Empleo débil y sobreinversión en IA sacuden a Wall Street

Datos laborales más débiles en Estados Unidos y anuncios de gasto récord en Inteligencia Artificial forzaron una corrección abrupta en Wall Street, con fuertes caídas en tecnología, rotación hacia activos defensivos y crecientes dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento y la rentabilidad de la inversión en IA.

La confianza de los inversores ha sufrido un duro revés en una jornada marcada por la capitulación de los sectores que lideraron el mercado durante 2025. Una confluencia de datos macroeconómicos decepcionantes en Estados Unidos y proyecciones de gasto masivo en Inteligencia Artificial (IA) ha provocado una reevaluación agresiva de las valoraciones. El sentimiento de mercado ha transitado desde el optimismo por la resiliencia económica hacia una preocupación palpable por la sostenibilidad del crecimiento y la salud del mercado laboral, arrastrando consigo tanto a la renta variable como a los activos digitales de mayor riesgo.

El panorama macroeconómico estadounidense se vio sacudido por el informe JOLTS, que reveló una caída inesperada de las vacantes de empleo en diciembre hasta los 6,542 millones, muy por debajo de los 7,25 millones proyectados y situándose en su nivel más bajo desde 2020. Este enfriamiento se vio reforzado por un aumento de las solicitudes semanales de subsidio por desempleo y el hecho de que los recortes de empleo anunciados en enero alcanzaron su máximo desde 2009. Ante este escenario, los bonos del Tesoro subieron, llevando los rendimientos a dos años a mínimos de casi un mes, mientras el dólar mostró signos de debilidad. El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendió la resiliencia del mercado de bonos destacando una sólida demanda extranjera, aunque admitió que sus predicciones de 2024 sobre la inflación arancelaria resultaron contrarias a la realidad. Por su parte, Raphael Bostic, de la Reserva Federal, subrayó la importancia de mantener una política «moderadamente restrictiva» debido a una inflación que ha permanecido alta demasiado tiempo.

En el frente político, el presidente Donald Trump utilizó sus plataformas para delinear una nueva estrategia de defensa, abogando por un tratado nuclear «nuevo, mejorado y modernizado» con Rusia en lugar de prorrogar el START. Este anuncio coincidió con un acuerdo en Abu Dhabi para restablecer el diálogo militar de alto nivel entre ambas potencias. Respecto a Irán, la administración Trump mantiene una postura dual: el enviado Witkoff viajará a Omán para negociaciones nucleares, mientras la Casa Blanca advierte que existen «muchas opciones además de la diplomacia». Simultáneamente, Irán realizó una demostración de fuerza al desplegar el misil balístico Khorramshahr 4, con un alcance de 2,000 km, en bases subterráneas.

El sector tecnológico ha sido el epicentro del desplome, con el Nasdaq 100 perdiendo más de un billón de dólares en valor de mercado en solo tres días. Amazon ($AMZN) fue el último gigante en sucumbir, desplomándose tras anunciar que su gasto de capital para 2026 alcanzará los 200,000 millones de dólares, superando drásticamente la estimación de 146,110 millones. A pesar de que sus ventas netas del cuarto trimestre ($213,39 mil millones) y los ingresos de AWS ($35,58 mil millones) superaron las expectativas, el mercado castigó la incertidumbre sobre el retorno de estas inversiones masivas. Alphabet ($GOOGL) también se vio afectada, anunciando el cierre de cuentas de Gemini en mercados clave y el recorte del 25% de sus empleos en dichas regiones.

Por otro lado, Qualcomm ($QCOM) sufrió una rebaja de calificación por parte de BofA a «neutral» con un precio objetivo de $155. Su CEO aclaró que el problema no es la demanda, la cual calificó como «muy fuerte», sino un cuello de botella en el suministro de memoria. En el ámbito energético, Shell proyectó una demanda robusta de GNL en China e India, mientras que Saudi Aramco ajustó sus precios oficiales de venta (OSP) de crudo ligero, reduciéndolos para Asia, pero manteniéndolos competitivos para Estados Unidos.

En la Eurozona, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, mantuvo un tono cauteloso pero ágil, proyectando que la inflación alcanzará el objetivo del 2% en 2026. Lagarde destacó que, si bien el consumo mejora, la inversión vinculada a la IA es el factor determinante para la productividad futura. El BCE anunciará próximamente un nuevo marco para estandarizar las líneas repo, buscando fortalecer el papel global del euro y permitiendo el acceso a bancos centrales fuera de la zona euro. Mientras tanto, en Alemania, el Ministerio de Economía mostró su disposición a colaborar con EE. UU. para diversificar las cadenas de suministro de materias primas críticas y reducir la dependencia de China.

En el Reino Unido, el gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, sugirió que la probabilidad de un recorte de tipos en marzo es de un 50-50, a medida que el crecimiento salarial esperado se modera ligeramente al 3,6%. Por su parte, el gobernador del Banco de Canadá, Tiff Macklem, lanzó una advertencia severa sobre la posición competitiva de su país, señalando que la falta de inversión en nuevas tecnologías frente a EE. UU. ha fracturado la relación comercial y que la transición a una «nueva economía» podría ser dolorosa y prolongada.

La capitulación ha sido total en el mercado de activos digitales, con una pérdida de valor de 2 billones de dólares desde el pico de octubre de 2025. Bitcoin cayó hasta el entorno de los 63,500 dólares, reduciendo su valor casi a la mitad en pocos meses, con el índice de «miedo extremo» situándose en 12/100. En las materias primas, la plata protagonizó un desplome histórico del 16%, mientras que el crudo WTI cerró en 63.29 dólares y el Brent en 67.55 dólares, reflejando la preocupación por una demanda global debilitada.

Desde mi punto de vista, nos encontramos ante un cambio de régimen en la narrativa de inversión. La euforia incondicional por la IA está siendo reemplazada por un rigor contable extremo; el mercado ya no premia el potencial, sino que exige pruebas de rentabilidad frente a gastos de capital que están alcanzando niveles insostenibles para muchos balances.

Si los datos de empleo de la próxima semana confirman la tendencia del JOLTS, el S&P 500 podría buscar niveles de soporte técnico mucho más bajos, intensificando la rotación hacia bonos defensivos. La ceguera informativa causada por el cierre gubernamental en EE. UU. ha creado una presión que podría estallar con la publicación del NFP el 11 de febrero.

Un escenario donde el gasto en IA no se traduce en productividad inmediata (como advirtió Macklem) pero mantiene los precios de los chips y la energía altos, obligando a la Fed a mantener las tasas restrictivas a pesar de la debilidad del empleo.

El despliegue de misiles avanzados por parte de Irán y el restablecimiento del diálogo militar EE. UU.-Rusia sugieren que el mercado de energía seguirá siendo volátil. Un fallo en la diplomacia de Witkoff en Omán podría revertir la caída del crudo de forma violenta.

La cautela será lo fundamental, la rotación hacia la calidad y la liquidez (como muestra el aumento de 85,000 millones en fondos del mercado monetario) indica que los «manos fuertes» están esperando a que el polvo se asiente antes de volver a entrar en renta variable tecnológica.

Felipe Mendoza, CEO IMB Capital Quants