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miércoles, noviembre 4, 2026
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Banxico: pausa en 6,50%, la clave está en el tono del comunicado

Banxico mantendría su tasa de referencia en 6,50 % por cuarta reunión consecutiva, mientras evalúa la persistencia de la inflación, la evolución del peso mexicano y las decisiones de la Reserva Federal antes de retomar los recortes monetarios.

El Banco de México (Banxico) enfrenta su reunión de política monetaria de este jueves en un escenario marcado por la moderación de la inflación, una recuperación económica todavía desigual y un entorno externo que continúa limitando su capacidad para flexibilizar las condiciones monetarias. El consenso del mercado anticipa que la autoridad mantendrá la tasa de referencia en 6,50%, prolongando por cuarta reunión consecutiva la pausa iniciada en junio. Sin embargo, más que la decisión de tasas, la atención estará concentrada en el tono del comunicado y en las señales sobre la posibilidad de retomar los recortes antes de finalizar el año. La principal interrogante es hasta qué punto Banxico puede seguir diferenciando su política monetaria de la Reserva Federal estadounidense sin comprometer la estabilidad cambiaria ni la convergencia de la inflación hacia su objetivo.

La evolución reciente de los precios ofrece argumentos para mantener una postura prudente. Si bien la inflación general ha disminuido desde el 4,59% interanual registrado en marzo hasta el 3,45% de septiembre, los datos correspondientes a la primera quincena de octubre mostraron un repunte hasta el 3,62%, mientras que la inflación subyacente alcanzó el 3,78%. Las mayores presiones provinieron principalmente de los servicios, particularmente transporte aéreo, turismo y servicios profesionales, mientras que los precios de los bienes se mantuvieron relativamente contenidos.

Esta divergencia sugiere que, aunque el proceso de desinflación continúa avanzando, las presiones inflacionarias subyacentes todavía no se han disipado completamente. A ello se suma que las expectativas de inflación permanecen por encima del objetivo del 3%: según la última encuesta de Banxico, los analistas proyectan una inflación cercana al 3,83% para el cierre de 2026. En consecuencia, el banco central dispone de cierto margen para mantener las tasas sin cambios, pero enfrenta mayores dificultades para justificar una nueva reducción en el corto plazo.

Por el lado de la actividad, la economía mexicana ha mostrado una recuperación más favorable de lo previsto, aunque persisten señales de debilidad en algunos sectores. El PIB del tercer trimestre creció un 0,9% trimestral, superando las expectativas del mercado, mientras que los economistas encuestados por Banxico elevaron sus proyecciones de crecimiento para 2026 desde el 1,40% hasta el 1,61% y para 2027 desde el 1,77% hasta el 1,86%. No obstante, la actividad manufacturera continúa enfrentando dificultades: el PMI manufacturero de S&P Global retrocedió hasta 49,5 puntos en octubre, nuevamente en territorio contractivo, mientras que el indicador manufacturero del IMEF se situó en 49,8 puntos. Estas cifras reflejan una recuperación heterogénea, donde la mejoría de la actividad agregada convive con una demanda interna todavía moderada y capacidad productiva ociosa. Desde la perspectiva monetaria, esta combinación reduce la necesidad de estímulos inmediatos, pero tampoco genera condiciones que justifiquen un nuevo ciclo de endurecimiento.

El entorno internacional constituye un factor adicional de incertidumbre, especialmente por la divergencia entre los ciclos monetarios de México y EE.UU. Tras elevar su tasa de referencia en septiembre, la Reserva Federal mantuvo el rango de fondos federales entre 3,75% y 4,00% en octubre, mientras que las expectativas de nuevas alzas continúan presentes ante la persistencia de presiones inflacionarias estadounidenses. Esta situación ha reducido el diferencial de tasas entre ambos países, disminuyendo el atractivo relativo de las estrategias de carry trade financiadas en dólares.

Aunque Banxico ha reiterado que las diferencias entre ambos ciclos económicos justifican decisiones monetarias independientes, la moderación del diferencial de tasas aumenta la sensibilidad del peso a las expectativas sobre la Fed y limita el espacio para nuevos recortes. En este contexto, una depreciación ordenada de la moneda no necesariamente impediría continuar flexibilizando la política monetaria, pero un ajuste más pronunciado que amenace las expectativas de inflación podría obligar a prolongar la pausa.

