Tren a Vaca Muerta: debate entre riesgo ambiental y la opción de un corredor logístico sostenible

El desarrollo ferroviario hacia el principal yacimiento de shale de Argentina enfrenta críticas por su impacto ambiental y propuestas alternativas que buscan integrar la producción sin comprometer la seguridad ni la sostenibilidad.

El futuro ferroviario de Vaca Muerta, considerado clave para el transporte de insumos y derivados de la explotación shale, abre un debate estratégico en Argentina: ¿un trazado exclusivo para el petróleo o un corredor logístico diversificado que evite riesgos ambientales y sociales?

Riesgos del trazado actual

El proyecto oficial prevé la circulación de hasta 26 formaciones diarias de 70 a 100 vagones, con cargas peligrosas y altamente contaminantes, atravesando decenas de localidades de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Neuquén.
Críticos advierten que este “monotren para un monoproducto” no solo comprometería el transporte histórico del Tren Trasandino del Sur —usado para pasajeros y cargas agroalimentarias—, sino que además pondría en riesgo la producción agrícola y ganadera del Alto Valle, al afectar la napa freática y aumentar la salinidad de los suelos.

La alternativa logística

Una propuesta presentada a autoridades nacionales, provinciales y municipales plantea un trazado alternativo desde Chichinales hacia la barda patagónica, con derivación a Añelo (epicentro de Vaca Muerta) y un bypass de 63 km hacia Plaza Huincul y Cutral Có.
Este diseño permitiría:

  • Separar cargas peligrosas de las agrícolas y alimenticias.

  • Vincular Vaca Muerta con la Zona Franca e industrias de Zapala.

  • Facilitar la conexión con el corredor bioceánico hacia Chile a través del paso de Pino Hachado.
    Incluso se analiza la posibilidad de transportar potasio Río Colorado, un mineral de valor estratégico, por esta misma vía.

El factor ambiental

La FAO, consultada por la Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, advirtió que no avala la convivencia de trenes con cargas peligrosas junto a trenes de alimentos, subrayando la necesidad de corredores separados.
El debate cobra mayor relevancia en un contexto en el que un solo pozo shale en Vaca Muerta requiere 20.000 a 30.000 m³ de agua y 3.000 a 7.500 toneladas de arena, junto con un amplio menú de químicos (ácido clorhídrico, metanol, surfactantes, poliacrilamida, entre otros) que elevan los riesgos de contaminación de aire, agua y suelos.

Perspectivas

Aunque surgen alternativas ecológicas con aditivos biodegradables para el fracking, su adopción masiva todavía es incipiente.
El diseño del tren a Vaca Muerta será decisivo para definir si el proyecto se convierte en un monocorredor petrolero con riesgos sociales y ambientales, o en un sistema logístico diversificado e integrador capaz de potenciar la competitividad regional y reducir tensiones con las comunidades.