La economía de EE.UU. se tambalea entre el alza del crudo y una desaceleración cada vez más visible, mientras la Reserva Federal enfrenta crecientes presiones en medio de un escenario internacional al borde del conflicto. La guerra en Medio Oriente, la tensión fiscal y la incertidumbre monetaria configuran un panorama global sumamente volátil.
Los mercados financieros enfrentan una semana marcada por la extrema tensión geopolítica en Medio Oriente, señales de desaceleración en la economía estadounidense, preocupaciones fiscales internas y una creciente incertidumbre sobre el rumbo de la política monetaria global. El centro de atención se mantiene en las decisiones de la Reserva Federal y en el conflicto entre Israel e Irán, que se intensifica a pasos agigantados, generando efectos de primer orden sobre el petróleo, la inflación proyectada y el sentimiento inversor global.
En Estados Unidos, los datos macroeconómicos han comenzado a reflejar un freno en el crecimiento y una posible vulnerabilidad del consumo y la inversión. Las solicitudes de hipotecas del MBA cayeron 2,6% en la semana del 13 de junio, con una tasa hipotecaria a 30 años que ascendió drásticamente al 9,84%, un aumento sustancial respecto al 6,93% previo, revelando una presión significativa sobre el mercado inmobiliario residencial. Simultáneamente, el índice del mercado inmobiliario del NAHB para junio cayó a 32 puntos, por debajo de los 36 esperados y de los 34 del mes anterior, reflejando una confianza menguante entre los constructores. A esto se suma un estancamiento en los inventarios empresariales de abril, con una variación mensual del 0,0%, y un estancamiento también en la subasta de deuda a 5 años ligada a inflación (TIPS), con una tasa de corte del 1,650%, ligeramente inferior al 1,702% previo.
El PIB proyectado por la Fed de Atlanta para el segundo trimestre se ajustó a la baja desde 3,8% a 3,5%, reforzando la visión de una moderación del crecimiento. En paralelo, el Comité de Presupuesto del Congreso (CBO) publicó un análisis fiscal del nuevo proyecto de ley republicano en la Cámara de Representantes, advirtiendo que este podría aumentar el déficit fiscal en 2,8 billones de dólares, exacerbando la fragilidad fiscal estructural de la economía estadounidense.
En la antesala de la reunión de la Reserva Federal, las expectativas de recortes de tipos de interés se han vuelto inciertas. Aunque un panel de ex miembros del FOMC proyecta dos recortes en 2025, el consenso para este año oscila entre mantener tipos o recortar una vez. Los analistas anticipan que el SEP (Resumen de Proyecciones Económicas) podría mostrar un sesgo más estanflacionario, eliminando incluso uno de los dos recortes previstos en el gráfico de puntos de marzo. La volatilidad geopolítica, especialmente con el repunte en los precios del petróleo tras el ataque de Israel a Irán, ha reducido la probabilidad de un giro moderado por parte de Jerome Powell, cuyo discurso en la conferencia de prensa será crucial para los mercados.
Mientras tanto, el conflicto en Medio Oriente domina la agenda geopolítica con implicaciones económicas directas. Las tensiones entre Israel e Irán se escalan minuto a minuto. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró que no permitirá que Irán, el “régimen más peligroso del mundo”, obtenga armas nucleares. El ejército israelí ha comenzado una ola de ataques en la zona de Teherán, y medios israelíes aseguran que la operación militar concluirá en no más de dos semanas. La inteligencia de Israel reveló que Irán estaría trabajando en un detonador nuclear, mientras el líder supremo iraní, el ayatolá Jamenei, advirtió a Estados Unidos que no aceptará una guerra ni una paz impuesta, prometiendo represalias de consecuencias “irreparables” ante cualquier ataque. Simultáneamente, Irán ya está preparando misiles para un posible contraataque contra bases estadounidenses, y altos comandantes militares llaman a evacuar Tel Aviv y Haifa inmediatamente. La retórica se endurece con amenazas explícitas: “nuestras operaciones punitivas comenzarán pronto”, advirtió el jefe del Estado Mayor iraní.
La implicación de Estados Unidos en el conflicto es cada vez más probable. Trump se ha reunido en repetidas ocasiones con su Consejo de Seguridad Nacional, y funcionarios confirmaron que considera seriamente unirse a la guerra con ataques a instalaciones nucleares iraníes. “Tenemos el control total de los cielos sobre Irán”, afirmó el presidente desde Truth Social, y advirtió que el Líder Supremo es un blanco fácil aunque no será eliminado “por ahora”. El Pentágono ha desplegado más aviones de combate y activos aéreos en Oriente Medio, incluidos bombarderos B-52 estacionados en Diego García, aumentando las posibilidades de una ofensiva directa estadounidense en las próximas horas o días. Rusia, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, calificó de ilegales los ataques israelíes y advirtió que se está creando una amenaza inaceptable para la seguridad internacional, mientras un ministro ruso declaró que “estamos a milímetros de la catástrofe”. Turquía también ha respondido militarmente tras una violación aérea por parte de un avión de combate israelí.
