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Cuando el problema es grave: ¿consultor experimentado o inteligencia artificial?

Por Juan Carlos Valda

Hay preguntas que parecen modernas, pero en realidad son viejas, sólo cambió el nombre de una de las partes.

Hoy podríamos preguntarnos: cuando tienes un problema grave en tu empresa, ¿a quién recurres? ¿A un consultor experimentado o a la inteligencia artificial? ¿En quién confías más? ¿Quién crees que puede ayudarte mejor?

La pregunta es válida, pero también puede ser tramposa porque plantea una competencia donde, en realidad, debería haber una complementariedad. La inteligencia artificial puede ser una herramienta extraordinaria, ordenar información, generar hipótesis, comparar alternativas, ayudar a pensar escenarios, resumir documentos, detectar inconsistencias y acelerar procesos que antes llevaban horas o días, sería absurdo negar su valor. Pero cuando el problema es realmente grave, cuando lo que está en juego no es sólo una decisión técnica sino la continuidad de la empresa, el vínculo entre socios, la confianza del equipo, la sucesión familiar, la rentabilidad futura o la calidad de vida del empresario, la pregunta cambia.

Ya no se trata solamente de quién sabe más sino de quién comprende mejor, y ahí aparece una diferencia enorme: la IA puede procesar información, pero un consultor experimentado puede leer una situación, y en ese sentido no estamos hablando de lo mismo.

Una cosa es recibir datos, documentos, balances, organigramas, minutas, indicadores o transcripciones, pero otra muy distinta es entrar en una empresa, mirar cómo se sientan los hermanos en una reunión, detectar quién calla aunque tenga poder, advertir quién habla mucho para no decir lo importante, percibir cuándo un fundador dice que quiere delegar pero en realidad teme dejar de ser necesario, o descubrir que el problema comercial no está en los vendedores sino en una propuesta de valor que perdió sentido hace años.

La inteligencia artificial puede ayudarte a ordenar el mapa, pero alguien con experiencia puede darse cuenta de que el mapa que trajiste no representa el territorio. Y eso, mi estimado/a lector/a, es decisivo porque las pymes rara vez tienen problemas puros. No existe «sólo» un problema de costos, «sólo» un problema de ventas, «sólo» un problema de liderazgo o «sólo» un problema familiar. Casi siempre hay una mezcla desordenada de temas técnicos, emocionales, históricos, culturales y personales.

La baja rentabilidad puede estar conectada con precios mal definidos, pero también con descuentos concedidos por miedo a perder clientes. La falta de delegación puede presentarse como un problema de estructura, pero en el fondo puede esconder desconfianza, malas experiencias anteriores o una identidad empresaria construida sobre la idea de «si no estoy yo, esto no funciona». El conflicto entre familiares puede expresarse en discusiones operativas, pero quizá la verdadera disputa sea por reconocimiento, poder, pertenencia o futuro.

Frente a eso, la IA puede ofrecer diagnósticos posibles y no tengo dudas de que muchos serán muy buenos. Incluso puede formular preguntas inteligentes, pero no se hace cargo del clima emocional que genera esa pregunta, no mide el momento, no sabe cuándo conviene avanzar, cuándo conviene esperar, cuándo una palabra puede abrir una conversación y cuándo puede romper un vínculo, y tampoco asume el riesgo de estar frente a personas reales, con historias reales, heridas reales y consecuencias reales. Un consultor experimentado, en cambio, no sólo responde: también decide cómo intervenir, y eso define buena parte de la calidad de la ayuda.

En los problemas graves, muchas veces la calidad de la ayuda no está en la brillantez de la respuesta, sino en la oportunidad, la prudencia y la lectura del contexto. Hay verdades que, dichas antes de tiempo, generan rechazo, diagnósticos correctos que, mal presentados, destruyen la posibilidad de cambio, soluciones técnicamente impecables que fracasan porque nadie está emocionalmente preparado para aceptarlas y hay empresarios que no necesitan que alguien les diga «qué deberían hacer», sino que los ayude a mirar lo que hace tiempo no quieren mirar.

La IA puede decirte: «debes profesionalizar la empresa» mientras que un consultor con años de recorrido puede advertir que esa frase, en esa familia, significa para el fundador «me quieren sacar», para el hijo «nunca me van a dejar crecer», para el gerente histórico «van a traer gente de afuera para reemplazarnos» y para los empleados «se viene una etapa de control y castigo».

