Los mercados globales se enfrentan a un dilema incierto: el regreso del proteccionismo estadounidense podría activar un nuevo ciclo de expansión… o una corrección abrupta. Las decisiones comerciales de Trump, el tono de la Fed y los datos mixtos marcan el pulso de una economía al borde de la bifurcación.
Los mercados financieros globales navegan una semana de alta tensión comercial, sensibilidad política y señales mixtas en materia macroeconómica, con Estados Unidos en el epicentro de una reconfiguración arancelaria de impacto global. Las declaraciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, han marcado el tono, con reiteradas afirmaciones sobre el retorno de Estados Unidos a un régimen de crecimiento económico sin inflación, acompañado de nuevas rondas de acuerdos comerciales multilaterales y bilaterales. La administración Trump se prepara para imponer, a partir del 1 de agosto, aranceles que podrían retrotraerse a los niveles máximos del 2 de abril en caso de que las negociaciones con los socios comerciales no prosperen, provocando una reacción en cadena de ajustes, críticas multilaterales e incertidumbre normativa.
Estados Unidos parece decidido a consolidar un nuevo ciclo proteccionista. Las cartas arancelarias ya comenzaron a enviarse —según anunció el propio Donald Trump— a decenas de países en un intento de reforzar su posición en las negociaciones comerciales. Bessent confirmó que espera una serie de anuncios de acuerdos durante las próximas 48 horas, al tiempo que aseguró que el acuerdo comercial con Vietnam ya se encuentra finalizado en principio, estableciendo un arancel recíproco del 20%. Paralelamente, se discute con la UE una posible extensión de plazos para evitar sanciones, mientras se mantienen las amenazas de un arancel del 17% a las exportaciones alimentarias europeas.
La relación con China toma un tono ambiguo: por un lado, el secretario del Tesoro anunció una próxima reunión con su homólogo chino y afirmó que existen «cosas que podemos hacer juntos si China quiere ir más allá del comercio». Por otro lado, se reconoce la depreciación del yuan y se especula con que el euro debería apreciarse, lo que implica una dinámica de corrección del dólar tras un periodo de excepcionalísimo monetario. El propio Bessent ha indicado que el dólar podría debilitarse frente a divisas como el yuan, el dólar australiano y el won surcoreano, como respuesta natural a posibles recortes de tipos por parte de la Fed y un cambio en las expectativas globales.
Desde la Reserva Federal, el presidente de la Fed de Atlanta, Raphael Bostic, ofreció una visión ambivalente. Reconoce que el mercado laboral sigue siendo saludable, pero advierte que un deterioro repentino obligaría a replantear la política monetaria. Los datos de empleo recientes, aunque positivos según Bessent, no disipan las señales de ruido en las cifras mensuales. En paralelo, el índice ISM no manufacturero de junio mostró un repunte a 54,2, superando el 50,0 anterior, mientras el subíndice de empleo cayó a 47,2, lo que sugiere moderación en la contratación. Por su parte, el PMI compuesto de S&P Global se ubicó en 52,9, manteniendo niveles estables, pero sin sorpresa al alza.
La evolución del S&P 500 ha captado atención tanto por su fortaleza como por las advertencias sobre su sostenibilidad. El índice apunta a su tercera ganancia mensual consecutiva, alentado por sólidas proyecciones de beneficios, aunque persisten preocupaciones por las elevadas valoraciones y la incertidumbre geopolítica. Bank of America ha emitido una advertencia técnica, sugiriendo venta si el índice alcanza los 6.300 puntos, mientras que estadísticas históricas juegan a favor de los alcistas: desde 1950, cada vez que el S&P ha subido entre 5% y 10% a mitad de año, ha terminado el año en positivo el 93% del tiempo, con una ganancia promedio cercana al 14%.
En el ámbito político y diplomático, los contactos entre Trump y líderes internacionales se intensifican. El presidente estadounidense mantuvo una conversación no anunciada con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que se dijo que “el trabajo continúa”, y más tarde sostuvo una llamada telefónica de casi una hora con Vladimir Putin, en la que se discutieron temas clave como Irán, Medio Oriente y Ucrania. Desde Moscú, se reiteró que cualquier proceso de paz respecto a Ucrania debe darse directamente entre Kiev y Moscú, con Estados Unidos al margen.
El entorno legislativo en Washington también aporta presión a los mercados. El proyecto de ley fiscal impulsado por la administración Trump ha sido objeto de escrutinio por parte del FMI, que advierte que podría ampliar el déficit fiscal y contradecir los esfuerzos para reducir la relación deuda/PIB. La votación en la Cámara de Representantes se espera en breve, mientras los mercados se preparan para lo que el FMI considera un entorno comercial global cambiante, donde los países deben desarrollar resiliencia estructural ante la volatilidad de las políticas estadounidenses.
