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lunes, octubre 19, 2026
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Uruguay eleva la tasa de interés al 6% tras aumento de la inflación a 4,7%

Uruguay y la decisión del Banco Central de elevar la tasa de interés.

El Banco Central de Uruguay elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos ante los riesgos asociados al encarecimiento de la energía y los alimentos, así como a las tensiones geopolíticas y climáticas.

Uruguay enfrenta nuevas presiones sobre los precios luego de que la inflación alcanzara el 4,7% en septiembre, por encima de la meta de 4,5% fijada por las autoridades económicas. Ante este escenario, el Banco Central del Uruguay (BCU) elevó su tasa de política monetaria de 5,75% a 6%, en una decisión preventiva orientada a evitar que los incrementos de precios se prolonguen y se trasladen a las expectativas inflacionarias.

El presidente del BCU, Guillermo Tolosa, explicó ante periodistas que la medida busca anticiparse a posibles riesgos. “La lógica que nos inspira es: mejor actuar a tiempo que actuar a destiempo”, señaló, al advertir que una intervención tardía podría exigir ajustes más intensos y generar mayores costos para la economía.

El aumento de la inflación en septiembre estuvo relacionado con el encarecimiento de los bienes importados, las frutas, las verduras y los combustibles. Según el Comité de Política Monetaria, las tensiones geopolíticas están impulsando al alza los precios de la energía, un factor que puede repercutir en otros productos y alimentar las expectativas de inflación.

Uruguay mantiene la inflación dentro del rango de tolerancia

Pese al incremento registrado en septiembre, el BCU señaló que no observa presiones inflacionarias generalizadas. En su comunicado, destacó la estabilidad de los precios de los bienes no transables, aquellos que no están expuestos directamente al comercio exterior, y valoró la resiliencia de la economía frente a los impactos sectoriales y climáticos.

El régimen monetario de Uruguay tiene una meta de inflación de 4,5%, con un rango de tolerancia de entre 3% y 6%. Las proyecciones oficiales apuntan a que el indicador permanecerá temporalmente por encima del objetivo, pero dentro de esos límites, antes de converger hacia el 4,5% al término del horizonte de política monetaria, establecido en dos años.

Las expectativas de inflación a 24 meses continúan relativamente alineadas con la meta. Los analistas las sitúan en 4,55%, los operadores financieros en 4,58% y las empresas en 5%. El promedio de las encuestas alcanza el 4,71%, un resultado que, según el BCU, refleja la confianza en el régimen de objetivos de inflación.

No obstante, las autoridades monetarias consideran que la persistencia de los riesgos geopolíticos y climáticos podría alterar la trayectoria prevista para los precios. Por ello, sostienen que la decisión no busca revertir directamente el impacto temporal del encarecimiento de la energía y los alimentos, sino limitar su persistencia y evitar que termine extendiéndose a otros bienes y servicios.

El BCU busca contener los riesgos inflacionarios

El incremento de la tasa sorprendió a parte del mercado, que esperaba que se mantuviera sin cambios. Tolosa aclaró que la decisión no implica necesariamente el inicio de un nuevo ciclo de alzas, sino una respuesta preventiva frente a un escenario internacional más incierto.

El ajuste mantiene la tasa en una fase expansiva, de acuerdo con la evaluación del banco central. La institución busca preservar la convergencia de la inflación hacia su objetivo sin reaccionar de manera excesiva a movimientos de precios que podrían ser transitorios.

La decisión también se produce en un contexto de presiones internacionales sobre los costos energéticos y de incertidumbre sobre la evolución de los precios de las materias primas. Estos factores pueden complicar el cumplimiento de las metas monetarias si se prolongan o terminan incorporándose a las decisiones de consumo, producción y fijación de precios.

Días antes del anuncio, el ministro de Economía, Gabriel Oddone, había considerado esperable un ajuste de la tasa ante el mayor estrés del entorno internacional. El funcionario sostuvo que los niveles de inflación registrados a comienzos de año no eran sostenibles ni deseables para el banco central, por lo que remarcó la necesidad de vigilar la evolución del indicador.

Oddone también señaló que el aumento de los precios es un fenómeno extendido internacionalmente y defendió las medidas del Gobierno para amortiguar el impacto del encarecimiento de los combustibles.

La evolución de la inflación y de las expectativas será determinante para las próximas decisiones monetarias de Uruguay. Por ahora, el BCU busca evitar que los shocks externos se conviertan en presiones persistentes, mientras mantiene el objetivo de llevar la inflación hacia el 4,5% en el horizonte previsto.