La misma palabra puede tener significados distintos según quién la escuche, y ahí está uno de los grandes límites de pensar que la inteligencia artificial reemplaza la experiencia humana: la empresa no es un conjunto de variables sino un sistema vivo, con memoria, miedos, hábitos, orgullos, silencios, zonas prohibidas, relatos fundacionales, personas que dicen una cosa en la reunión y otra en el pasillo, decisiones que no se toman porque nadie quiere pagar el costo político de tomarlas, y temas que se disfrazan de urgencias operativas para no hablar de lo verdaderamente importante.

La IA puede ayudarte a pensar, pero no puede haber vivido cientos de conversaciones difíciles con empresarios. No puede haber visto cómo una empresa se deteriora durante años por evitar una decisión incómoda ni puede reconocer en la voz de un fundador esa mezcla de cansancio, orgullo, bronca y miedo que muchas veces aparece cuando empieza a comprender que la empresa ya no puede seguir dependiendo de él. No puede recordar, desde la experiencia propia, cuántas veces una solución obvia fracasó porque nadie trabajó antes la confianza necesaria para implementarla.

Por eso, cuando el problema es grave, la pregunta no debería ser «¿consultor o IA?». La pregunta más inteligente sería: ¿qué lugar debe ocupar cada uno?

La IA puede ser una gran asistente del proceso, ayudar a preparar información, ordenar alternativas, construir tableros, redactar documentos, analizar escenarios, resumir reuniones, detectar patrones, diseñar preguntas y enriquecer el pensamiento del consultor y del empresario. Usada bien, puede mejorar mucho la calidad del trabajo. Puede obligarnos a pensar mejor, a no quedarnos con la primera explicación, a explorar opciones que quizá no habíamos visto, pero la IA no debería ser el piloto cuando el avión atraviesa una tormenta.

Puede aportar instrumentos, mostrar datos, e incluso sugerir rutas, pero cuando hay turbulencia real, cuando hay personas asustadas, cuando una mala maniobra puede partir la empresa o la familia, necesitas a alguien que haya volado muchas veces en condiciones difíciles, que sepa que no todo lo correcto se hace de inmediato, que entienda que, en una empresa familiar, a veces el problema no es llegar rápido sino llegar juntos, y que pueda distinguir entre lo urgente, lo importante y lo emocionalmente posible.

El consultor experimentado tampoco es infalible. Sería peligroso idealizarlo porque hay consultores que repiten recetas, que hablan desde manuales, que no escuchan, que se enamoran de su metodología o que intentan imponer soluciones sin comprender la cultura de la empresa. La experiencia, por sí sola, no garantiza lucidez: también puede transformarse en soberbia, rigidez o piloto automático.

Por eso no se trata de confiar ciegamente en una persona sólo porque tiene años de trayectoria sino de hacerlo en alguien que haya convertido la experiencia en criterio, que haya visto mucho, pero que todavía sepa escuchar, que tenga método, pero no confunda método con molde.

La confianza no debería ponerse en quien promete respuestas rápidas, sino en quien ayuda a formular mejor el problema porque cuando el problema es grave, la primera trampa es creer que ya sabemos cuál es el problema. Muchas empresas piden ayuda por ventas y terminan descubriendo que su verdadero problema es de posicionamiento. O piden ayuda por conflictos familiares y aparece una enorme ausencia de reglas de gobierno. O piden ayuda por falta de compromiso del equipo y se descubre que nadie sabe realmente hacia dónde va la empresa. O piden ayuda por falta de rentabilidad y aparece una cultura comercial acostumbrada a vender sin mirar márgenes.

La IA puede trabajar muy bien sobre el problema que le describes, pero el consultor experimentado, si es bueno, tiene que ayudarte a descubrir si ese es realmente el problema, y esa es una diferencia fundamental.

La inteligencia artificial responde desde lo que se le entrega, pero el consultor experimentado también trabaja sobre lo que no se dice, sobre lo que falta, sobre lo que contradice, sobre lo que se evita, sobre lo que duele, sobre lo que se repite. La IA puede encontrar coherencia en un texto; el consultor debe encontrar incoherencias en una realidad. La IA puede producir un plan; el consultor debe evaluar si esa empresa, con esa gente, con esa historia y con ese momento emocional, está en condiciones de llevarlo adelante.

