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lunes, octubre 19, 2026
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Túnel de Agua Negra busca conectar Argentina y Chile con los mercados del Pacífico

Túnel de Agua Negra, proyecto de conexión entre Argentina y Chile a través de los Andes.

El megaproyecto contempla dos galerías de 13,9 kilómetros bajo la cordillera de los Andes y una inversión estimada de US$ 1.500 millones. Su desarrollo apunta a facilitar el transporte de minerales y productos agrícolas hacia los puertos chilenos.

El Túnel de Agua Negra es un proyecto de infraestructura que busca conectar la provincia argentina de San Juan con la región chilena de Coquimbo mediante dos galerías subterráneas a través de la cordillera de los Andes. La iniciativa apunta a mejorar la conexión terrestre entre ambos países y facilitar el traslado de mercancías hacia los puertos del Pacífico, con potencial para fortalecer el comercio internacional.

La obra forma parte de los planes de integración logística asociados al Corredor Bioceánico, una red de conexiones que busca vincular zonas productivas del centro-oeste de Argentina y otros territorios sudamericanos con los puertos chilenos. De concretarse, el túnel permitiría contar con una ruta alternativa para movilizar carga hacia mercados de Asia-Pacífico.

El proyecto contempla una infraestructura de gran complejidad técnica, debido a las condiciones geológicas y a la altitud de la zona. Aunque se han anunciado mecanismos de financiamiento y características de ingeniería, la información citada corresponde a antecedentes de años anteriores y no permite confirmar el estado actual de ejecución de la obra.

Túnel de Agua Negra contempla dos galerías de 13,9 kilómetros

El diseño presentado para el Túnel de Agua Negra considera dos túneles semiparalelos, cada uno con dos carriles y una longitud aproximada de 13,9 kilómetros. Las galerías se proyectaron a una altura media de 3.800 metros sobre el nivel del mar, con conexiones transversales destinadas a facilitar la evacuación y la atención de emergencias.

La inversión estimada para la iniciativa ronda los US$ 1.500 millones. En octubre de 2017, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) aprobó una línea de crédito para Chile y Argentina de hasta ese monto con el objetivo de respaldar el desarrollo del proyecto.

En esa etapa se anunciaron desembolsos iniciales de US$ 150 millones para Chile y US$ 130 millones para Argentina, como parte de un esquema de financiamiento progresivo. Estas cifras corresponden a los anuncios realizados entonces y no acreditan por sí mismas cuánto financiamiento se encuentra disponible actualmente ni si las condiciones originales continúan vigentes.

En ese momento, el entonces ministro chileno de Obras Públicas, Alberto Undurraga, señaló que el respaldo financiero del BID representaba una muestra de confianza en el proceso de desarrollo de la obra.

Ingeniería del túnel deberá enfrentar una geología compleja

La construcción proyectada requiere resolver importantes desafíos geológicos. El diseño contempla el uso de una tuneladora, conocida como TBM por sus siglas en inglés, una máquina que excava la roca de manera continua y permite avanzar con un método distinto a la perforación convencional mediante explosivos.

La elección de la tecnología deberá considerar las variaciones de dureza y resistencia de las formaciones rocosas a lo largo del trazado. La geóloga Patricia Sruoga, citada por el medio argentino Perfil, ha señalado que la zona presenta rocas muy duras, aunque también sectores afectados por alteraciones hidrotermales, que pueden reducir su resistencia.

La especialista explicó que el monitoreo en tiempo real permitiría identificar zonas de cizalla y detectar la presencia de fluidos subterráneos. Estas condiciones requieren estudios detallados para anticipar riesgos durante la excavación y adaptar los procedimientos de construcción a las características del terreno.

Por su parte, el geólogo Fernando Gustavo Bastías, de la Universidad Nacional de San Juan, advirtió sobre la heterogeneidad de las formaciones geológicas de origen volcánico e intrusivo que deberán atravesarse.

La complejidad del subsuelo convierte a la ingeniería y a la gestión de riesgos en factores centrales para evaluar los plazos y costos del proyecto.

Conectividad durante todo el año y comercio regional

Uno de los objetivos del Túnel de Agua Negra es ofrecer una conexión terrestre menos expuesta a las condiciones climáticas que afectan al paso internacional de montaña. La ruta actual se encuentra a una altitud cercana a los 4.800 metros y puede sufrir interrupciones durante el invierno debido a las nevadas.

Las galerías subterráneas proyectadas permitirían mantener el tránsito durante todo el año, siempre que se cumplan las condiciones técnicas, operativas y de seguridad necesarias. Esto podría dar mayor continuidad al transporte de carga y reducir la dependencia de una ruta de montaña expuesta al clima.

La conexión también busca fortalecer el vínculo entre San Juan y la región chilena de Coquimbo, donde se encuentran los puertos de la costa del Pacífico. La disponibilidad de una vía de transporte más estable podría beneficiar a empresas exportadoras y operadores logísticos, aunque el efecto dependerá de los costos de operación, las conexiones terrestres complementarias y la demanda de carga.

Minerales y productos agrícolas entre las cargas potenciales

San Juan cuenta con recursos minerales como cobre, oro y plata. La conexión con los puertos chilenos podría facilitar el transporte de estos productos hacia destinos de la cuenca del Pacífico, además de favorecer el movimiento de alimentos y otras mercancías.

El especialista chileno en ingeniería estructural Francisco Javier Ovalle ha señalado que la obra podría contribuir a dinamizar la salida de minerales, como el cobre, y de productos agrícolas hacia esos mercados.

Sin embargo, el potencial comercial del proyecto no depende únicamente de la construcción del túnel. También requiere una evaluación integral de los flujos de carga, la infraestructura vial de acceso, los servicios logísticos y la competitividad de los puertos involucrados.

El Túnel de Agua Negra representa así una propuesta de integración entre Argentina y Chile con implicancias para el comercio regional. Su eventual ejecución podría ampliar las alternativas de transporte hacia el Pacífico, pero su impacto económico estará condicionado por la viabilidad financiera, la continuidad del proyecto y la concreción de las obras complementarias.