La silenciosa revolución de los datos

Por Claudia Boeri, Presidenta de SAP para la región MCLAC

En América Latina estamos ante una transformación profunda, quizá la más determinante desde la digitalización masiva de los años noventa. Pero, a diferencia de aquellas etapas visibles y ruidosas, esta revolución avanza en silencio. No son las interfaces ni los algoritmos los que están cambiando el futuro de las organizaciones: son los datos. Más específicamente, la calidad, el contexto y la confiabilidad de esos datos.

Hoy la inteligencia artificial ocupa los titulares, pero su verdadero poder depende de la materia prima que la alimenta. Un agente de IA es tan inteligente como los datos que recibe. Por eso afirmamos que la revolución no es sólo la IA; es la calidad del dato. Y ambas necesitan una de la otra.

La calidad de los datos no se limita a su exactitud. También depende de la semántica empresarial, es decir, del significado compartido que les damos dentro de la organización. Dos áreas pueden utilizar el mismo dato con interpretaciones distintas; cuando eso sucede, incluso la información correcta genera decisiones contradictorias. En una región donde todavía conviven sistemas fragmentados, legados y procesos manuales, esta alineación es más urgente que nunca.

Para evaluar si un dato es realmente útil, debemos mirarlo a través de dimensiones concretas: exactitud, completitud, contexto, consistencia, oportunidad y unicidad. Son los criterios que permiten saber si la información es confiable y si puede respaldar analítica avanzada, automatización o modelos de IA generativa. Sin este piso, no hay innovación posible y el impacto en el negocio no se hace esperar.

La importancia de los datos de calidad se vuelve evidente cuando observamos sus beneficios: habilitan decisiones más precisas, predicciones acertadas, cumplimiento normativo, experiencias más coherentes y una operación más eficiente. Pero también cuando analizamos sus riesgos. Registros duplicados, reportes incorrectos, riesgos regulatorios, pérdida de clientes, oportunidades desaprovechadas: el costo del “mal dato” es enorme, y muchas veces invisible hasta que es demasiado tarde.

La buena noticia es que esta nueva necesidad está generando un movimiento virtuoso en el mundo del trabajo. La región de América Latina está viendo surgir profesiones que, hace pocos años, ni siquiera aparecían en los organigramas: arquitectos y curadores de datos, especialistas en gobierno de datos, ingenieros de IA, expertos en semántica, gestores de ética algorítmica. La calidad de datos no solo impulsa la eficiencia; también crea empleo, reconvierte perfiles y abre nuevas oportunidades para jóvenes profesionales y equipos técnicos.

Además, los datos confiables permiten a las empresas latinoamericanas explorar nuevos modelos de negocio: monetización de información, servicios basados en insights, cadenas de suministro predictivas, ecosistemas colaborativos y procesos autónomos.

La revolución silenciosa está en marcha y ha decidido acelerar su proceso. No ocurre en los titulares ni en los laboratorios, sino en los cimientos de cada empresa: sus datos. Quienes invierten hoy en calidad, gobierno y contexto están construyendo no solo mejores operaciones, sino también un motor sostenible para la competitividad de la próxima década. En un mundo donde la confianza es el nuevo diferencial, los datos confiables serán el activo más valioso para seguir creciendo.