En temas simples, operativos o exploratorios, quizá la IA alcance y sobre. Por supuesto que puede ser más rápida, más barata y muy útil, pero en los problemas graves, esos que definen el futuro, el empresario no busca solamente información: espera criterio, contención, una mirada externa que no esté atrapada en la interna de la empresa, alguien que pueda decirle lo que otros no se animan a decirle, pero de una manera que todavía le permita escucharlo. Y eso exige humanidad, experiencia y responsabilidad.

Mi respuesta, entonces, sería clara: cuando el problema es grave, yo recurriría a un consultor experimentado que sepa usar inteligencia artificial, no a la inteligencia artificial en lugar del consultor porque el futuro no será de los consultores que ignoren la IA, ni de los empresarios que crean que la IA reemplaza toda experiencia humana. El futuro será de quienes sepan combinar velocidad con criterio, información con interpretación, tecnología con sensibilidad, análisis con conversación y herramientas nuevas con sabiduría práctica.

La IA puede ayudarte a pensar más rápido, pero un buen consultor puede ayudarte a pensar mejor. Y cuando el problema es realmente grave, pensar mejor vale mucho más que responder rápido.

“El Cazal”, de proyecto a realidad: cómo un barrio parque náutico se convierte en un caso de éxito inmobiliario

El desarrollo urbanístico de Grupo E2 cuenta hoy con más de 150 casas construidas y toda su infraestructura residencial, deportiva y náutica en pleno funcionamiento.

Lo que comenzó como una apuesta por revitalizar una zona con alto potencial natural hoy se presenta como un caso concreto de éxito inmobiliario. Al cabo de 16 años desde su lanzamiento, El Cazal —el barrio parque náutico impulsado por Grupo E2 en la zona de El Cazador— logró materializar la propuesta con la que fue concebido: crear un entorno residencial integrado al agua y a la naturaleza. Hoy el barrio cuenta con la totalidad de sus 280 lotes desarrollados, más de 150 casas construidas y una comunidad que ya vive y disfruta plenamente de su infraestructura y servicios

Implantado sobre una superficie total de 70 hectáreas, el proyecto fue concebido desde sus inicios como una propuesta urbanística orientada a combinar calidad residencial, vida al aire libre y contacto directo con el entorno natural. Los lotes —de aproximadamente 900 metros cuadrados en promedio (45 metros de largo por 20 de ancho)— fueron diseñados con una fuerte relación con el agua: 143 cuentan con salida directa a la laguna, 68 disponen de amarras propias y 69 son internos, todos integrados en un entorno parquizado con amplios espejos de agua y vegetación característica de la zona.

El concepto del barrio buscó recrear un ambiente náutico privado que promueve un estilo de vida activo y familiar. Lagunas y espacios verdes conviven con infraestructura pensada para la recreación, el deporte y la vida comunitaria, generando un entorno donde la naturaleza, el descanso y las actividades al aire libre forman parte de la vida cotidiana. La propuesta se completó con un club house y áreas deportivas que incluyen canchas de tenis y fútbol, además de espacios recreativos, área de juegos para niños y sectores de servicios, así como también un área náutica con puerto y amarras. El desarrollo contempla sumar próximamente un conjunto edilicio con dormies consolidando la identidad del barrio como una comunidad residencial vinculada al agua.

El proyecto fue pionero en revalorizar la zona de El Cazador, un área con fuerte identidad paisajística dentro del partido de Escobar. En este contexto, El Cazal se posicionó como el primer barrio parque náutico del Nuevo Cazador, combinando lotes amplios, naturaleza, infraestructura deportiva y accesos ágiles, lo que lo convierte hoy en una propuesta residencial atractiva tanto para quienes buscan calidad de vida como para quienes identifican oportunidades de inversión en el corredor norte del Gran Buenos Aires.

“Para Grupo E2, agregar valor implica planificar proyectos que generen un impacto positivo en el entorno, ya sea apostando por zonas con potencial aún inexplorado o recuperando atributos propios de determinados lugares en sintonía con las nuevas formas de habitar”, señala Adrián Saraco, CEO de Grupo E2.

