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jueves, marzo 12, 2026
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Chile: Innovación agrícola permite producir uva de mesa usando casi 50% menos agua

Un proyecto impulsado por el INIA y Corfo en Chile demuestra que el uso de sensores y datos meteorológicos puede reducir significativamente el consumo hídrico en parronales sin afectar la calidad de la fruta destinada a exportación.

La uva de mesa es uno de los cultivos más emblemáticos de la zona central de Chile y un pilar de su sector agroexportador. Con cerca de 24 mil hectáreas plantadas a nivel nacional y alrededor de 90% de la producción destinada a mercados internacionales, la eficiencia productiva se ha convertido en un factor clave para mantener la competitividad del rubro.

En este contexto, la escasez hídrica que afecta a gran parte del país ha impulsado iniciativas orientadas a optimizar el uso del agua sin comprometer la calidad de la fruta. Una de ellas es el proyecto “Uso eficiente del agua en nuevas variedades y portainjertos de uva de mesa en la zona central de Chile a través de la demostración y el uso de tecnología de sensores”, impulsado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) La Cruz junto con Corfo Valparaíso.

La iniciativa forma parte del Programa de Absorción Tecnológica para la Innovación (PATI) y busca demostrar que es posible reducir de manera significativa el consumo de agua en los parronales sin afectar la producción ni su estándar exportador.

Sensores para optimizar el riego agrícola

El proyecto involucra directamente a diez agricultores de la zona central de Chile, quienes cuentan con unidades demostrativas instaladas en sus propios predios. Allí, el equipo de investigación liderado por el doctor Carlos Zúñiga Espinoza aplicó una estrategia experimental centrada exclusivamente en modificar el manejo del riego.

Para ello se instalaron sensores de humedad en el suelo y se incorporaron datos provenientes de estaciones meteorológicas, lo que permitió calcular con precisión la reposición de agua que requieren las plantas.

El resto del manejo agrícola —como fertilización, control de plagas, manejo del dosel y labores productivas habituales— se mantuvo sin cambios respecto al sistema tradicional utilizado por los agricultores.

Los primeros resultados de la primera temporada del proyecto muestran cifras alentadoras. En una de las unidades evaluadas, el sistema de riego optimizado mediante sensores utilizó 2.943 metros cúbicos de agua por hectárea hasta la cosecha, mientras que el manejo tradicional del productor empleó 5.700 metros cúbicos por hectárea en el mismo período.

Logramos disminuir casi a la mitad la cantidad de agua en ese campo”, explicó Zúñiga. El investigador señaló que el impacto de esta reducción sería aún mayor si se replicara a gran escala. Según sus estimaciones, si ese ahorro se aplicara en mil hectáreas, el volumen de agua reservado podría abastecer a cerca de 40 mil personas durante un año.

La calidad de la fruta, el factor decisivo

Para los productores de uva de mesa, sin embargo, la eficiencia hídrica es solo parte del desafío. La verdadera prueba es mantener la calidad de la fruta, especialmente considerando que la mayor parte de la producción chilena se exporta.

Los racimos deben resistir viajes marítimos de hasta 30 días y conservar sus condiciones comerciales tras salir de las cámaras de frío en destino.

Por ello, el proyecto ha entrado en su fase más decisiva. Las muestras de uva provenientes tanto del sistema de riego eficiente como del manejo tradicional fueron enviadas al laboratorio de postcosecha de la Universidad de Chile.

Allí se analizan parámetros clave para la exportación, como calibre, firmeza, contenido de azúcares (grados Brix), color y estado del raquis. Los resultados permitirán determinar si la fruta producida con menos agua mantiene el estándar requerido por los mercados internacionales.

Transferencia tecnológica para el sector agrícola

Más allá de los resultados productivos, el proyecto también busca impulsar un cambio en la gestión del riego dentro del sector frutícola. El objetivo es que los productores adopten de manera permanente herramientas tecnológicas como sensores de suelo y estaciones meteorológicas para tomar decisiones más precisas.

Actualmente se estima que menos del 10% de los productores de uva de mesa utiliza este tipo de tecnologías. Incluso entre quienes cuentan con estos equipos, muchos no aprovechan completamente su potencial debido a la dificultad para interpretar los datos.

Hay equipos botados porque la gente no les ve el beneficio o no entiende cómo usarlos”, advierte Zúñiga.

Por ello, el equipo del INIA trabaja también en simplificar la información generada por los sensores, de modo que los agricultores puedan utilizarla fácilmente en la gestión diaria del riego.

Las acciones de transferencia tecnológica incluyen días de campo, materiales de divulgación y acompañamiento técnico directo con los agricultores participantes, con el objetivo de replicar posteriormente la experiencia en otros predios de la región.

Mientras el sector frutícola espera los resultados finales del laboratorio, la reducción cercana al 50% en el uso del agua ya representa un avance relevante. La interrogante ahora es si la uva de mesa chilena podrá mantener su competitividad exportadora utilizando solo la mitad del recurso hídrico.