La recomendación para las empresas es abordar este escenario como un riesgo tanto operativo como financiero.
El conflicto en Medio Oriente volvió a convertirse en un riesgo económico global porque afecta rutas por donde circulan energía y mercancías clave para el comercio mundial. La Administración de Información de Energía de EEUU estima que en 2024 por el Estrecho de Ormuz transitó el equivalente a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos de petróleo y alrededor del 20% del comercio global de gas natural licuado. Asimismo, por esa zona pasa también cerca del 11% del comercio mundial.
En este contexto, Robert Abad FX Trader de Rextie, explica que los conflictos en zonas estratégicas suelen generar efectos inmediatos en el comercio internacional. “Cuando aumentan las tensiones en puntos clave para el tránsito de energía y mercancías, el impacto no solo se observa en los precios del petróleo, sino también en la estabilidad de las cadenas logísticas y en los costos asociados al comercio global”, señaló.
El primer efecto se observa en las rutas marítimas estratégicas. El FMI señala que el Canal de Suez es la vía más corta entre Asia y Europa y que normalmente concentra alrededor del 15% del comercio marítimo mundial; cuando sube el riesgo, más navieras optan por rodear África. De hecho, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo reportó que, a mayo de 2025, el tonelaje que cruzaba Suez seguía 70% por debajo del promedio de 2023, señal de que los desvíos todavía alteran la logística global.
Según el especialista , estos cambios en las rutas marítimas tienen consecuencias directas para las empresas que dependen del comercio exterior. “Cuando las navieras deben modificar sus rutas, se generan mayores tiempos de tránsito, presión sobre los fletes y ajustes en los costos logísticos. Esto obliga a las empresas a revisar su planificación de importaciones y exportaciones”, indicó.
El segundo efecto es el aumento del costo logístico total y de los tiempos de entrega. Los desvíos implican más días de navegación, mayor consumo de combustible y más presión sobre fletes y seguros; el Banco Mundial advierte que una reactivación de tensiones geopolíticas puede elevar tanto los gastos de envío como las primas de seguro. Además, el mercado energético ya refleja una presión mayor: la Administración de Información de EEUU reportó que el Brent cotizaba alrededor de US$96 por barril el 6 de marzo de 2026 con un alza diaria de 8,1%.
Para Perú, el impacto es concreto por la exposición comercial a Asia y Europa. El BCRP informó que en 2025 las importaciones desde Asia sumaron US$25.197 millones y desde la Unión Europea US$5.350 millones; además, las exportaciones no tradicionales hacia la Unión Europea alcanzaron US$5.506 millones. En ese contexto, los importadores enfrentan riesgo de mayores costos de reposición y abastecimiento, mientras que los exportadores pueden tener más presión para cumplir plazos, embarques y contratos pactados.
En ese sentido, el ejecutivo recomienda que las empresas incorporen el riesgo geopolítico dentro de su planificación financiera y logística. “Las compañías que participan en comercio exterior deben considerar escenarios de volatilidad en costos logísticos, energía y tipo de cambio. Por eso es clave recalcular tiempos de tránsito, revisar inventarios de seguridad y evaluar rutas o proveedores alternativos”, sostuvo.
La recomendación para las empresas es abordar este escenario como un riesgo tanto operativo como financiero. Resulta clave recalcular los tiempos de tránsito, revisar los niveles de inventario de seguridad, evaluar rutas y proveedores alternativos, y asegurar la liquidez necesaria para cubrir mayores requerimientos de capital de trabajo. Asimismo, se sugiere incorporar el riesgo geopolítico dentro de la planificación estratégica de la cadena de suministro.






