a un entorno cada vez más competitivo. En términos simples: ser circular es ser más rentable.

Conclusión: la nueva frontera de la rentabilidad

La economía circular no es un ejercicio moral ni una exigencia ambiental. Es una estrategia empresarial que mejora la competitividad, reduce costos y genera nuevas oportunidades de crecimiento.

Las compañías que adopten este modelo no solo estarán alineadas con los mercados del futuro: estarán mejor preparadas para resistir crisis, innovar más rápido y aprovechar recursos que otros siguen desperdiciando.

En un mundo donde cada vez más se valora la eficiencia, la circularidad no es una opción: es la nueva frontera de la rentabilidad sostenible. Quienes la entiendan a tiempo serán los líderes del mercado que viene.