El Perú frente al 2026: productividad, inversión y el desafío del orden institucional

En entrevista para Revista Economía, Gabriel Natividad, profesor de la Universidad de Piura (UDEP), analiza cómo el contexto político, la inversión privada y la productividad marcarán el desempeño económico del país en el inicio de un nuevo ciclo.

¿Cómo evalúa el panorama económico actual del Perú en este inicio del 2026 y cuáles serían sus proyecciones de crecimiento para este año?

Yo no me dedico a hacer proyecciones macroeconómicas, pero sí a interpretar cómo los cambios macro impactan en la vida de las empresas y de las personas. Partiría de tres datos clave.

El primero es el cobre, que atraviesa un momento excelente a nivel mundial, algo totalmente exógeno a la realidad peruana. El segundo y tercer dato son el oro y la plata.
Si tres metales tan importantes para el Perú tuvieron un 2025 tan favorable, eso debería traducirse en muy buenas noticias en términos de ingresos, divisas, reservas internacionales y en la ramificación de esos mayores ingresos hacia la economía local. Desde el punto de vista macro, el cambio en los términos de intercambio es claramente positivo.

Sin embargo, también hay factores negativos. El 2025 fue un año de mucha incertidumbre en aspectos básicos para la población, como la seguridad ciudadana. El Estado debe administrar justicia y garantizar la seguridad, que es un bien público esencial. Hemos visto hechos delictivos, pérdidas de vidas y una sensación de desorden, por lo que el 2025 se cierra como un año muy accidentado.

La tercera gran interrogante es el panorama electoral. En el 2026 tendremos un nuevo Poder Ejecutivo y un nuevo Congreso. La gran duda es si ambos poderes estarán alineados para mirar al mundo, entender las tendencias globales y trabajar juntos para modernizar el país. Si Ejecutivo y Legislativo no están en sintonía, el Perú no podrá avanzar lo suficiente.

¿Cuáles considera usted que son los principales desafíos estructurales que enfrenta hoy la economía peruana en el corto y mediano plazo?

El primer gran desafío es la productividad. La minería genera ingresos importantes, pero eso no es suficiente para que el país despegue. El crecimiento sostenido en los próximos 5, 10 o incluso 50 años solo será posible si aumentamos la productividad. La productividad es simple de explicar, por cada unidad de insumo, de horas de trabajo, de capital o de conocimiento, cuánto producto se obtiene. El Perú habla muy poco de productividad y ese es un error grave.

Esto empieza desde el hogar, en cómo se forman los niños, en valores como disciplina, respeto a la ley y eficiencia. Es un proceso generacional. Necesitamos trabajadores más productivos y mejor educados, no solo en educación formal. Hoy, con internet y la inteligencia artificial, el acceso al conocimiento es amplio. El problema ya no es la oferta, sino la demanda de educación.

El segundo desafío estructural es la inversión. Existe un serio entrampamiento para la inversión privada. Basta ver cómo las AFP invierten mayoritariamente en el extranjero porque en el Perú no existen mecanismos adecuados de protección y liquidez para sus inversiones. Se necesita flexibilizar las reglas para atraer capitales institucionales y fomentar una inversión de largo plazo.

El tercer desafío es la economía ilegal, especialmente la minería ilegal. Esta genera distorsiones macroeconómicas, fomenta el crimen y desincentiva la formalización. El problema no se soluciona solo cambiando leyes, sino revisando incentivos, tanto para pequeños como para grandes actores, y facilitando una mayor extracción legal que beneficie a más peruanos.

¿Cómo pueden impactar al Perú las tensiones comerciales globales y la política económica de Estados Unidos bajo la administración de Donald Trump?

El presidente Trump ha tenido un comportamiento errático en política arancelaria, subiendo y bajando aranceles según negociaciones bilaterales. Todo esto responde a un objetivo central, adquirir poder para negociar mejores condiciones para su país.
El principal problema de Trump es interno, el alto costo de vida, la falta de empleo suficiente y el ingreso disponible limitado. En ese contexto, el Perú debe procurar no convertirse en un problema para Estados Unidos.

Estados Unidos es un socio estratégico para el Perú, no solo comercialmente, sino por la gran comunidad de peruanos que vive allá. Además, promueve una visión promercado en la región. Si el Perú es claro en su política antidrogas, combate la ilegalidad y apuesta por una economía abierta y promercado, no debería tener mayores problemas en su relación con Estados Unidos durante los próximos años.

¿Qué factores están limitando la atracción de inversión extranjera en el Perú y cómo podemos mejorar nuestra competitividad frente a otros países de la región?

En términos de riesgo país, el Perú está bien posicionado. El problema no es macroeconómico, sino político e institucional. En los últimos años no hemos tenido un rumbo claro desde el Poder Ejecutivo. Es como un barco que navega sin destino.
La inversión necesita señales claras de que el Perú es pro mercado, que simplifica trámites y que no persigue de manera excesiva a la empresa formal. Hoy se persigue al gran empresario mientras millones de informales operan al margen de la ley.
La informalidad no puede seguir siendo tolerada. El informal utiliza infraestructura y servicios públicos que son financiados por todos. Nuestra estructura tributaria es regresiva, con un IGV alto y una baja base de contribuyentes del impuesto a la renta. Necesitamos formalizar más la economía para sostener el gasto público.

¿Considera que el Estado, a través de instituciones como la SUNAT, está colaborando adecuadamente con la formalización?

El Estado tiene iniciativas, como las del Ministerio de la Producción, pero el problema no es solo de oferta, sino también de demanda. Los trabajadores deben exigir formalidad, beneficios sociales y protección.

Mientras no cambiemos la estructura de ingresos del Estado, seguiremos dependiendo de pocos contribuyentes. Todos los peruanos que generan ingresos deberían declarar y pagar impuestos. La SUNAT es una institución eficaz, pero el cambio debe ser cultural y estructural.


Finalmente, ¿qué reformas considera urgentes para lograr un crecimiento inclusivo y sostenido?

Más allá de las reformas macro, quiero destacar dos instituciones clave. La primera es la familia. El Perú necesita fortalecerla, porque es allí donde se forman los valores, la disciplina y la ética del trabajo. Esto implica políticas de vivienda, tributación y cohesión social.

La segunda institución es la empresa. La empresa ha sido satanizada, pero es fuente de empleo, divisas y bienestar. El mayor servicio que una empresa puede brindar a la sociedad es ofrecer buenos productos y servicios a precios razonables.

Si queremos modernizarnos, debemos liberar a la empresa de barreras burocráticas, tributarias y laborales excesivas, y construir un Estado más ágil, con menos ministerios y mayor eficiencia.

Entrevista disponible en el siguiente enlace: