Cuando la inversión privada se mueve, la economía también lo hace. Ese impulso se traduce en más empleo y en mejores condiciones para el desarrollo.
Nuevos locales comerciales, una fábrica que amplía su producción y un negocio que decide crecer: eso es inversión privada, y es la fuerza que impulsa la economía peruana. Hoy su dinamismo supera los niveles de pre pandemia y el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) elevó su proyección de crecimiento para 2025 hasta 9,5%, una cifra casi tres veces mayor al avance registrado en 2024 (3,3%). Detrás de esta cifra hay más actividad productiva y nuevas oportunidades de empleo.
“La inversión privada es el corazón que bombea con fuerza la expansión de un país. En Perú, este impulso se refleja en la proyección de crecimiento para 2025, que será la más alta desde 2012, excluyendo la pandemia. Esto marca un punto importante, porque implica que empresas pequeñas, medianas y grandes están ejecutando más proyectos: se construyen carreteras, viviendas y fábricas; se compran máquinas; se abren negocios y se amplían servicios. Este mayor movimiento económico se traduce en más empleo, más ingresos y mejores condiciones para el desarrollo”, explicó Franco Saito, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Según el BCRP, parte de este impulso proviene del sector minero. Los altos precios de los metales generaron mayores recursos, que se destinaron a ampliar operaciones, adquirir equipos y fortalecer los proyectos en marcha.
Pero la inversión no se quedó ahí. También se destinó a grandes obras de infraestructura, proyectos de telecomunicaciones y sistemas eléctricos. Este impulso fue acompañado por una mayor inversión en maquinaria, equipos y materiales de construcción, una señal de que se está ampliando y renovando la capacidad productiva.
“La inversión privada actúa como un termómetro del crecimiento económico. Cuando se expande, refleja un mayor nivel de confianza en el entorno económico, lo que impulsa la ampliación de actividades productivas, la ejecución de nuevos proyectos y la generación de empleo. Por ello, los periodos de mayor inversión suelen estar asociados a un aumento de las contrataciones, especialmente en sectores con alta demanda de trabajadores como la agricultura, el comercio, la construcción y los servicios. En ese contexto, el crecimiento de la inversión se traduce en más oportunidades de empleo formal”, explicó Saito.
En este contexto, a octubre de 2025 se crearon 269 mil nuevos puestos de trabajo formales en el sector privado. La mayor parte se concentró en actividades como agricultura, comercio y servicios, que en conjunto explicaron más del 80% de los nuevos empleos. Este desempeño confirma que el dinamismo de la inversión se traduce en ampliación de actividades productivas y en mayores oportunidades laborales formales.
Sin embargo, este impulso no se sostiene por sí solo. Para que la inversión continúe creciendo, se requiere un entorno de confianza basado en reglas claras y un panorama estable. Factores como la inseguridad ciudadana y la incertidumbre reducen la confianza y elevan los costos de operar y planificar proyectos de largo plazo. Saito señaló que estos riesgos terminan postergando decisiones de inversión y limitando la generación de empleo y crecimiento. Por ello, avanzar hacia un entorno más estable y predecible resulta fundamental para sostener una recuperación de la inversión en el tiempo.






