Por: Pedro Blanco-Pinto, Head of Business Development para LAC de Paymentology.
La transformación de los pagos en Latinoamérica ha avanzado rápidamente y, en los últimos años, buena parte de la innovación estuvo concentrada en llevar transacciones que antes requerían efectivo, una tarjeta física o una visita a una sucursal hacia experiencias digitales. Ese proceso no solo cambió la manera en que las personas pagan, sino que creó una nueva infraestructura sobre la cual ahora pueden construirse servicios financieros más integrados, que combinan pagos, crédito, cuentas y otras capacidades dentro de una misma experiencia.
Perú ofrece una muestra concreta de esa evolución. Según la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), al cierre de 2025, el 67% de los adultos del país ya tenía una cuenta o billetera digital, frente al 42% registrado en 2020. Además, en diciembre de 2025 se realizaron 1.255 millones de operaciones a través de billeteras digitales y aplicativos móviles. Estos indicadores muestran que los pagos digitales ya alcanzaron una escala suficiente para que la siguiente etapa de innovación no esté únicamente en digitalizar transacciones, sino en aprovechar esa infraestructura para desarrollar nuevos productos y servicios financieros.
Esto ayuda a explicar el crecimiento de modelos como las finanzas embebidas, el crédito digital, el “compra ahora y paga después” (BNPL) y Cards-as-a-Service. Su desarrollo responde a una demanda cada vez mayor por servicios financieros más integrados, simples y adaptados a situaciones concretas de consumo, comercio o gestión empresarial.
El crédito, por ejemplo, puede incorporarse directamente en el momento de una compra o dentro de una experiencia digital, mientras que una empresa puede transformar la relación que ya tiene con sus clientes en un canal para ofrecer servicios financieros. La tecnología permite que estas capacidades dejen de funcionar como productos aislados y pasen a formar parte de experiencias diseñadas alrededor de una necesidad concreta del usuario.
Al mismo tiempo, los pagos son cada vez más complejos, pues una operación puede involucrar distintas monedas, atravesar fronteras o utilizar nuevas formas de representación de valor. La tokenización, los pagos en tiempo real y la inteligencia artificial también empiezan a modificar la forma en que se procesan, administran y controlan estas operaciones.
Para las instituciones financieras, esto resulta ser un desafío importante en relación a la infraestructura sobre la que construyen sus productos debe ser lo suficientemente flexible para incorporar nuevas capacidades sin obligarlas a rediseñar todo su sistema cada vez que aparece una nueva tecnología o un nuevo modelo de negocio. En Paymentology vemos claramente esta evolución donde los clientes necesitan una plataforma que les permita incorporar nuevas funcionalidades y escalar hacia nuevos mercados sin perder control ni agilidad.
Y ese desafío es particularmente relevante en Latinoamérica, ya que cada mercado tiene sus propias regulaciones, esquemas operativos, monedas y necesidades. Por eso, la arquitectura del futuro deberá combinar escala e integración regional con la capacidad de adaptarse localmente, sin tener que reconstruir la infraestructura cada vez que una institución entra en un nuevo país o incorpora un nuevo caso de uso.
Nuestra experiencia durante los últimos cinco años en la región refleja precisamente esa transición. Paymentology comenzó acompañando principalmente las necesidades de emisión y procesamiento y, a medida que evolucionaron nuestros clientes, incorporó capacidades vinculadas con crédito, finanzas embebidas, pagos transfronterizos, cuentas multidivisa y otros nuevos modelos. Esta evolución responde a una realidad concreta del mercado: los actores financieros necesitan poder probar, lanzar y escalar productos con mayor velocidad, especialmente en mercados donde las condiciones cambian rápidamente.
En Perú, el crecimiento de las billeteras digitales y de la interoperabilidad demuestra que existe una base tecnológica y una masa de usuarios sobre la cual pueden desarrollarse servicios financieros cada vez más sofisticados. Lo próximo en la lista es aprovechar esa base para ampliar no solo el número de transacciones digitales, sino también la profundidad y variedad de los servicios que pueden construirse sobre ella.
Para bancos, fintechs y nuevos participantes, esto significa combinar innovación con adaptación regulatoria, pero también con seguridad, continuidad y escalabilidad. Creemos que la oportunidad ya no está solamente en digitalizar lo que antes se hacía de manera física, sino en utilizar esa nueva infraestructura para crear experiencias financieras más completas, accesibles y relevantes para personas y empresas. Perú ya ha dado pasos importantes en esa transformación, ahora deberá convertir esa adopción digital en una plataforma para una nueva generación de servicios financieros.




