Oro supera los US$ 3.900 por primera vez, impulsado por la demanda de refugio tras el shutdown en EE. UU.

El petróleo cerró la sesión de hoy con pérdidas significativas, presionado por los datos de inventarios en Estados Unidos. 

El oro cerró la sesión de este miércoles con una fuerte alza, superando por primera vez el nivel de US$ 3.900 por onza, en un movimiento sostenido por una demanda robusta de inversores en busca de protección tras el shutdown en Estados Unidos. El desempeño confirma el marcado apetito por activos de refugio en medio del actual grado de incertidumbre global, sumado a la perspectiva de que la Reserva Federal adoptará una política monetaria más flexible en los próximos meses. La trayectoria ascendente estuvo impulsada por la debilidad del dólar, que hace más atractivo al metal para los inversores internacionales, así como por el debilitamiento de los indicadores económicos recientes en Estados Unidos, los cuales refuerzan las expectativas de recortes de tasas de interés, reduciendo el costo de oportunidad de mantener oro, un activo que no genera rendimientos.

En el plano técnico, la ruptura de la resistencia en torno a los US$ 3.900 confirma un sesgo alcista consistente, con el mercado incorporando nuevas posiciones largas y ampliando el momentum de la subida. Ante este escenario, el oro proyecta un potencial adicional de valorización, especialmente si los indicadores macroeconómicos continúan mostrando debilidad y fortalecen la premisa de un mayor estímulo monetario por parte de la Reserva Federal.

El petróleo cerró la sesión de hoy con pérdidas significativas, presionado por los datos de inventarios en Estados Unidos que superaron las expectativas y por el escrutinio de los inversores en torno a las próximas decisiones de la OPEP+, en un contexto marcado por el shutdown del gobierno estadounidense. Los informes más recientes señalaron un incremento en las reservas de productos derivados (gasolina y destilados), aunque los inventarios de crudo registraron una ligera contracción, lo que indica que, si bien la oferta de petróleo bruto experimentó cierto alivio, el exceso de suministro en productos refinados continúa ejerciendo presión sobre los precios. Este panorama refleja debilidad en la cadena de demanda y aumenta el escepticismo respecto a la sustentación de las cotizaciones en el corto plazo.

Adicionalmente, las expectativas de que la OPEP+ podría ampliar su producción en noviembre —posiblemente en un rango de entre 100 mil y hasta 500 mil barriles por día— intensificaron los temores de un desequilibrio aún mayor entre oferta y demanda. Aunque algunos miembros del cartel han rechazado públicamente propuestas más agresivas de incremento en la producción, el riesgo de una mayor expansión del flujo global mantuvo un entorno de cautela entre los agentes de mercado. Al mismo tiempo, la paralización parcial del gobierno de Estados Unidos agrava la incertidumbre macroeconómica, con la posibilidad de interrumpir la publicación de indicadores clave y comprometer las proyecciones de crecimiento, factores que suelen incidir directamente en el apetito por petróleo a escala global.