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martes, octubre 27, 2026
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Liderar en tiempos de complejidad

Por Mariangel Molina, Strategic People Business Partner Chile y Perú, Arcadis

Las organizaciones peruanas enfrentan hoy un escenario muy distinto al de hace una década. Los proyectos son cada vez más complejos, los mercados cambian con mayor rapidez y las decisiones requieren considerar variables técnicas, ambientales, sociales, regulatorias y tecnológicas al mismo tiempo. En este contexto, resulta cada vez más difícil encontrar desafíos que puedan resolverse desde una sola especialidad.

Esta realidad ha transformado la manera de conformar equipos, pero también la forma de liderarlos. Hoy es habitual que profesionales de distintas disciplinas, generaciones e incluso países, trabajen juntos para alcanzar un mismo objetivo. Sin embargo, reunir talento diverso es apenas el primer paso. El verdadero desafío consiste en lograr que esas diferencias se conviertan en una fortaleza y no en una barrera.

Solemos hablar de la diversidad como una ventaja competitiva, pero pocas veces reconocemos que también genera tensión. Cuando personas con experiencias, conocimientos y formas de pensar distintas participan en una misma discusión, es natural que surjan desacuerdos, y eso no necesariamente es un problema.

De hecho, las mejores soluciones rara vez nacen de equipos donde todos comparten la misma mirada. La innovación suele surgir cuando las ideas se contrastan, se cuestionan y se enriquecen mutuamente. Por ello, uno de los errores más comunes en el liderazgo es intentar acelerar los consensos eliminando las diferencias. Cuando esto ocurre, también se pierde gran parte del valor que aporta la diversidad de perspectivas.

Frente a este escenario, el liderazgo exige nuevas capacidades. La escucha activa, la empatía y la habilidad para generar confianza se han convertido en competencias tan importantes como el conocimiento técnico. Los líderes ya no necesitan tener todas las respuestas; necesitan crear las condiciones para que las mejores respuestas puedan construirse colectivamente.

Esto cobra aún más relevancia en equipos multiculturales. En un mundo cada vez más conectado, es habitual colaborar con personas de diferentes países, contextos y formas de trabajo. Estas diferencias enriquecen la conversación y amplían la capacidad de entender los desafíos desde distintas perspectivas. Sin embargo, para aprovechar ese potencial es necesario fomentar una cultura donde todas las voces puedan participar y sentirse valoradas.

Quizás esa sea una de las mayores transformaciones del liderazgo moderno. Ya no se trata de dirigir personas que piensan igual, sino de conectar personas que piensan diferente. En un entorno donde la complejidad seguirá aumentando, la capacidad de construir puentes entre disciplinas, culturas y experiencias será cada vez más determinante para el éxito de las organizaciones.

Porque liderar no consiste en tener la última palabra, consiste en lograr que distintas voces encuentren una dirección común.