“El Cazal refleja esa visión: un proyecto que recupera el espíritu de la zona de El Cazador y propone un estilo de vida náutico, joven y familiar, fácil de acceder y en contacto directo con la naturaleza, que hoy se ha convertido en una oportunidad inmobiliaria de gran atractivo en la región”, concluye Saraco.

El Cazal ha sido el primero de los desarrollos impulsados por Grupo E2, empresa argentina con más de 18 años de trayectoria en proyectos urbanísticos de gran escala en Argentina y otros mercados. Tras esta experiencia pionera de El Cazal el grupo continuó su expansión con emprendimientos como El Naudir Aguas Privadas, un barrio náutico de 180 hectáreas y más de 1.000 lotes; Naudir Delta, un desarrollo de 45 hectáreas actualmente en avance; y proyectos en Los Cardales, como El Campo, Fincas Exclusivas Cardales, y El Club Cardales, desarrollo de 176 hectáreas con cerca de 700 lotes, polo educativo, propuestas deportivas y espacios comerciales en pleno desarrollo.

Fundador de AJE alerta: el Perú atraviesa una crisis por falta de rumbo y liderazgo

El empresario ayacuchano y fundador del Grupo AJE, Carlos Añaños, reflexionó sobre la actual crisis política y social que atraviesa el país, advirtiendo que el Perú “ha perdido el rumbo” debido a la falta de una visión clara y de largo plazo.

En ese contexto, el líder empresarial sostuvo que es urgente replantear el futuro del país a través de una agenda estructurada que permita recuperar la confianza ciudadana y dinamizar el desarrollo económico. Para ello, propuso establecer cinco ejes de transformación orientados a fortalecer la institucionalidad, impulsar la inversión, mejorar la educación, promover la sostenibilidad y reducir las brechas sociales.

Añaños enfatizó que el Perú cuenta con un enorme potencial, pero requiere liderazgo, unidad y decisiones estratégicas para encaminarse hacia un crecimiento sostenido. Asimismo, hizo un llamado a las autoridades, al sector privado y a la sociedad civil a trabajar de manera conjunta en la construcción de una visión país que garantice oportunidades para todos los peruanos.

Finalmente, destacó que solo a través de un esfuerzo articulado y con objetivos claros será posible superar la crisis actual y sentar las bases de un desarrollo inclusivo y sostenible.

Prevención y compromiso: las claves para fortalecer la seguridad en el trabajo

El verdadero desafío está en hacer de la prevención un hábito diario, que se refleje en cada decisión y en cada acción dentro de la organización.

En un contexto donde los riesgos laborales continúan siendo un desafío para distintos sectores productivos en el país, fortalecer una verdadera cultura de seguridad y salud en el trabajo es una prioridad para las organizaciones. Más allá de cumplir protocolos o normativas, el principal reto está en integrar la prevención en una práctica cotidiana.

De acuerdo con Víctor Romaní, gerente de seguridad, salud ocupacional y bienestar de Claro Perú, una cultura preventiva sólida implica que colaboradores, líderes y empresas compartan la responsabilidad de identificar riesgos, promover entornos seguros y actuar de manera anticipada frente a posibles incidentes.

“Hablar de seguridad en el trabajo no debe quedarse en una fecha ni en el cumplimiento de una norma. El verdadero desafío es preguntarnos constantemente cómo estas acciones protegen la salud y seguridad de las personas, y hacer de la prevención un hábito diario, que se refleje en cada decisión y en cada acción dentro de la organización”, agregó Romaní.

En esa línea, destaca algunas acciones clave para fortalecer una cultura de prevención en los espacios laborales:

  • Capacitación constante: mantener programas de formación y actualización permite que los colaboradores conozcan los riesgos asociados a sus funciones y sepan cómo actuar frente a distintas situaciones.
  • Prevención desde el liderazgo:el compromiso de líderes resulta fundamental para promover conductas seguras y reforzar la importancia de la prevención en el día a día.
  • Identificación temprana de riesgos:evaluar continuamente las condiciones de trabajo ayuda a detectar posibles peligros antes de que se conviertan en incidentes o accidentes.
  • Participación activa de los colaboradores:fomentar que los equipos reporten situaciones de riesgo y propongan mejoras contribuye a construir entornos más seguros y colaborativos.
  • Incorporación de tecnología y monitoreo: herramientas digitales, sistemas de supervisión y procesos automatizados pueden contribuir a fortalecer la gestión preventiva y mejorar la respuesta ante contingencias.

