El movimiento de valorización del oro en esta sesión refleja un entorno de aversión al riesgo que favorece a los activos considerados seguros. La depreciación del dólar, consecuencia de la percepción de que la Reserva Federal podría iniciar un ciclo de flexibilización monetaria durante este semestre, vuelve al metal más atractivo para los inversores internacionales, lo que impulsa su demanda. Además, los conflictos persistentes en Medio Oriente y el agravamiento de las tensiones entre Rusia y los países occidentales continúan alimentando las incertidumbres en el escenario geopolítico global, reforzando la búsqueda de refugio.
La expectativa de que la Fed reduzca las tasas de interés en los próximos meses ha ganado fuerza ante las señales de desaceleración económica en Estados Unidos y la moderación en las lecturas de inflación, lo que contribuye a la caída de los rendimientos de los bonos del Tesoro y sostiene el avance del oro. El desempeño de esta materia prima también está siendo observado de cerca por los inversores institucionales, que evalúan su papel como cobertura en un momento de transición en la política monetaria estadounidense y de creciente inestabilidad internacional. En este contexto, el oro vuelve a consolidarse como un activo clave en las estrategias de diversificación y preservación del capital.
El petróleo cerró la jornada de este lunes con una caída moderada, reflejando un escenario de elevada incertidumbre en cuanto a la demanda global, en medio del endurecimiento de las sanciones contra Rusia y la perspectiva de nuevas tarifas comerciales por parte de Estados Unidos. La Unión Europea aprobó el 18º paquete de sanciones al país euroasiático, que incluye restricciones más amplias a la comercialización de productos refinados rusos a través de intermediarios en terceros países, además de reforzar los topes de precios. Sin embargo, el mercado sigue cuestionando la efectividad práctica de estas medidas, dada la capacidad de Rusia para redirigir sus exportaciones mediante rutas alternativas. Al mismo tiempo, Arabia Saudita incrementó su producción hasta el nivel más alto en casi dos años, lo que, sumado al aumento de la oferta por parte de otros miembros de la OPEP+, refuerza un panorama de relativa abundancia en el lado de la oferta.
En Estados Unidos, aunque el número de plataformas activas cayó al nivel más bajo desde 2021, la producción doméstica se mantiene resiliente, lo que limita el sostén de los precios. A esto se suma la creciente preocupación por una posible desaceleración de la demanda, especialmente ante el riesgo de imposición de aranceles estadounidenses sobre productos de la Unión Europea a partir de agosto, lo que podría frenar el ritmo de la actividad económica global. Por lo tanto, el mercado adopta una postura cautelosa, con los inversores evitando movimientos más agresivos mientras no surjan catalizadores más claros.
Desde una perspectiva técnica, los precios continúan oscilando dentro de un rango estrecho, entre los 64 y 70 dólares por barril, sin una tendencia claramente definida. El WTI, en particular, enfrenta una fuerte resistencia cerca de su media móvil de 200 días, mientras que el soporte técnico se mantiene en la zona de los 66 dólares. En este contexto, la lectura predominante es que los fundamentos siguen presionando negativamente al petróleo, aunque la caída está limitada por la posibilidad de nuevas intervenciones geopolíticas. Hasta que haya una señal más clara sobre la efectividad real de las sanciones o una revisión significativa de las expectativas de crecimiento global, es probable que el mercado permanezca lateralizado, con un sesgo ligeramente bajista.






