La expansión global de la flota industrial china, impulsada por subsidios estatales, deteriora la biodiversidad marina, genera tensiones geopolíticas y pone en riesgo la pesca sostenible en todo el mundo.
Entre 2022 y 2024, 57.000 barcos industriales chinos realizaron el 44 % de la pesca global visible, sumando más de 8,3 millones de horas de pesca, según un informe de Oceana citado por el economista Noah Smith. Esta actividad representa el 30 % del esfuerzo pesquero en alta mar, con efectos devastadores sobre ecosistemas frágiles y recursos pesqueros estratégicos para la economía mundial.
Mientras China ha reducido la sobrepesca en sus aguas interiores por motivos ecológicos y económicos, sus barcos operan masivamente fuera de su territorio, incluyendo aguas internacionales y zonas económicas exclusivas de países en desarrollo, donde la fiscalización es limitada.
Pesca ilegal y violaciones ambientales
La investigación del Outlaw Ocean Project revela que 357 de 751 buques calamareros chinos estaban vinculados a violaciones ambientales o de derechos humanos, incluyendo pesca ilegal, uso de artes prohibidas y falsificación de registros. Muchos métodos incluyen desactivación de transpondedores y uso de empresas pantalla. Este patrón afecta directamente a comunidades costeras y pescadores artesanales, creando competencia desigual y amenazas al sustento local.
Consecuencias ecológicas y económicas
La sobrepesca china utiliza técnicas destructivas, como la pesca de arrastre de fondo, que destruye fondos oceánicos y especies no objetivo, práctica casi abandonada por países desarrollados como Estados Unidos y Japón. Su viabilidad depende de subsidios y exenciones fiscales sobre el combustible, lo que convierte la explotación en un modelo económico insostenible.
El 80 % de los productos marinos consumidos en Estados Unidos son importados, con China como principal proveedor, trasladando los impactos ambientales a países menos capaces de fiscalizar o negociar en igualdad de condiciones.
Dimensión geopolítica de la pesca china
Expertos como Huang Jing advierten que los pescadores chinos funcionan como “personal paramilitar de facto”, proyectando poder estatal y reforzando reclamos territoriales. Esta estrategia conjunta de pesqueros y guardacostas ha generado conflictos en lugares como Corea del Norte, México e Indonesia, transformando la sobrepesca en instrumento de política exterior y espionaje internacional, más allá de un problema ambiental.
Soluciones y propuestas
Entre las medidas sugeridas para mitigar el impacto, destacan:
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Prohibición global de la pesca de arrastre de fondo, eliminando subsidios que sustentan esta práctica.
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Autorización a Estados para incautar y vender barcos ilegales, similar al corsarismo histórico, cuando los recursos estatales son insuficientes.
Organizaciones como Sea Shepherd mantienen la alerta, mientras que otras ONG tradicionales han reducido la presión sobre la flota china, enfocándose principalmente en abusos occidentales.






