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miércoles, octubre 28, 2026
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Crisis marítima global: cómo afecta a las rutas comerciales y a las empresas

Crisis marítima global y sus efectos en las rutas del transporte internacional de mercancías

Los riesgos en Ormuz, Suez y Panamá elevan los costos del transporte internacional. Un experto del TecnoCampus recomienda a las pymes reforzar su planificación logística y adaptarse a los nuevos tiempos de tránsito.

La crisis marítima global está alterando las rutas del comercio internacional y elevando la presión sobre los costos logísticos. El estrecho de Ormuz, el Canal de Suez y el Canal de Panamá afrontan riesgos y condiciones operativas diferentes, pero sus efectos pueden trasladarse a las cadenas de suministro, los precios de los productos y la planificación de las empresas.

Ante este panorama, el TecnoCampus, institución universitaria de Barcelona, aborda los desafíos del transporte global y las herramientas que pueden ayudar al tejido empresarial a responder a un entorno cada vez más impredecible.

Jesús Martínez Marín, profesor y director del máster en Logística, Cadena de Suministro y Negocios Marítimos del TecnoCampus, advierte que los pasos marítimos estratégicos han adquirido un papel determinante en el comercio mundial. “Los canales y estrechos del mundo han dejado de ser embudos, como han sido siempre; ahora son válvulas, porque alguien puede cerrar y abrir el paso cuando conviene”, señala.

Crisis marítima global: el desvío de rutas encarece el transporte

Cuando el tránsito por una ruta se interrumpe o se vuelve más riesgoso, los buques deben buscar alternativas que pueden extender los recorridos y elevar los costos de operación. Una de ellas es el desvío por el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África.

“Estos conflictos están haciendo que se desvíen las rutas por diferentes caminos, como el Cabo de Buena Esperanza. Esta ruta nos duplica un poco el tránsito y hace que suba el consumo de combustible, con lo cual encarece el transporte para todo el sistema”, explica Martínez Marín.

El impacto no se limita a las navieras. El aumento del tiempo de navegación y del consumo de combustible repercute en los costos de transporte de mercancías y puede trasladarse al precio final que pagan los consumidores.

“Todo esto repercute en el precio final de los productos que vamos a comprar los consumidores”, añade el especialista.

Los riesgos en el estrecho de Ormuz, las amenazas a la navegación en el entorno del mar Rojo y las condiciones de tránsito en el Canal de Panamá muestran cómo factores geopolíticos y climáticos pueden modificar la planificación de las cadenas logísticas internacionales.

China y Corea del Sur refuerzan su peso en el negocio marítimo

En medio de esta incertidumbre, Asia mantiene una posición destacada en el transporte marítimo global. Según Martínez Marín, Corea del Sur y China concentran una parte importante de la actividad del sector y se han visto favorecidas, en parte, porque el tráfico de contenedores entre Asia y Europa no depende directamente del paso por Ormuz.

El experto también menciona las inversiones estratégicas de China en infraestructura portuaria, entre ellas el megapuerto de Chancay, en Perú, que refuerza la conexión comercial entre Asia y Sudamérica a través del Pacífico.

A ello se suman las rutas comerciales estacionales del Ártico, cuya viabilidad se ve influida por los cambios en las condiciones del hielo asociados al cambio climático. Estas alternativas forman parte de la transformación de las conexiones marítimas internacionales, aunque su uso depende de factores operativos, ambientales y comerciales.

¿Cómo pueden las pymes afrontar la crisis marítima global?

Las pequeñas y medianas empresas pueden verse especialmente expuestas a las alteraciones del transporte internacional, sobre todo cuando dependen de proveedores lejanos o de modelos de producción deslocalizados para reducir costos.

Ante este escenario, Martínez Marín recomienda reforzar la planificación logística y adaptar las decisiones empresariales a las nuevas condiciones del transporte. Entre las medidas que plantea figuran el análisis predictivo para mejorar el servicio al cliente, la revisión de la planificación en función de los nuevos tiempos de tránsito de los buques y la adaptación ágil a los cambios en los costos logísticos.

Estas acciones pueden ayudar a las empresas a anticipar retrasos, ajustar sus calendarios de entrega y gestionar mejor las variaciones de costos en sus operaciones.

La resiliencia logística adquiere así mayor importancia para las compañías que dependen de cadenas de suministro internacionales. La planificación ya no puede basarse únicamente en tiempos de tránsito habituales, sino que debe contemplar posibles interrupciones y rutas alternativas.

La seguridad de las tripulaciones, otro impacto de la crisis

Más allá de los costos y las demoras, Martínez Marín destaca las consecuencias humanas de la inestabilidad marítima. Los tripulantes pueden quedar expuestos a situaciones de riesgo cuando las condiciones de seguridad cambian durante una travesía.

“Hay un factor que siempre quiero destacar, porque en esos barcos hay personas. El miedo que se está pasando es impresionante. A veces planificamos todo para que pase un barco y, cuando están a mitad del estrecho, dicen que los van a bombardear y tienen que volverse”, reflexiona.

La crisis marítima global plantea, por tanto, desafíos que van más allá de la eficiencia comercial. Para las empresas, supone revisar cómo gestionan sus cadenas de suministro; para el sector marítimo, también exige considerar la seguridad de quienes mantienen en funcionamiento las rutas del comercio internacional.