Consolidar una verdadera cultura de seguridad no solo contribuye a prevenir accidentes, sino que también fortalece el bienestar de los colaboradores, mejora el clima laboral y genera entornos de trabajo más sostenibles y resilientes.

En un contexto donde los entornos laborales evolucionan constantemente, especialistas coinciden en que la prevención debe asumirse en un compromiso permanente y compartido. Más que una obligación, promover el cuidado de las personas representa hoy un factor clave para construir organizaciones más responsables, eficientes y preparadas para el futuro.

EE.UU. y Canadá lideran auge del chocolate peruano en el inicio de 2026

Los envíos al exterior de chocolates peruanos en los dos primeros meses del año sumaron US$ 16 millones 695 mil, cifra que indica un incremento de 67% en comparación al mismo periodo del 2025 (US$ 10 millones), informó la Gerencia de Agroexportaciones de la Asociación de Exportadores (ADEX).

En cuanto al volumen, se despacharon poco más de 1,772 toneladas, evidenciando un aumento de 52% con relación al año pasado cuando se trasladaron 1,167 toneladas.

EE.UU. (US$ 5 millones 926 mil) y Canadá (US$ 5 millones 474 mil) fueron los mercados más destacados, con crecimientos de 25.6% y 162%, respectivamente. Ambos acumularon el 68.3% del total.

Asimismo, se registraron ventas hacia Camboya (US$ 1 millón 325 mil), Ecuador (US$ 1 millón 062 mil), México (US$ 669 mil 164), Australia (US$ 447 mil 989), Chile (US$ 416 mil 432), Reino Unido (US$ 232 mil 474), Bolivia (US$ 219 mil 151) y Colombia (US$ 216 mil 264).

Este producto se exportó en diversas presentaciones y alternativas: con aguaymanto orgánico, quinua y kiwicha, arándanos, menta, almendras, macambo (fruta amazónica del mismo género del cacao), tapioca (obtenida del almidón de la raíz de la yuca) y otros que suelen ser regalados en fechas especiales como el Día de la Madre, San Valentín y cumpleaños.

Con una participación de 72.7%, Ica (US$ 12 millones 143 mil) se posicionó como la región exportadora más importante, con una variación positiva de 80.7%. La siguieron Callao (US$ 2 millones 173 mil) y Lima (US$ 1 millón 967 mil).

Otras fueron Piura (US$ 147 mil 609), Arequipa (US$ 49 mil 262), Ucayali (US$ 46 mil 646), Tacna (US$ 33 mil 797), San Martín (US$ 28 mil), Huánuco (US$ 3 mil 764) y Cusco (US$ 2 mil 010).

2025

Según cifras del ADEX Data Trade, los envíos de chocolate peruano en el 2025 alcanzaron los US$ 97 millones 476 mil, presentando un alza de 44.1% en contraste con el mismo lapso del 2024 (US$ 67 millones 623 mil).

El comprador más relevante fue EE.UU. (US$ 35 millones 347 mil), que aumentó su demanda en 27.4% y representó el 36.2% del total. Lo siguió Canadá (US$ 15 millones 321 mil), con una variación de 19% y una participación de 15.7%. También se despachó a Chile, Brasil, Argentina, Ecuador, México, Bolivia, entre otros.

Oportunidades

El Centro de Investigación de Economía y Negocios Globales CIEN-ADEX identificó oportunidades para la exportación de chocolate relleno en Nueva Zelanda, país que entre el 2021 y 2025 lo importó de manera sostenida, a una tasa promedio anual de 10.1%.

En su Reporte de Oportunidades No Aprovechadas: Chocolate relleno a Nueva Zelanda indicó que el año pasado Nueva Zelanda importó chocolate relleno por US$ 53 millones 800 mil, evidenciando un crecimiento de 41% respecto al 2024. Sus principales proveedores fueron Australia, Turquía, Reino Unido y Alemania. Los envíos peruanos representaron apenas el 0.03%.