No obstante, los acontecimientos políticos recientes en EE.UU. podrían aliviar parcialmente estas presiones. El triunfo demócrata en las elecciones legislativas ha impulsado una corrección del dólar y de las tasas de los bonos del Tesoro, ante la expectativa de mayores restricciones para implementar nuevos estímulos fiscales. Esta reacción ha favorecido a las monedas emergentes, particularmente al peso mexicano, que durante la jornada del miércoles se apreció aproximadamente un 1,4%, hasta cotizar cerca de 18,57 unidades por dólar. La recuperación es especialmente relevante considerando que la moneda había acumulado una depreciación cercana al 8% desde la reunión anterior de Banxico. Si la moderación de las tasas estadounidenses se consolida, podría contribuir a estabilizar el tipo de cambio y reducir las restricciones externas sobre la política monetaria mexicana. Sin embargo, la sostenibilidad de este movimiento dependerá de la evolución de la inflación estadounidense y de las expectativas sobre las próximas decisiones de la Fed.

En este escenario, la expectativa central es que Banxico mantenga su tasa en 6,50%, posiblemente mediante una decisión unánime, acompañada de un comunicado prudente, aunque con cierta inclinación hacia una eventual flexibilización. Las minutas de septiembre revelaron que tres integrantes de Banxico estaban dispuestos a considerar recortes adicionales bajo determinadas condiciones, lo que sugiere que el banco central continúa más próximo a reanudar el relajamiento monetario que a iniciar un nuevo ciclo de alzas. De todos modos, las sorpresas recientes de inflación, la recuperación de la actividad y la volatilidad cambiaria hacen poco probable que las autoridades entreguen señales explícitas sobre la fecha de un próximo ajuste. Por ello, el escenario más probable es que el tono del comunicado preserve la flexibilidad introducida en septiembre, enfatizando la dependencia de los datos y la necesidad de evaluar tanto la evolución de la inflación subyacente como los riesgos asociados al entorno internacional. Diciembre permanece como una reunión abierta para un eventual recorte, aunque el balance reciente de riesgos favorece mantener una postura cautelosa durante más tiempo.

Para los mercados financieros, el principal factor de diferenciación será el tono de la comunicación y no necesariamente la decisión sobre la tasa. En el mercado cambiario, una señal menos restrictiva de lo previsto podría reforzar la presión depreciativa sobre el peso al reducir las expectativas de carry de los activos mexicanos. Por el contrario, un mensaje que enfatice la persistencia inflacionaria y la necesidad de preservar condiciones monetarias restrictivas podría favorecer una recuperación adicional de la moneda. Esta sensibilidad se ve amplificada por el posicionamiento de los inversionistas, dado que las posiciones cortas acumuladas sobre el peso podrían provocar movimientos importantes en ambas direcciones dependiendo de la sorpresa respecto de las expectativas. En consecuencia, aunque la estabilización reciente del dólar ofrece cierto respaldo, el tipo de cambio seguirá siendo una variable determinante para evaluar cuánto puede divergir Banxico de la Reserva Federal.

Otro elemento relevante es la evolución del mercado energético. La reciente corrección de los precios internacionales del petróleo, asociada a las señales de una posible distensión del conflicto con Irán, representa un alivio potencial para las presiones inflacionarias provenientes de los combustibles y los costos de producción. Sin embargo, para México el impacto es mixto, dado que una caída sostenida del crudo también podría reducir los ingresos petroleros del sector público y aumentar las presiones sobre las cuentas fiscales. Por lo tanto, si bien una moderación de los precios energéticos contribuiría a mejorar las perspectivas de inflación y eventualmente ampliaría el margen de maniobra de Banxico, sus implicaciones fiscales podrían limitar parte de ese beneficio para los activos financieros mexicanos.

De cara a los próximos meses, el escenario más probable es una pausa monetaria prolongada, aunque con riesgos todavía inclinados hacia una eventual reanudación gradual de los recortes. La recuperación de la actividad reduce la urgencia de nuevos estímulos, mientras que la persistencia de la inflación de servicios, el estrecho diferencial de tasas con Estados Unidos y la sensibilidad del peso aconsejan prudencia. No obstante, una desaceleración sostenida de los precios y una estabilización cambiaria permitirían reconsiderar ajustes adicionales, especialmente si las condiciones financieras estadounidenses se tornan menos restrictivas. En definitiva, la reunión de este jueves difícilmente modificará de manera sustancial el nivel actual de las tasas, pero será importante para determinar si Banxico considera que las condiciones para continuar flexibilizando su política monetaria siguen presentes o si los acontecimientos recientes justifican extender la pausa durante buena parte de 2027.

Felipe Barragán, Senior Research Strategist