Consultas aumentan desde el exterior, pero el repunte aún no se traduce en un boom de ventas.
El mercado inmobiliario en Venezuela empieza a moverse después de años de estancamiento. En distintas ciudades del país los precios han subido entre 20% y 50% desde inicios de enero, impulsados principalmente por expectativas de un nuevo escenario político y una eventual recuperación económica.
Aunque no existen cifras oficiales que permitan medir con precisión el comportamiento del sector tras la salida de Nicolás Maduro el 3 de enero, agentes inmobiliarios coinciden en que las consultas han aumentado, especialmente desde venezolanos que viven en el exterior y que evalúan invertir o asegurar una propiedad ante la posibilidad de un cambio estructural en el país.
Expectativas que adelantan los precios
En ciudades como Ciudad Guayana y Cumaná, corredores reportan que inmuebles que permanecieron meses sin vender ahora han sido relistados con precios considerablemente más altos. Una vivienda que hace dos años se ofrecía en 55.000 dólares hoy puede alcanzar los 85.000 dólares, según operadores del sector.
Sin embargo, el mayor número de consultas no ha venido acompañado de un incremento proporcional en las transacciones. Muchos compradores potenciales consideran que los nuevos valores son elevados y prefieren esperar mayor claridad económica. Al mismo tiempo, propietarios han decidido retirar sus inmuebles del mercado ante la expectativa de que puedan valorizarse aún más.
Para el economista Asdrúbal Oliveros, lo que predomina es un fenómeno de expectativas. La percepción de un cambio político ha generado un ajuste emocional en los precios, aunque todavía no existen fundamentos económicos sólidos que respalden plenamente ese incremento.
El factor petrolero y la cautela inversionista
El sector energético vuelve a estar en el centro del análisis. La reciente aprobación de normas destinadas a atraer inversión extranjera al petróleo ha renovado el optimismo sobre una eventual recuperación productiva. No obstante, las compañías internacionales mantienen cautela tras años de expropiaciones y volatilidad regulatoria.
Incluso en un escenario favorable, cualquier aumento significativo en la producción petrolera tomaría tiempo, lo que implica que el impacto real en el mercado inmobiliario no sería inmediato.
Demanda interna limitada
Mientras tanto, la capacidad de compra dentro del país continúa restringida. Tras años de hiperinflación, contracción bancaria y ausencia de crédito hipotecario de largo plazo, buena parte de la población no puede acceder a vivienda propia. Esto ha reducido el mercado principalmente a compradores con liquidez en divisas, muchos de ellos residentes en el exterior.
En destinos turísticos como Margarita, agentes estiman que alrededor del 80% de las consultas provienen de venezolanos fuera del país. Sin embargo, varios corredores advierten que los incrementos acelerados podrían frenar operaciones si no se consolidan señales económicas más claras.
Un mercado que se mueve por anticipación
El comportamiento actual del sector refleja más una reacción a la expectativa de cambio que una recuperación estructural confirmada. Si la transición política logra traducirse en estabilidad institucional, retorno de inversión extranjera y reactivación del crédito, el ajuste de precios podría consolidarse. De lo contrario, el mercado podría enfrentar una corrección.
Por ahora, el mercado inmobiliario venezolano avanza en una etapa de transición, marcada por optimismo prudente y decisiones que se toman más por percepción que por datos concretos.






