Por Christian Velázquez, gerente general de Vermis
Nunca antes la ecología había sido tan popular. Basta con abrir cualquier red social para encontrar miles de publicaciones, tendencias y campañas sobre la importancia de cuidar el planeta. Sin embargo, mientras el «activismo verde» acumula likes y visualizaciones en internet, la tierra real donde se cultivan nuestros alimentos enfrenta una crisis silenciosa. Frente a ello, especialistas hacen un llamado urgente a pasar del «ecologismo de escritorio» a la acción real en los campos del país.
La tendencia digital no se está reflejando en la tierra. Mientras los consumidores urbanos exigen cada vez más sostenibilidad desde sus pantallas, los agricultores chilenos lidian solos con sequías extremas y tierras que han perdido su vitalidad tras décadas de uso de químicos. El ruido en redes sociales no está entregando herramientas concretas a quienes realmente tienen las manos en la tierra.
Según datos del Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN), aproximadamente el 49% del territorio chileno presenta algún nivel de erosión o desgaste. Asimismo, estudios académicos y de la CONAF alertan que cerca del 60% de los suelos productivos de Chile tienen algún grado de degradación. Un hashtag no revierte esta pérdida.
A pesar del gran interés mediático por lo «verde», las cifras oficiales del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y ODEPA indican que la superficie agrícola cultivada y certificada como orgánica en Chile apenas ronda las 20.000 a 25.000 hectáreas (sin contar la recolección silvestre). Esto representa una fracción minúscula frente a los millones de hectáreas de agricultura tradicional que siguen dependiendo de fertilizantes artificiales.
La tierra sana no solo produce alimentos; es uno de los mayores captadores naturales de CO2 del planeta. Sin embargo, la moda digital rara vez se enfoca en la salud invisible de la tierra.
Frente a este escenario, desde Vermis proponemos una transición realista y basada en el trabajo en terreno. La solución no pasa por culpar al agricultor tradicional que usa químicos por necesidad, sino por entregarle alternativas naturales que funcionen de verdad y protejan su bolsillo. Vermis crea abonos ecológicos que actúan como una «transfusión de vida» para la tierra, devolviéndole su capacidad de retener agua y nutrientes sin depender de laboratorios.
Es muy fácil ser ecologista desde un teléfono celular en la ciudad, pero el verdadero desafío está en el campo, ayudando al agricultor a sanar su tierra sin perder su cosecha, señala el equipo directivo de Vermis. El activismo verde de redes sociales ayuda a crear consciencia, pero no está salvando los suelos de Chile. Lo que salva la tierra es ensuciarse las manos, devolverle la biología al suelo y ofrecerle al productor soluciones reales, no solo discursos.




