Por Diego González, CEO de Defontana
En la actualidad, son casi 90 países en todo el mundo los que ya han implementado, o están en proceso de implementar, la facturación electrónica para fines tributarios, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Chile ha liderado esta transformación digital.
Así es: La factura electrónica en el país está cumpliendo 25 años. Pionera en la región, sin duda, fue el punto de partida para sentar las bases de un sistema tributario adelantado y moderno, la piedra angular de un modelo avanzado que hoy se ha transformado en un ecosistema digital eficiente y fiscalizable, basado en datos fidedignos y trazables. Claramente, una hazaña.
Esto ha permitido reducir la evasión y optimizar el cumplimiento, pero también consolidar los documentos tributarios electrónicos (DTE) y su integración en los sistemas de gestión empresarial (ERP), lo que se traduce en un ahorro significativo en costos de emisión, impresión y almacenamiento, automatización contable instantánea y actualización automática de inventarios.
Lo cierto es que una solución 100% web, segura y en la nube permite gestionar DTEs, optimizar tiempos operativos, facilitar el factoring y mejorar la precisión en la gestión comercial, entre otras ventajas.
Asimismo, la digitalización del ecosistema tributario ha tenido un importante impacto en la sustentabilidad, al eliminar el uso del papel, el almacenamiento y el traslado, reduciendo en más de un 60% la huella de carbono del ciclo de vida del documento. De hecho, se estima que cada millón de facturas electrónicas evita la tala de unos 100 árboles, ahorra millones de litros de agua y reduce significativamente las emisiones de CO2.
Hoy, los desafíos de este ecosistema apuntan a la integración de la Inteligencia Artificial (IA) para soluciones más eficientes, adaptables, interoperables y flexibles que permitan no solo una gestión eficiente y apegada a la normativa, sino también y sobre todo preventiva.
Ciertamente, la IA es un tremendo aporte a la evolución de este ecosistema digital, siendo capaz de procesar información en tiempo real y detectar inconsistencias antes de que se conviertan en problemas.
En efecto, hoy existen sistemas que pueden generar DTEs conectados directamente a la autoridad fiscalizadora, creando trazabilidad completa de cada operación, disminuyendo errores y facilitando un cumplimiento preventivo.
Ahora, lo que viene dependerá de cómo se integre esta tecnología para un ecosistema digital descentralizado e interoperable a nivel global que nos permita seguir innovando, creciendo y desarrollando nuevas oportunidades para, quizás, liderar una nueva hazaña.






