Tensión monetaria en EE. UU. impulsa refugios y debilita al dólar

La creciente presión política sobre la Reserva Federal, sumada a riesgos geopolíticos y comerciales, acelera la rotación defensiva de los mercados, fortalece los activos de refugio y debilita al dólar, en un escenario donde el riesgo institucional comienza a pesar más que el ciclo económico.

El complejo escenario financiero global en este inicio de 2026 se define por una convergencia de riesgos geopolíticos, una reestructuración acelerada del sector tecnológico y una presión sin precedentes sobre la arquitectura institucional de la política monetaria en Estados Unidos. La resiliencia de los mercados de renta variable, liderada por el superciclo de la Inteligencia Artificial, se enfrenta ahora a un «cisne negro» de carácter doméstico: la amenaza explícita a la independencia de la Reserva Federal. Este factor, sumado a una política arancelaria agresiva y a la inestabilidad en el suministro energético derivado de los conflictos en Irán y Venezuela, ha forzado a los gestores de capital a una rotación defensiva hacia activos de refugio como el oro y el franco suizo, mientras la curva de rendimientos de los bonos del Tesoro experimenta un empinamiento técnico que refleja las crecientes expectativas de inflación y de prima por riesgo político.

En el epicentro de la atención global, Estados Unidos atraviesa un momento de alta fricción institucional. John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, ha mantenido una postura técnica al proyectar un crecimiento económico para 2026 de entre el 2.5% y el 2.75%, con una inflación que alcanzaría su pico entre el 2.75% y el 3.0% en el primer semestre antes de ceder hacia el 2% en 2027. Sin embargo, estas proyecciones se ven ensombrecidas por las críticas de la administración Trump, que han escalado hasta la apertura de investigaciones por parte del Departamento de Justicia sobre la gestión de Jerome Powell, específicamente por supuestos sobrecostos en la renovación de la sede de la Fed. Scott Bessent, Secretario del Tesoro, ha advertido que esta situación está generando un «caos» financiero, mientras figuras como Rick Rieder de BlackRock —quien se perfila como posible sucesor de Powell— sugieren la necesidad de llevar los tipos al 3.0% para estabilizar la economía. El mercado de deuda ha respondido con volatilidad: la nota a 10 años se subastó a un rendimiento del 4.173% y la de 3 años al 3.609%, mientras que el dólar registró caídas significativas, perdiendo un 0.5% en una sola sesión ante el temor de una politización de la política monetaria que erosione su credibilidad global.

El sector corporativo presenta una dicotomía fascinante entre la banca y la tecnología. Por un lado, las grandes entidades financieras como JPMorgan, American Express y Capital One enfrentan una presión bajista tras la propuesta presidencial de limitar las tasas de las tarjetas de crédito al 10% por un año, una medida que podría restringir severamente el consumo y el margen neto de interés. Por otro lado, la tecnología sigue operando en una realidad paralela de expansión. Alphabet ha superado por primera vez los 4 billones de dólares en capitalización de mercado, consolidándose como la segunda empresa más valiosa del mundo tras anunciar una alianza histórica con Apple. Según los términos del acuerdo, Apple integrará el modelo Gemini de Google para potenciar las funciones de IA de Siri en sus próximos dispositivos. Esta consolidación del poder tecnológico es tan evidente que incluso Elon Musk la ha calificado de «concentración irrazonable». Paralelamente, Nvidia y Eli Lilly han anunciado una inversión conjunta de 1,000 millones de dólares para un laboratorio de fármacos con IA, reforzando la tesis de que la inteligencia artificial está trascendiendo el software para transformar industrias críticas como la biotecnología.

En los mercados de materias primas y energía, la tensión es máxima. El crudo Brent ha escalado por encima de los 63.87 dólares y el WTI hacia los 59.50 dólares, impulsados por las protestas mortales en Irán, el cuarto mayor productor de la OPEP con 3.2 millones de barriles diarios, y la amenaza de Trump de imponer aranceles del 25% a cualquier socio comercial de Teherán. La toma del sector petrolero venezolano por parte de fuerzas estadounidenses ha introducido una nueva dinámica logística; operadores como Vitol y Trafigura están gestionando el almacenamiento de millones de barriles en el Caribe para su posterior comercialización bajo control de Washington. En cuanto a commodities agrícolas, el informe WASDE de hoy reveló existencias finales superiores a lo esperado en soja (350M) y maíz (2,227M), lo que podría ofrecer un respiro a las presiones inflacionarias en alimentos, compensando parcialmente el impacto de los aranceles.

En Europa y Asia, la narrativa se centra en la defensa de la estabilidad interna. El Gobernador del Banco de Francia, Villeroy de Galhau, ha lanzado una advertencia severa sobre el déficit francés, que de mantenerse sobre el 5% del PIB pondría al país en la «zona de peligro» frente a los mercados. En Alemania, el ministro Klingbeil ha señalado que la alianza transatlántica se está «disolviendo» y propone establecer precios mínimos para las tierras raras dentro del G7 para blindarse contra el dominio exportador de China. Mientras tanto, en Asia, Japón se encuentra en estado de alerta máxima por la depreciación del yen, que ha tocado niveles no vistos desde 2008 frente a la libra (213.21 GBP/JPY). El gobierno japonés ha declarado estar listo para tomar «medidas apropiadas» contra los movimientos especulativos, mientras China inyecta 358,600 millones de yuanes para defender su divisa y combatir la deflación interna, al tiempo que Xi Jinping anuncia una intensificación de su campaña anticorrupción para 2026.

Desde mi punto de vista, el diagnóstico es claro, estamos ante un cambio de paradigma donde el riesgo institucional ha superado al riesgo cíclico. La vulnerabilidad de la independencia de la Reserva Federal no es una anécdota política, es una amenaza directa a la tasa libre de riesgo global; cualquier señal de que la política monetaria se dicta desde la Casa Blanca provocará un éxodo masivo de los bonos del Tesoro, empujando los rendimientos al alza y desestabilizando el sistema financiero internacional. Mi proyección es que el oro seguirá su senda ascendente mientras el dólar pierde su estatus de refugio incondicional. En el ámbito corporativo, preveo una rotación agresiva fuera de los bancos tradicionales y hacia el sector de defensa y tecnología de frontera, donde la alianza Apple-Google crea un foso competitivo casi inexpugnable. El petróleo se mantendrá en una banda de alta volatilidad (60-75 USD) supeditado a la ejecución de los ataques selectivos a Irán, lo que generará un impacto diario en las divisas emergentes, especialmente el peso mexicano y colombiano, que sufrirán por la incertidumbre arancelaria y el diferencial de tasas. Considero que la única estrategia ganadora en este entorno será la automatización de coberturas algorítmicas y una exposición quirúrgica a sectores con poder de fijación de precios, ya que el escenario de inflación importada por aranceles es ahora una certeza matemática para el segundo semestre de 2026.

Felipe Mendoza, CEO IMB Capital Quants