Desde el frente corporativo, Tesla vuelve al centro de la tormenta. Las acciones del fabricante de vehículos eléctricos caen en el pre-market tras el anuncio de Elon Musk sobre la creación de un nuevo partido político en Estados Unidos, una medida que provocó una respuesta inmediata de Trump, quien calificó la acción como «ridícula» y afirmó que Musk se ha “descarrilado por completo”. Según reporta el Wall Street Journal, esta disputa habría deteriorado la percepción que Pekín tenía de Musk como activo geopolítico, reduciendo el interés chino por mantener vínculos estratégicos con Tesla.
En el mercado energético, los precios del petróleo cayeron luego del anuncio de la OPEP+, donde ocho países productores acordaron elevar su producción en 548.000 barriles diarios. Entre los participantes se incluyen Arabia Saudita, Rusia, Irak, Omán y los Emiratos Árabes Unidos, lo cual representa un paso hacia la normalización de los recortes voluntarios previos. Esta expansión de la oferta energética impacta directamente en las expectativas de inflación y márgenes de ganancia del sector energético, en un contexto donde los precios ya muestran signos de estabilización.
En Europa, la tensión se centra tanto en los indicadores económicos como en la reconfiguración política del Banco Central Europeo. Las ventas minoristas de la eurozona decepcionaron en mayo, cayendo 0,7% frente al -0,6% esperado, mientras que la tasa interanual alcanzó 1,8%, por debajo de los niveles previos de 2,3% y 2,7%. A ello se suma el anuncio de que el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, dejará el cargo en 2026, una salida que podría desatar una cascada de nombramientos con implicaciones políticas para el rumbo de la política monetaria regional.
No obstante, Alemania ofreció un contrapunto positivo: la producción industrial creció un 1,2% mensual, superando ampliamente el pronóstico de -0,2%, y avanzó 1% interanual frente a un esperado -0,3%. En el Reino Unido, los precios de la vivienda en Halifax se mantuvieron estables en junio con un crecimiento del 2,5% interanual, lo que sugiere que el mercado inmobiliario británico podría estar encontrando un punto de equilibrio tras meses de volatilidad.
En Asia, China se mantiene activa en la defensa de sus exportaciones frente a los inminentes aranceles estadounidenses. Según Financial Times, el país ha comenzado a redirigir sus exportaciones a través del sudeste asiático como táctica para evitar sanciones. Además, medios estatales informan que China y la UE están cerca de alcanzar un acuerdo sobre tarifas para vehículos eléctricos, desestimando preocupaciones sobre un posible «desvío comercial». A nivel comercial interno, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, declaró que se están acortando los tiempos de aprobación de exportaciones de tierras raras para empresas europeas, lo que podría representar una señal de distensión comercial estratégica. Por otra parte, se espera que esta semana comiencen conversaciones entre Estados Unidos y China sobre el futuro de TikTok, lo que podría reconfigurar uno de los principales puntos de tensión tecnológica bilateral.
En el plano geopolítico, Irán ocupa nuevamente titulares tras declarar que no tomará más represalias contra Estados Unidos y que está dispuesto a negociar los límites de su programa de enriquecimiento nuclear. Washington, por su parte, ha impuesto nuevas sanciones contra Teherán y planea conversaciones nucleares la próxima semana, mientras el viceministro iraní aclaró que no se detendrá el enriquecimiento de uranio.
El panorama actual presenta una compleja combinación de presiones arancelarias, diplomacia agresiva, transición monetaria y ajustes corporativos. Estados Unidos avanza en un enfoque unidireccional de negociación comercial, con una estrategia de presión calculada que podría intensificar los riesgos de fragmentación del comercio global, particularmente frente a bloques como los BRICS o socios tradicionales como la UE y Japón. En simultáneo, los datos económicos —aunque mixtos— ofrecen argumentos tanto para los alcistas como para los cautos: la resiliencia del mercado laboral y el crecimiento del sector servicios contrastan con la necesidad de moderación monetaria, mientras que la política fiscal estadounidense enfrenta cuestionamientos de sostenibilidad.
Los mercados se sostienen con un sesgo estructuralmente optimista, impulsados por expectativas de acuerdos comerciales, eventual relajación de tasas de interés y resultados empresariales robustos, pero bajo la sombra constante de tensiones geopolíticas, disrupciones regulatorias y amenazas proteccionistas. En este contexto, los inversionistas deben prepararse para escenarios altamente bifurcados: un rally impulsado por la desinflación y los acuerdos comerciales, o una corrección abrupta si las medidas arancelarias se concretan sin soluciones diplomáticas claras.
La clave en el corto y mediano plazo será el equilibrio entre diplomacia efectiva, ajustes fiscales sostenibles y señales claras por parte de la Reserva Federal. De lo contrario, la actual estabilidad aparente podría convertirse rápidamente en un entorno de volatilidad estructural.






