El país enfrenta un déficit cercano al 5% del PBI y un gasto público creciente, situación que obliga al Estado a acudir al financiamiento internacional y genera riesgos para competitividad y tipo de cambio.
La economía uruguaya enfrenta un escenario fiscal complejo, con gasto público en expansión y crecimiento económico insuficiente. Ignacio Munyo, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), señaló en Informativo Carve que el problema fiscal «ya no se puede postergar». Este año, Uruguay deberá buscar cerca de u$s 6.000 millones en los mercados internacionales para cubrir el déficit, lo que impacta directamente en el tipo de cambio y la competitividad del país.
Gasto público poco revisado y estructura rígida
Desde 2005, el gasto público por persona se ha multiplicado por dos y media en términos reales, mientras que el PBI creció en promedio apenas 1% anual. Munyo advirtió que solo se discute el 1% del presupuesto, y cerca del 30% del gasto no tiene destino claramente identificado. La cantidad de funcionarios públicos es elevada, con un trabajador por cada 12 habitantes, comparado con uno por cada 20 en la OCDE, lo que genera duplicidades y falta de evaluación de resultados.
Impacto en competitividad y empresas
El financiamiento del déficit, además de fortalecer temporalmente el peso uruguayo, puede afectar la competitividad, incrementando los costos para atraer inversión. Munyo también vinculó la situación fiscal con el récord de quiebras y concordatos, destacando que sin transformaciones en la eficiencia del gasto, los costos serán pagados por toda la sociedad.
Perspectivas y riesgos
El elevado déficit y la necesidad de financiamiento externo sitúan a Uruguay en un escenario de alerta estructural. La combinación de gasto creciente, bajo crecimiento económico y costos elevados para inversión requiere reformas y mayor eficiencia en la gestión del Estado para evitar tensiones macroeconómicas y pérdida de competitividad.