En el frente fiscal y energético, los Emiratos Árabes Unidos buscan multiplicar por seis su inversión energética en EE. UU. en la próxima década, alcanzando los 440.000 millones de dólares. En paralelo, la Corte Suprema ha aceptado revisar la impugnación a los aranceles globales impuestos por Trump, lo que añade más incertidumbre al comercio internacional, especialmente mientras Trump sigue criticando a la UE y Japón por acuerdos comerciales “injustos”. Las declaraciones de Trump respecto a no atacar al Líder Supremo “al menos por ahora”, su control sobre el espacio aéreo iraní y su advertencia de que la “paciencia se está agotando” aumentan la percepción de que su ingreso directo en el conflicto es inminente.
En el plano corporativo, la empresa XAI de Elon Musk se encuentra en negociaciones para recaudar 4.300 millones de dólares en capital, reflejando el dinamismo persistente en el sector tecnológico incluso en medio de tensiones geopolíticas y financieras. Por otra parte, la FDA de EE. UU. anunció que expedirá vales prioritarios a empresas que apoyen los intereses estratégicos nacionales, lo que puede incentivar nuevas inversiones en sectores clave.
En Europa, los datos del IPC de la eurozona para mayo confirmaron una inflación interanual del 1,9%, en línea con lo previsto, mientras que el IPC subyacente se ubicó en 2,3%. El BCE enfrenta una situación delicada ante el conflicto en Oriente Medio, con el miembro del consejo Villeroy reconociendo que el aumento de los precios del petróleo y la apreciación del euro deben incorporarse en la política monetaria. El BCE también informó una caída considerable en la cuenta corriente de abril, que se redujo a 19.800 millones de euros desde los 50.900 millones del mes anterior, reflejo de un deterioro en la balanza de pagos. En Suecia, el Riksbank redujo la tasa de política monetaria en 25 puntos básicos, del 2,25% al 2,00%, decisión esperada por los mercados pero que marca una postura más dovish en el continente. El canciller alemán Merz declaró que la destrucción completa del programa nuclear iraní está sobre la mesa y que no puede lograrse solo con Israel, reafirmando la necesidad de cooperación transatlántica, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó que EE. UU. y la UE tienen como plazo el 9 de julio para resolver su disputa comercial. Además, reconoció que la UE mantiene un superávit comercial con EE.UU., y no espera una presión significativa para cambiar esa dinámica en el corto plazo.
En Asia, las cifras macroeconómicas reflejan un retroceso. Las exportaciones de Japón cayeron un 1,7% interanual en mayo, la mayor caída desde septiembre de 2024, contrastando con el aumento del 2% registrado en abril. A pesar de que la caída fue menor a la esperada (-3,8%), marca un deterioro en el comercio exterior japonés, presionado por la guerra comercial y la fricción con China. La confianza de los fabricantes japoneses se debilitó en junio ante el impacto de los aranceles y la incertidumbre con China, mientras el político Ishiba declaró que Japón no se apresurará en cerrar acuerdos comerciales si estos comprometen los intereses nacionales. Desde China, Bloomberg reporta que la avalancha de subsidios al consumidor está sobrecargando el programa de estímulo, lo que indica una presión fiscal creciente para sostener la demanda interna.
Finalmente, desde Oceanía, el índice de precios GDT de Nueva Zelanda mostró una variación de -1,0%, una caída menos pronunciada que la del -1,6% anterior, pero que evidencia persistente debilidad en los mercados de materias primas agrícolas.
El panorama de los mercados globales se ha tornado profundamente incierto y vulnerable. La confluencia de una tensión geopolítica extrema en Medio Oriente con una Reserva Federal atrapada entre la desaceleración económica y la amenaza inflacionaria impulsada por el petróleo crea un entorno de altísima sensibilidad para los mercados financieros. La posible entrada de EE.UU. en el conflicto con Irán alteraría radicalmente el equilibrio de riesgo global, afectando cadenas de suministro, precios energéticos, y desencadenando posiblemente una recesión energética sincronizada si los precios del crudo se disparan.
Los activos de riesgo se encuentran en un punto de inflexión: un discurso más agresivo de Powell o la confirmación de la ofensiva estadounidense podría acelerar una corrección global. A su vez, Europa se enfrenta al dilema de sostener una política flexible ante una inflación que podría reanimarse por los precios del petróleo, mientras Asia lidia con la contracción de exportaciones y subsidios fiscales cada vez más difíciles de sostener.
A corto plazo, los mercados deben prepararse para alta volatilidad, eventos de riesgo binario y revaloración de primas por riesgo geopolítico. Si el conflicto escala sin control, es probable que el apetito por activos seguros (bonos del Tesoro, oro, dólar) aumente sustancialmente. En un escenario más benigno, con diplomacia efectiva o intervención contenida, podríamos ver un repunte moderado en activos de riesgo hacia el tercer trimestre, aunque la incertidumbre estructural se mantendrá elevada por el resto del año.